No habría que hacer sangre con la crítica por el empate 1-1 que sufrió la selección argentina en el debut mundialista ante Islandia. Es cierto que el mundo asistió a otra frustrante producción del equipo de Jorge Sampaoli y cuando ocurre eso es porque Lionel Messi estuvo en el limbo. Tuvo una actuación terrenal. De esas que regala de tanto en tanto en su carrera, pero con más frecuencia en la selección cuando juega en los mundiales. Tampoco hay derecho al pataleo porque el propio técnico avisó que esta selección sólo puede funcionar cuando Messi está inspirado. Entonces la asociación es lógica. Al astro rosarino hasta le atajaron un penal y, como consecuencia, la selección jugó pésimo. Se dio en un contexto que invita a estar atentos. Porque Argentina arrancó el Mundial reforzando la sensación con la que vino, que no llegará muy lejos en Rusia.



























