Una vez más Central se las ingenió para salir del pozo. Lejos de tratarse de una situación terminal desde lo futbolístico, el canalla atravesaba momentos complejos, de alta tensión y no es que a partir de ayer es todo color de rosas, pero nada mejor que en situaciones donde todo es confuso meter un golpe de timón como el que metió. Porque fue triunfo, pero no uno más; fue una goleada, pero no una más. Fueron tres puntos de una rehabilitación que se buscaba como un vaso de agua en el desierto. Se puede hacer mención, y con justa razón, a que la victoria de ayer lo sacó de esa desesperanzadora imagen de verse último en la tabla, pero la verdadera implicancia de este triunfo hay que buscarla en la descompresión que se generó a nivel deportivo y también institucional. Porque las desavenencias entre plantel y comisión directiva (esencialmente con Ricardo Carloni) existen y las mismas van a seguir latiendo hasta que las partes decidan pisarlas de manera definitiva, pero la bocanada de oxígeno que se logró es inconmensurable. Una victoria, con goleada incluida, para calmar ánimos.



























