Entrar en el campo minado de las conjeturas para analizar la performance de
Central ante Atlético de Rafaela podría derivar en un dejo de nostalgia. Porque esta vez actuó como
un gran desconocedor de la administración Alfaro y con tremenda ceguera acerca de la política
futbolística que deberá pregonar en muy corto plazo. No supo plantar la bandera del progreso pese a
estar en su Arroyito y universal Gigante. Al contrario, terminó desempolvando y sacándole lustre al
símbolo de la anarquía con total impunidad. Ya sea desde lo táctico como lo técnico. Y, si bien
apenas rasguñó un empate sobre el final merced a un penal inexistente, la realidad es que esta
versión dista mucho de ser aquella que venía derecho en los anteriores cuatro amistosos. Sin dudas,
toda una señal de alerta, ya que el Clausura cobrará vida en apenas un par de días. Y el canalla
denota algunos síntomas que tienden a entorpecer más a su espinado y largo peregrinar.
La nueva medida para ver dónde está parado reflejó un
retroceso en su andar. Central brindó una bipolaridad abismal entre lo que había expuesto el
miércoles pasado en la victoria ante Tiro Federal y lo que plasmó ayer a la mañana ante La Crema
(salió a las 4 de mañana de su natal Rafaela para afrontar este desafío). Tan es así que en esta
oportunidad sus componentes auriazules no se adhirieron a la fórmula que pretendió su mentor
Gustavo Alfaro.
Porque más allá de que interactuaron los mismos
protagonistas, ya que el núcleo central es que se vayan fogueando entre sí para visitar a
Estudiantes el sábado con otro semblante, lo que se destacó fueron las fisuras que exhibió en cada
rincón de la cancha. Y, a esta altura, este elenco no puede darse esa indebida licencia para
naufragar en la intermitencia o transitar en el anonimato total.
Esta vez la idea fue jugar 80 minutos, en dos tiempo de
40’ cada uno, para ir aclimatándose a lo que vendrá en cuestión de días. Central se la bancó
desde el punto de vista físico. Pero desbarrancó desde la puesta en escena. Timorato e inofensivo,
además de impreciso.
La primera parte ofreció dos llegadas por banda. Aunque las
más destacadas fueron de Atlético de Rafaela, que inclusive se fue al descanso metiéndole un
cachetazo al dueño casa. La jugada la protagonizó Jonatan López y la capitalizó Santiago Malano,
quien antes de vulnerar a Broun aprovechó la duda que ofreció Ribonetto a la hora de cerrarlo. La
más clara para el canalla fue obra de Equi González, quien casi convierte de emboquillada. Más allá
de esa acción, la labor fue magra.
El complemento mostró a un anfitrión con ímpetu de revertir
el cuadro de situación, que venía siendo adverso. Pero chocaba en el intento porque sus
ejecutadores estaban desenchufados, pese a tener la anuencia del entrenador. Si bien Choy González
estampó un remate en el palo derecho de un inactivo Capogrosso, la realidad es que Central no
generaba volumen de juego ni amagaba con hacerlo porque sus muchachos parecían estar en otra.
El final estaba en puerta y, más allá de que se trataba de
un simple amistoso, la derrota era el común denominador. Pero en una fugaz acción de riesgo, el
juez Lechener sancionó un penal sobre Choy González que sólo él observó. Y el Equi agradeció esa
injusta pena con un toque suave.
Se cerró el ciclo de amistosos. Central jugó cinco, ganó cuatro y empató el
último. Pero si la imagen del final es la que cuenta, entonces Alfaro tendrá más trabajo de la
previsto esta semana para buscar el equilibrio para al menos jugarle de igual a igual a
Estudiantes, el próximo sábado en La Plata.