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Central apuesta a meter un pleno

Tras la caída en Chile, el partido con San Lorenzo adquiere gran importancia de cara al futuro.

Viernes 15 de Marzo de 2019

Tras la caída en Chile por Copa Libertadores, el partido del domingo contra San Lorenzo adquiere una importancia suprema de cara al futuro Hay partidos que no pasan desapercibidos. Hay resultados que suelen marcar un antes o un después, o en algunas ocasiones significar un punto de inflexión. Hace tiempo que Central vive un período tormentoso, en el que las malas presentaciones, pero sobre todo un mal resultado, agravan el cuadro de situación.

La derrota en Chile frente a Universidad Católica no fue una más. Quizá pueda ser tomada como una mancha más de las tantas que arrastra el canalla incluso desde la época del Patón Bauza, pero tuvo un sello distintivo justamente por las formas que lo envolvieron.

Porque una cosa hubiera sido que terminara 1 a 0, como lógica consecuencia de un mal funcionamiento, y otra muy distinta de la forma en que se dio, habiendo logrado el empate en el segundo minuto del adicional y perdiéndolo 120 segundo después. Para el momento del equipo fue un mazazo demasiado fuerte y nadie puede dudar de que pueda establecer un escenario de mayor complejidad. ¿Qué significa esto? Que el partido del domingo frente a San Lorenzo, por la Superliga, haya adquirido automáticamente una importancia suprema.

La primera reflexión que se debe hacer es que Central dejó pasar una chance inmejorable de acomodarse en el grupo H de la Copa Libertadores. No se está hablando de que hubiese encaminado a una posible clasificación ni nada que se le parezca, pero sí hubiera dejado a Universidad Católica en una situación realmente incómoda, con dos partidos por delante contra Gremio y un viaje al Gigante de Arroyito.

Eso visto exclusivamente desde un costado deportivo y de aspiraciones en el torneo internacional por excelencia en América. Una nimiedad si se quiere en relación a la implicancia que tuvo la caída en sí respecto al futuro.

En situaciones como estas las especulaciones viajan a la velocidad de la luz y en el mundo del fútbol nada puede extrañar ni nadie debiera sorprenderse. Cuando se hace referencia a la importancia que tendrá el choque contra el Ciclón tiene que ver con que de acuerdo al resultado se pueda tomar alguna decisión drástica de parte de la dirigencia. Tal vez no en lo inmediato, pero sí para el futuro inmediato.

Ferrari lleva apenas cinco partidos al frente del plantel, en los cuales debió afrontar tres competencias diferentes (copa Argentina, Superliga y Copa Libertadores), con ambiciones similares en algunos casos, pero disímiles en otros. El punto de conexión es que en ninguno de ellos el equipo pudo lograr la victoria que se le viene negando desde noviembre del año pasado, cuando venció a San Martín de San Juan por el torneo local. Ese es el verdadero karma del canalla y lo que lo expone a una situación de riesgo permanente, caminando por una cornisa cada vez más fina.

Es antipático en situaciones de este estilo hablar de puntos de quiebre. En condiciones normales el Loncho Ferrari debiera tener su tiempo para trabajar, pulir la idea contar con la posibilidad de demostrar que el cargo en el que fue nombrado no le queda grande, que sólo es cuestión de tiempo. El entorno es lo que jugará un papel preponderante. El entorno que envuelve incluso a los dirigentes. Hoy la cuestión pasa por saber qué grado de tolerancia podría haber en caso del peor escenario (léase una nueva derrota).

La forma en la que se intentarán alinear los planetas en el seno de la comisión directiva también será fundamental, y de ello mucho dependerá lo que se proyecte a futuro. Sería lógico que haya quienes piensen de una forma y otros de otra. Lo que se intentará buscar es el consenso. Pero siempre las decisiones estarán atravesadas por el resultado en un caso en particular y las formas en otro. Pasando en limpio: es difícil creer que una nueva derrota no amerite un análisis más agudo, con posibles decisiones en lo inmediato, y que un empate haga poner bajo la lupa esas formas anteriormente mencionadas.

Lo que no logró Bauza en su momento y hasta aquí a Ferrari le costó mucho que Central eleve el nivel de juego, que se transforme, cuanto menos, en un equipo competitivo, que pueda ganar, empatar o perder, pero llevando a cabo un libreto más o menos definido. La ausencia de esa versión de equipo aguerrido es lo que pone al canalla hoy entre la espada y la pared.

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