La realidad numérica y posicional exhibe con total nitidez el presente de Central. Las crisis son consecuencias de los desaciertos cometidos. El fútbol es inapelable en ese sentido. Nada es casualidad. Los canallas cometieron errores inconcebibles desde un tiempo a esta parte en cuanto a su política deportiva. Y es ahí donde radica la razón de lo que se observa en cancha. Porque ni siquiera enfrentando a un rival de menor cuantía y con un contexto más complicado, el equipo auriazul pudo reencontrarse con la urgida victoria.
Es cierto que le puso mucha actitud en el complemento para quedarse con los puntos, pero le faltó lo más indispensable: el juego. Y así el cero terminó de configurar el desarrollo de un partido mediocre como los equipos que lo protagonizaron.
Central sigue sin ganar. Y sin jugar. Paulo Ferrari ensayó algunas variantes pero fue todo más de lo mismo. Y la saga de complicaciones continúa.
Central y Belgrano arrancaron un partido tenso, con la determinación de hacerse del control de la pelota en la zona de volantes para así manejar los tiempos del juego. Si bien en los primeros minutos no lograban su propósito, era Ortigoza quien aparecía con mayor frecuencia en el intento de elaborar y asistir. Pero no.
Belgrano no obstante se sustentaba en el orden para tratar de llegar al arco canalla, con el ingenio de Brunetta y la velocidad de Cuero.
Pero ninguno de los dos equipos inquietaba a los arqueros rivales.Hasta que a los 16' Rigamonti le tapó un zapatazo a Gil.
Sin claridad ni certeza, el trámite de la confrontación se fue haciendo anodino. Todo muy previsible. Sin atractivo ni emoción.






























