Rusia 2018

Dos infancias atravesadas por el dolor y la postergación

El croata Modric, con 6 años, vio cómo los rebeldes serbios fusilaban al abuelo y debió huir de la guerra. El francés Kanté, a los 7, recorría París ayudando al padre a recoger basura

Domingo 15 de Julio de 2018

Las carreras de Luka Modric y N'Golo Kanté hoy parecen deslizarse con la suavidad de un paseo en trineo por la nieve. Están a horas de jugar el partido que soñaron cuando desde niños apoyaban la cabeza en la almohada. En cierto modo, Croacia y Francia disputarán la final del mundo por el aporte estelar de ellos. Son el cerebro de sus selecciones. Con estilos antagónicos para el observador de turno, pero cercanos para aquellos que ven más allá de hacia dónde va la pelota, ambos volantes piensan y ejecutan para que un grupo de leales los acompañen con sus movimientos. Dos líderes de puertas para adentro, que plebiscitan su fama en la cancha. Un dato para mensurar el endiosamiento que el hincha croata tiene por Modric. Cuando el pueblo se enteró en pleno Mundial que podría ser condenado a cinco años de prisión por falso testimonio en un juicio en el que declaró contra el ex presidente de la federación Zdravko Mamic, no dudó en manifestarse en contra de la Justicia.

   Kanté, quien es hijo de inmigrantes de Malí, reúne todas las virtudes que necesita un volante central de manual. Está siempre bien ubicado, intercepta con criterio y hace lo más simple y difícil en el fútbol: dársela al compañero que tiene la misma camiseta azul que él para que inicie la jugada. El actual volante de Chelsea es el cuarto jugador que más distancia recorrió durante el Mundial, solamente superado por Modric, Zobnin y Rakitic, quienes suman más minutos en el lomo porque disputaron tres tiempos suplementarios.

   Qué se puede decir de Modric que ya no se haya dicho sobre lo que es capaz en un campo de juego. Aunque suene irrespetuoso, Croacia es él y después vienen los demás. Al fútbol se juega como quiere Modric. Todo lo hace tan religiosamente que hasta cuida la pelota para hacer jugar a su selección con la fe de un devoto.

   Nadie mejor que Kanté y Modric para publicitar una final que a uno de los dos dejará tendido en el piso, hundido en impotencia, y al otro lo elevará al nivel de prócer futbolístico. Pero detrás de este presente de ensueño, hubo dos infancias talladas en el molde de la postergación y el dolor. Aunque ellos, como le mostrarán hoy al mundo en el estadio Luzhniki, aguantarán los golpes de pie y nos les importará que las rodillas les tiemblen. Y eso que motivos no les faltaron. Kanté todavía lleva pegado como una oblea el recuerdo de su niñez. Cuando la mayoría de los niños franceses miraban por televisión aquella selección que se consagró campeona del mundo en 1998, él no corría detrás de una pelota, sino que recorría las calles de París ayudando a su papá a recoger basura. Mientras Didier Deschamps, paradójicamente hoy su guía y entrenador, junto a Zinedine Zidane, David Trezeguet y aquel equipo deslumbraba al mundo alzando por primera vez la Copa del Mundo, Kanté no paraba de trabajar con su padre con apenas siete años.

Un grande de 1,70 metro

La vida lo puso a prueba desde muy chico. Su padre murió cuando él tenía apenas 11 años y más que una infancia vivió una adolescencia. Creció de golpe y a fuerzas de golpes. Ahí fue cuando no le tomaron en serio los deseos de ser futbolista por su baja estatura (mide algo más que 1,70 metro). Entonces como veía que su futuro corría serio riesgo de estar cerca de una pelota de fútbol, decidió realizar un curso contable luego de finalizar los estudios de bachillerato. No necesitó dedicarse a otra cosa porque apenas lo vieron en una prueba los detectores de talentos del club Caen de Francia lo ficharon y construyó una carrera que puede tocar la cúspide si hoy se consagra campeón.

   Modric no creció arriba de un camión de basura como Kanté, pero seguramente hubiera preferido hacerlo antes que escuchar el sonido lacerante de las bombas cuando vivió en carne propia la guerra croata por la Independencia. Tenía 6 años cuando vio con sus propios ojos cómo los rebeldes serbios fusilaban a su abuelo y quemaban la casa familiar. Por entonces, Luka sólo tenía la opción de huir de los bombardeos para sobrevivir. Se escapó con sus padres de Zadar, su ciudad natal, para ser un refugiado más en diferentes hoteles en los que vivió. En estos tiempos de sangre y muerte, a Luka lo entretenían con una pelota para que la realidad lo impactara lo menos posible. Su padre entendía que jugar al fútbol era el escape más sano para despejar la mente de su hijo tras la película de horror que habían visto en los últimos años. Así nació ese amor que hoy tiene Modric con la pelota. Con razón siempre descansa debajo de sus pies y la domina como pocos. Nadie podía predecir hasta donde llegaría ese pibito que llamaba poderosamente la atención de los empleados del hotel en el que se hospedaba con sus padres. Justamente fueron los propios trabajadores los que se contactaron con dirigentes del NK Zagar para que fueran a ver a ese chico que era un talento en bruto. Era imposible que no lo ficharan y a los 16 años, cuando las secuelas de la guerra ya sólo martirizaban sus remembranzas, arregló su incorporación al Dinamo Zagreb. Antes, como si el destino lo tuviera marcado, también como Kanté, tuvo que superar obstáculos en el recorrido. Lo rechazaron en distintos clubes por su pequeño físico. La baja estatura y su contextura delgada no coincidían con el estereotipo europeo. Igual se impuso el talento. Lo buscó Barcelona, pero se lo llevó Tottenham de Inglaterra. Le echó el ojo Real Madrid y la Casa Blanca lo recibió con todos los honores. Hoy es el Johan Cruyff de los merengues y la bandera futbolera de un país que si es necesario saldrá a la calle para defenderlo de lo que lo acusan.


>>> El 10 le calza bárbaro

No es casualidad que a Modric le dieran la camiseta número 10 de Croacia, su juego es típico de los grandes jugadores que la lucen en cualquier equipo. El la defendió en los 6 partidos en Rusia (2 goles) y también en las eliminatorias europeas (10 partidos y 1 gol a Grecia).

>>> A Kanté no lo asusta la 13

Al francés Kanté (27 años, nacido el 29 de marzo de 1971) le dieron el número 13 de camiseta y la hizo titular indiscutida. Jugó los 6 partidos del Mundial y 9 en las eliminatorias europeas. En la Eurocopa 2016 jugó 4 cotejos. Sólo convirtió un gol, en un amistoso contra Rusia en 2016.

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