(Montevideo, enviado especial).- Imposible hablar de conclusiones terminantes, de conformismo o disconformismo después de un primer partido de pretemporada, porque este tipo de encuentros se trata ni más ni menos que de lograr que el fútbol comience a amigarse con el equipo, que los movimientos sean los que el entrenador pretende, que la pelota se amigue lo más rápido posible con los pies de los futbolistas. Pero Central tuvo ya su primera experiencia después de un año que atesorará en la memoria por décadas. Es que este amistoso ante Liverpool fue el primero del año después de la consagración. Es cierto, al toque de aquel loco festejo en el Madre de Ciudades contra Platense, llegó el Trofeo de Campeones con River, en el que se quedó con las manos vacías, pero este de Uruguay fue el primero de un nuevo ciclo, de un proceso que, claramente, está en plena formación y mientras los minutos se acumulen, todo sirve. Fue empate 1-1 en los 90 y festejo en la definición por penales (7-6).
Se trató del primer paso, pero para Russo algo de valor seguramente tendrá, como también para los futbolistas a los que les tocó a salir a pista en este partido de arranque de año. Aquí hubo oportunidad para algunos que ya en el segundo encuentro (el martes ante Colo Colo) posiblemente descansen. Es que todo forma parte de un trabajo a conciencia de parte del cuerpo técnico para que el inicio de la Copa de la Liga, el primer gran desafío en otros tantos que tendrá el canalla en este 2024, sea de la mejor manera posible, lo más acorde a ese 2023 de ensueño que vivió Arroyito.
Y este arranque como campeón pudo palparse también en lo que fue el apoyo de esos más de 200 atrevidos que cruzaron el charco como agradecimiento a lo que este plantel les hizo vivir hace unos pocos días. Además de analizar los 90 minutos, Russo también hizo referencia a ellos, a los que, una vez más, les agradeció. Es que de eso también se trata este inicio de año para Central, de no olvidar lo vivido, más allá de que lo que se viene es una nueva historia.
El verdadero valor de estos primeros 90 minutos tuvieron que ver en la táctica del entrenador de pendular entre los que venían jugando y los que no, en la posibilidad que le da este tipo de partidos de mantener el nivel de expectativa en todos.
Si hasta se dio el lujo de poner en cancha a un chico que tuvo sus primeros minutos en primera como Elías Ocampo y a dos de los tres futbolistas que llegaron como refuerzos: Mauricio Martínez y Franco Ibarra. A Agustín Bravo seguramente le llegará la chance el martes, en el Centenario, contra Colo Colo.
Del partido hay poco que decir e incluso poco por analizar, amén de que el entrenador habrá obtenido parámetros para el análisis. Quedó ese primer tiempo en el que el equipo logró imponer condiciones y fue el dueño del partido, con algunas situaciones lo suficientemente claras como para lograr algún gol más de ventaja y el quedo en el segundo, en el que quedó preso de algunas limitaciones que lo condenaron al empate.
A este equipo le faltan todavía algunos refuerzos y la resolución del tema Campaz, por quien Russo ya pareció modificar su discurso hacia un costado más crítico, pero sobre todo la reestructuración de un plantel que deberá mantener su formato y, por supuesto, fortalecerlo, porque lo que se le viene es demasiado importante como para conformarse con lo hecho.
Estuvo bien para empezar porque fueron recién los primeros minutos del año y de un equipo que, en referencia al campeón de la Copa de la Liga, tuvo mayoría de suplentes.
Esto será así en esta estadía en Uruguay: rotación, pruebas y búsqueda del ideal. No habrá mucho tiempo hasta el punto de partida en el semestre, pero este Central tiene el plus de que lo arrancará como campeón. El sólo hecho de que la máquina se haya puesto en movimiento ya es importante. Y encima fue con una sonrisa por la complicidad de los penales.