Para ver una y otra vez. Un gol que no suele fabricarse en la industria nacional. Tomás O’Connor fue el autor material de una jugada de play station que inició Facundo Mallo y prosiguió con Agustín Sández y también con Jaminton Campaz en el Gigante de Arroyito. El colombiano edificó instantáneamente con el juvenil una acción a todo ritmo que terminó en un golazo del volante polifuncional ante la impotente mirada de los jugadores de Instituto, quienes se vieron superados en velocidad y creatividad por el pibe de Central. Golazo y candidatura para llevarse el premio al mejor de la 10ª fecha.
El partido era más chato que entretenido. Los dos equipos mostraban un repertorio particular. Pero en un flash se activó el fútbol centralista y todo fue un carnaval en las pobladas y coloridas tribunas del renovado Gigante de Arroyito.
Lo de O’Connor fue tremendo. Clavó un terrible golazo. De esos que perduran por el tiempo y quedan grabados en la memoria selectiva de los hinchas. El juvenil tuvo una noche redonda como ese chiche que es un imán para casi toda la humanidad y no conoce fronteras, une razas y religiones, y genera que se abracen hasta los desconocidos como si fuesen mejores amigos.
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El volante que llegó desde Adiur y tuvo que modificar el convenio en julio pasado porque antes de las últimas elecciones sorpresivamente fijaron una cláusula contractual que perjudicaba al club, fue la figura contra Instituto. Se mostró siempre con ganas de comerse la cancha. Se basó y apoyó en todo momento en su riqueza técnica y orden táctico.
La noche de este sábado parecía desplomarse en la intrascendencia. Ambos conjuntos parecían jugar a no perder. A la Gloria le servía pegarse la vuelta a Córdoba con un punto porque además le servía para conservar el liderazgo junto a Independiente y River, que empataron 1 a 1 en Avellaneda. Mientras que a los auriazules la única receta que le resultaba positiva era la del triunfo.
El canalla necesitaba ganar no solo para dejar atrás dos derrotas en serie sino además para seguir manteniendo la ilusión de meterse en los playoffs. Y ganó. Lo hizo con una estupenda definición que nació bien de abajo. Facundo Mallo metió un cambio de frente largo con precisión de cirujano. Agustín Sández la paró de pecho y jugó rápido la bocha con Tomás O’Connor y el pibe tocó de una para Jaminton Campaz.
El colombiano no vaciló y de manera espontánea fabricó una pared con O’Connor. Tomá, vos; dámela a mi pareció ser el hit entre los volantes antes de que Tomás comenzara a filtrarse y apilar rivales con naturalidad y mucha exactitud.
Y cuando vio el horizonte no dudó y a los 51 minutos sacó un potente misil que detonó la red de Instituto sin piedad. Golazo del pibe que juega con la 30 en la espalda pero es 10 por naturaleza. Todo el Gigante explotó de felicidad al mismo tiempo que el mediocampista corría como en el potrero festejando con una amplia sonrisa.
Si bien se fue lesionado a los 79’, lo cierto es que nada le nubló la noche maravillosa que tuvo. No solo por esa jugada de play station que lo tuvo de protagonista, sino además porque con su juego le puso mucho brillo a la festiva luna en el Gigante.