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César Luis Menotti: "Quiero que gane Central, aunque lo dirija Carlos Bilardo"

El Flaco nunca será un hombre en retirada. Podrá estar dirigiendo o no, pero a los 76 luce igual de omnipotente que en sus años mozos. Eso sí, ya no tiene la inseparable compañía del cigarrillo.

Jueves 15 de Octubre de 2015

El Flaco recibe a Ovación en la oficina que tiene en pleno centro porteño. Sobre el escritorio descansan diarios y revistas de su etapa de jugador de Central y técnico de la selección argentina. También  asoman  fotos y retratos que repasan su trayectoria. A la cabeza de todo sobresale el libro que escribió el periodista rosarino Jorge Brisaboa sobre la vida de Central. Tres horas de charla en las que el técnico campeón del mundo en el 78 nunca recula con las respuestas. Siempre pasa al frente con esas dejos quijostescos que lo transformaron en una pieza de permanente consulta para el fútbol argentino. El temario tiene miles de flancos, pero él empieza por el equipo de Coudet.
  —¿Le gusta cómo juega el Central de Coudet?
  —Me gusta. Contra San Lorenzo el equipo fue víctima de un pésimo arbitraje de Delfino. Llego hasta ahí por qué no quiero herir las susceptibilidades de un árbitro. Pero le permitió a San Lorenzo no competir contra un rival que fue generoso como Central. Tuvo que soportar las picardías de jugadores que se fueron arriba del árbitro y reclamaron todo el tiempo. Buscaron sacar de eje a los jugadores. Me amargó mucho porque Central es el único equipo que quiero que gane y no me importa cómo juega. Quiero que gane aunque lo dirija Bilardo.
  —¿Está definido el campeonato?
  —Y... el partido que había que ganar era contra San Lorenzo. Nos quitaron la chance de jugar una final contra Boca. Ya tenía preparada la camiseta de Central para irme a Rosario.
  —¿Cómo define a Coudet?
  —Es un gran chico, me parece auténtico. Está más loco que yo cuando tenía 20 años. Pero el equipo juega bien y supo transmitirle esa desfachatez que él tenía cuando jugaba. Se nota que hay una conexión y que quiere al equipo y que el equipo lo quiere a él. No es fácil de lograr eso. Cuando ocurre eso uno toma a un equipo como si fuera un hijo. Me pasó cuando dirigí a Central con el Chelito Delgado, Figueroa, el Cata Díaz, Papa, Ferrari, Talamonti, los dos Quinteros (Daniel y Marcelo). Fue como verme a mí con la camiseta de Central. Y al Chacho le pasa lo mismo.
  —Entonces este lo representa.
  —Este equipo tiene todo lo que busco y mucho más cuando juega en el Gigante. En los años anteriores estaba muy costumbrista. No tenía vida. Ahora lo veo más activo, con chicos que juegan con las convicciones de barrio. Este Central tiene mucho de Arroyito, de Rosario, de bar El Cairo.
  —¿Por qué no supo imponerse al planteo que le propuso Newell’s en el Gigante?
  —Hizo todo lo posible, pero era un clásico. Son partidos muy importantes para la ciudad. Y Newell’s lo jugó en una situación de emergencia muy perversa. Se vio que Central quiso jugar y Newell’s no. Igual, lo de Newell’s fue menos tramposo que lo que hizo San Lorenzo contra Central.
  —¿Marco Ruben está para la selección?
  —Para mí hoy es el mejor delantero del fútbol argentino. Está en un momento ideal. Siempre me gustó. Un día le dije a Julio Comparada (ex presidente de Independiente) que si quería salvar al club tenía que comprar a Ruben y Di María. Es un jugador generoso, participativo y el arco lo seduce pero no lo obnubila. Si el arco fuera una mujer hermosa, no se le tira encima. La va conquistando. Ningún equipo del fútbol argentino tiene un delantero de esa categoría. Y sobresale porque Coudet tiene las pelotas bien puestas para cuidarlo y hacerlo crecer.
  —¿Le gustaría volver a Central?
  —Sí, pero para dirigir a un selectivo de pibes. Y disculpen la vanidad, pero sólo un buen entrenador es capaz de hacer un buen futbolista. Hay un tiempo de aprendizaje que es muy importante para que un pibe sepa jugar al fútbol. El 90 por ciento de los futbolistas no saben. No tienen conocimiento del juego ni de los tiempos. No manejan los espacios ni resuelven los lugares de descanso. Me río cuando escucho semejante pelotudeces, como que un jugador sabe jugar de espaldas al arco o que lleva bien la pelota. A esos hay que decirles que la pelota no se lleva, se pasa. Cuando un jugador lleva 20 metros la pelota es porque está jugando como el culo. Hay que enseñarles a los pibes, viejo.
  —¿No sería una presión para el técnico de primera tenerlo a usted abajo?
  —No, porque si yo quiero ir a primera, dirijo primera. No ando con vueltas. Hoy quiero enseñar desde otro lugar, preparando a pibes Sub 18 o 19 para que cuando el club venda a algún jugador yo pueda ayudarlo teniendo al reemplazante preparado. Porque después Central sale a lo loco a comprar 15 jugadores y no juega ninguno.
  —¿Como dirigente no se ve?
  —A los dirigentes actuales no les gusta tener a alguien que confronte todo el tiempo como yo. Se inclinan más por los obsecuentes. A esos que se dejan llevar por las narices con esa sanata de la distribución de la plata y no sé más qué sarta de pelotucedes. Central debe hacerse respetar un poco más y dejar que en la AFA cocinen todo antes.
  _¿Cómo evalúa su paso como DT en el 2002?
  —Algo dejé. Conmigo crecieron el Cata Díaz, Talamonti, Ferrari, Papa, Quinteros, Delgado, Figueroa. Todos fueron vendidos y capitalizaron al club.
  —¿Por qué se fue?
  —Porque fui traicionado por un dirigente que hoy está muerto y que le hizo mucho daño a Central, más allá de que con él el club ganó títulos. Víctor Vesco estuvo 30 años en Central haciendo lo que quiso. Para mí fue un sinvergüenza. Nunca me quiso y yo tampoco lo quise. Acepté ir a Central porque estaba en una situación complicada. Pero como no me quería pidió un mes de licencia y los que me vinieron a buscar fueron los dirigentes que estaban con él y acepté. Estaban Chumpy Sauan, a quien le guardo mucho respeto, Ricardo Ferguson, Juan Carlos Campagna y Néstor Mascó. De ellos no puedo decir nada. Cuando el equipo empezó a ganar ahí apareció el hombre de las cavernas. Todo terminó de la peor manera y me echaron. Yo no me quería ir, pero apareció Vesco y me echó. Lo peor que me pasó fue que viniera a chuparme las medias: "Por fin volvimos a tenerte, César”, me dijo. Todo mentira. No me quería.
  —Al hincha le molestó que dijera que Central era su casa y después le reclamó una deuda.
  —Cuando me fui, en Rosario inventaron una infamia tras otra. El hincha sabe que Central es mi casa. Yo fui a Rosario  para quedarme a vivir y me ensuciaron. Fue obra de Pablo Scarabino (también fallecido), otro de los dirigentes que le hizo muy mal a Central. Yo nunca me hubiera ido del club si no me echaban. Cuando reclamé la deuda, la gente no sabe que Scarabino me mandó a Buenos Aires a una chica de la Afip para que me investigara. La mujer no sabía qué decirme. Me dijo que tenía un departamento en la calle Azcuénaga que no lo había declarado y le dije que si ella demostraba eso yo le cambiaba el departamento por la cartera que traía. No lo pudo demostrar. Si Scarabino no me mandaba a la Afip, no reclamaba nada. Hubiera arreglado.
  —¿Ahora cómo ve al club?
  —No estoy tan al tanto. Antes todas las semanas tomaba café con el querido Negro Fontanarrosa y me enteraba de todo. A esta dirigencia no la conozco, ya no voy tan seguido a Rosario. Veo que la gente va feliz a la cancha por lo que le contagian estos jugadores. Central no puede jugar como el culo. No puede ganar de cualquier manera. Cuando la gente canta La Academia, La Academia.. . Eso no es casualidad. Ese canto tiene un sentido. Lo que no puede perder Central es el honor y la hidalguía.
  — ¿Por qué el Chelito Delgado todavía no entró en sintonía?
  —Cuando lo veas decile que yo dije que tiene que volver a ponerse la primera camiseta de Central y que se olvide de la de ahora. Es una deuda de honor que tiene de ponerse la primera camiseta. Es un gran pibe. Pero cuando uno llega a cierta edad y lo critican no le gusta. Piensa que ya hizo todo.
  —¿No lo ve con más ganas de jugar?
  —No, no. Veo que ya no se plantea el mismo desafío en la adversidad. Cuando uno es joven y juega mal, no te importa que te critiquen. Cuando llegás a cierta edad y jugás mal, y las miradas están puestas en uno, decís: “Viejo, jugué mal un partido. Qué, ¿no puedo jugar mal yo?”. Sí, jugaste mal un partido y tenés que romperte el culo para jugar mejor el otro. Cuando lo veas, además de decirle que lo quiero mucho, decile que busque una camiseta vieja y se ponga esa. Le cambiará la suerte. Yo lo hice una vez en la cancha de Boca y salí en la tapa de la revista El Gráfico. Jugué para Boca, pero abajo tenía la camiseta de Central, y metí un golazo de volea de zurda desde afuera del área. Cuando uno se va de Central siempre debe tener la camiseta con la que jugó por primera vez en el club. Siempre me las llevé en los partidos más chivos como técnico. El día que le ganamos a Newell's y cortamos la racha de más de 20 años en el Parque Independencia, me fui con la camiseta de Central abajo. Las camisetas que tengo de los jugadores que dirigí se las regalé a mi nieto, menos la de Central. Esa se la llevará cuando yo me muera.
  —¿Hay puntos de contacto entre este equipo de Coudet con el que dirigió con Figueroa, Delgado, el Cata Díaz y otros chicos del club?
  —Los dos demostraron mucha decisión para jugar y no claudicar en la búsqueda. Ojalá lo puedan mantener a este equipo. Ahí está el sostenimiento que digo de apostar por un selectivo Sub 20 o 18, que juegue contra la primera para que los pibes vayan sabiendo lo que es convivir con la presión de entrar a esa cancha. Mirá que hay que ser pelotudo para irte al descenso con Central en el Gigante.
  —Lo meto en la selección argentina, ¿se le puede complicar el camino en las eliminatorias?
  —Sí, claro. No lo digo por Martino ni por los futbolistas. Nunca vi a una selección tan dependiente del azar. Los jugadores se toman un avión y juegan a los dos días con un entrenamiento encima. Así es muy difícil tener sueños de gran equipo. ¿Cuánto puede ensayar Martino? No me vengan con eso de que tenemos todas estrellas y que no necesitan horas de entrenamientos. Para formar una gran selección necesitás tiempo. Como lo tuvieron Alemania y Chile, las mejores en la actualidad.
  —¿Martino era el ideal para este momento?
  —Hizo méritos, dirigió muy bien a Newell's y además no quedó afuera un gran competidor como para decir: “¿Cómo no eligieron a este?” Si quedaba afuera Guardiola, te diría que no estuvo bien elegido. Martino es joven y está en el momento justo de su carrera. Está sufriendo lo que sufrimos todos en ese lugar: un día tenés viento a favor y en otros en contra. Lo que no me gusta es que le dé tantas explicaciones a la prensa en las conferencias. No me gusta que les explique a los que no entienden nada de fútbol porque después eso lo usan en su contra. Le aconsejaría que no lo haga más. Esas conferencias con 80 tipos que no te escuchan no sirven. Otra cosa es realizar una entrevista como la que estamos haciendo ahora, mano a mano, con la posibilidad de discrepar.
  —¿Qué selección le gustó más: la que perdió la final del Mundial o la de la Copa América?
  —Los mejores partidos los jugó la selección de la Copa América. Contra Colombia jugó bien, la semifinal contra Paraguay también, pero en la final no tanto. Perdimos contra un gran equipo como Chile. En cambio, en el Mundial si no estaba Messi no pasábamos la primera ronda. Si Mascherano no llegaba al cruce con Robben estábamos afuera.
  —¿Le pareció despiadada la crítica hacia Messi tras perder contra Chile?
  —La cantidad de pelotudeces que dijeron luego de esa final. No pierdo ni un minuto en escucharlas. La final se perdió contra una gran selección como Chile. Si saco a Messi y pongo a los diez argentinos contra los diez chilenos, no tenemos mejores que ellos. Chile logró este funcionamiento a lo largo de los años, con un proyecto serio y además tiene un muy buen entrenador como Sampaoli. Es un chico serio, que no anda con boludeces. No perdimos contra Irak o una selección de mierda.
  —¿Ve similitudes entre Messi y Maradona?
  —En los últimos veinte metros son parecidos. Diego tenía una formación más de potrero, con más liderazgo. Messi es más correcto porque se formó en otra sociedad. Igual es vivo, hace goles que sólo hizo Diego.
  —¿Por qué se los compara?
  —Son diez boludos los que quieren hacerse los originales y no entienden nada. Este país está infectado de boludos. Son como las hormigas. No podés exterminarlos.
  —¿Le hace mal a Messi esa comparación?
  —En qué lo puede afectar si el pibe ganó cuatro Balón de Oro. Hizo todo. Un equipo no gana por un jugador, sea Messi o Maradona. El fútbol no es de un jugador solo, es de un  equipo. Messi te da un salto de calidad que no tiene ninguna selección, pero hay que ayudarlo. Y Argentina a veces lo ayuda y en otras no. En cambio si Messi jugara para Alemania sería imposible. El pibe te gana el partido en un minuto. Parece desconectado o aburrido, pero la agarra y chau. Se termina todo.

Las chances de River en Japón. "Si no juega Messi, River tiene muchas chances de ganarle a este Barcelona en Japón. Pero si juega ya es más complicado porque ahí depende de cómo está el pibe. Es un partido y hay que jugarlo, pero este Barcelona de Luis Enrique pierde contra cualquiera. Ahora si era contra el Barcelona de Guardiola, ahí sí River no tenía ninguna chance de ganarle".

Bernardi y los nuevos DT. “Es esperanzadora esta nueva camada de técnicos jóvenes. Me gustan Gallardo, Bernardi, Coudet, Cocca, Arruabarrena y Pellegrino. Bernardi muestra buenas intenciones y se nota que quiere superarse. No me gustó lo que dijo el Vasco, que si no sale campeón se va. Porque después cuando los dirigentes te echan no podés decir que no te dieron tiempo".

Guardiola, el mejor de todos. "Pep es el mejor entrenador de los últimos 30 años. Sólo él puede hacer jugar a Bayern Munich cómo juega. Es una obra maestra. ¡Hay que hacerlos jugar así a los alemanes! Hay que tener unas convicciones tremendas para someter al rival el tiempo que quieran, achican hasta la mitad de cancha, juegan mano a mano. Un verdadero espectáculo”.


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