Cuando se acerca el fin de año, el común de la gente pretende entrar en vacaciones cuanto antes, pero eso no corre para el plantel y cuerpo técnico de Central, que marchan con la felicidad de saber que todavía tienen trabajo por delante. Y vaya trabajo. Es más, anhelan que las jornadas laborales se extiendan por un tiempo más, lo que implicaría alimentar el sueño de campeonato. Al canalla el año se le pudo haber terminado el pasado domingo, en cancha de Arsenal, pero el triunfo que metió en Sarandí (lo ayudó la derrota de Independiente a manos de Talleres) hizo que además de asegurarse un lugar en la fase de grupos de la próxima edición de la Copa Libertadores se calzara el traje de aspirante al título en la Copa de la Liga. Porque, complejidades al margen, Central está a tres partidos de la consagración. Es mucho, pero no lo suficiente como para impedirle soñar con que dentro de algunos pocos días en Arroyito se pueda pronunciar a viva voz la palabra “campeón”. Pero esto es paso a paso y lo primero e indispensable que tiene que hacer este equipo de Miguel Ángel Russo es sortear el primer gran escollo: Racing. Desde las 21.30, en esta cautivante Salta, el canalla irá por ese primer paso de los tres que tiene por delante. Serán 90 minutos a todo o nada, en los que de haber igualdad todo se definirá por la vía de los penales.
A esta altura, independientemente de lo que ocurra esta noche ante Racing, Central comienza a disfrutar del premio que tuvo después de un gran año futbolístico. Es cierto, la clasificación a la Libertadores ya es algo demasiado importante, pero nadie en Arroyito tiene pensado bajarse de ese tren de emociones que implica pelear por un título.
Lo que se vive en Central hoy es lo más parecido a aquellos días (o meses) locos que se transitaron en 2018, cuando al mando del Patón Bauza el equipo peleaba por la Copa Argentina. Cinco años después, pandemia de por medio y años de poca monta desde lo futbolístico, en Central se vuelve sentir ese cosquilleo que causa nervios, pero que no sólo no molesta, sino que genera una sensación de absoluto placer.
Es un premio para un plantel que por momentos jugó bien, que en otros le costó, pero que siempre tuvo la capacidad de reinventarse como equipo. Es un premio, por supuesto, para un Russo que desde su experiencia y sabiduría mantuvo siempre en movimiento una maquinaria futbolística que nunca llegó a descarrilar.
Allá lejos en el tiempo, cuando tras la derrota contra Gimnasia el equipo había quedado penúltimo en la zona A (apenas dos puntos por encima del colista Arsenal), muy pocos imaginaron una remontada como la que protagonizó. Pero llegó el zapatazo de Malcorra de tiro libre, el triunfo en el clásico, y de ahí en más una arremetida increíble.
Porque como bien dijo Russo tras la victoria en cancha de Arsenal, el equipo nunca estuvo entre los cuatro primeros de la zona, pero en este caso Central desafió esa vieja frase de que “la primera impresión es la que cuenta”. Acá fue todo lo contrario. Fue la última la que tuvo el verdadero valor.
La buena campaña le fue dando a Central la posibilidad de estrechar lazos con la tranquilidad, que fue fundamental para los jugadores, para Russo y sus colaboradores, pero también para la nueva dirigencia, que sin dudas algo de injerencia tiene en este presente.
Central tuvo los planetas más o menos alineados durante el año, pero necesita que ninguno se le salga de órbita en esta recta final de la Copa de la Liga. Y ahí todo dependerá de la capacidad que pueda mostrar el equipo a la hora de asumir tamaña responsabilidad. Ni siquiera cuenta para esta ocasión el recuerdo de la diferencia en cuanto a productividad como local y visitante porque será en condición de neutral, aunque, quedó más que claro, al canalla nada le resultó más fácil este año que jugar en el Gigante de Arroyito.
Pero todas las conjeturas que se puedan hacer en la previa morirán en el momento en que ruede la pelota. Y eso es lo que ocupa a Central en estos días, que la pelota le sigue rodando y que está frente a una chance inmejorable de meterle un galardón más a su historia. No es fácil el camino que le toca transitar porque ahora es Racing, pero después podría ser River. Igual, es contraproducente la mirada forzada más allá de lo que la vista permite. Este equipo de Russo llegó a Salta en busca de un pasito más que lo acerque a la gloria y sabe que depende de sí mismo para lograr que el año se extienda, que continúen los entrenamientos y los partidos. Nada de vacaciones por ahora. El descanso en algún momento llegará y el objetivo es claro: que ese reposo sea en medio de la felicidad de un título.
Formaciones
Racing: G. Arias; F. Mura, L. Sigali, N. Colombo o Gonzalo Piovi y Gabriel Rojas; Juan Nardoni y Aníbal Moreno; Juan Fernando Quintero, Baltasar Rodríguez y Agustín Ojeda; y Gabriel Hauche o Maximiliano Romero.
DT: S. Grazzini y E. Videla 4-2-3-1
Central: Jorge Broun; Damián Martínez, Facundo Mallo, Carlos Quintana y Agustín Sández; Kevin Ortiz y Agustín Toledo; Tomás O’Connor, Ignacio Malcorra y Jaminton Campaz; Luca Martínez Dupuy.
DT: Miguel Angel Russo 4-2-3-1
Estadio: Padre Martearena (Salta) / Arbitro: Fernando Rapallini / Hora: 21.30 / TV: ESPN Premium/TNT Sports