Opinión

Urquiza y el otro 1º de Mayo

La verdadera historia. La razón por la cual una calle rosarina fue bautizada con el nombre del Día de los Trabajadores no es la que se cree.

Lunes 30 de Abril de 2018

Se conoce como "pronunciamiento de Urquiza" el documento firmado por el entonces gobernador de la provincia de Entre Ríos, hecho público el 1º de mayo de 1851, mediante el cual dicho Estado aceptaba la renuncia presentada por Juan Manuel de Rosas al manejo de las relaciones exteriores de las provincias, reasumiendo su plena soberanía para entenderse con el resto de las naciones.

Para comprender el paso dado por el caudillo entrerriano como primer peldaño hacia el derrocamiento de Rosas debe mirarse el cuadro de situación general. Uruguay estaba dividido en dos por su guerra civil: Montevideo se había convertido en la base de operaciones de ingleses y franceses contra la Confederación Argentina, con el apoyo explícito de los emigrados unitarios. En tanto que el resto del territorio oriental reconocía a Manuel Oribe como legítimo presidente constitucional, quien además de la adhesión de la mayoría del pueblo oriental, era apoyado de este lado del estuario, por Rosas y los federales.

En ese contexto, signado por la existencia de un puerto, el de Montevideo, en donde los unitarios exiliados conspiraban diariamente contra la Confederación con el apoyo explícito de ingleses y franceses interesados desde hacía años en forzar la apertura de los ríos interiores a sus buques mercantes, Rosas endureció hacia 1850 la prohibición de comerciar con dicho puerto, lo que afectaba significativamente la exportación ―sólo a Montevideo― de carnes, cueros y finalmente oro metálico.

Acá es donde adquiere protagonismo Urquiza, o mejor dicho, sus intereses económicos, toda vez que era ya por entonces el estanciero más importante de la Mesopotamia y como tal, uno de sus principales clientes era la capital de la República Oriental del Uruguay. El historiador Vicente Sierra nos explica que "… el gobierno de Buenos Aires sabía perfectamente que en las maniobras especulativas del comercio entrerriano el más interesado era Urquiza. Contaba para ello con una organización comercial representada en Buenos Aires por el catalán Esteban Rams y Rubert, encargado de vender lo importado y comprar oro, y con otro representante en Montevideo, Antonio Cuyás y Sampere, encargado de adquirir mercaderías extranjeras y vender el oro adquirido en Buenos Aires, además de la carne que Urquiza enviaba desde su provincia."

El detalle de los negocios no siempre transparentes de Urquiza; piénsese que se pudo constatar que cueros y carnes provenientes de sus estancias llegaron a alimentar y pertrechar tropas francesas e inglesas mientras la Confederación se hallaba en guerra con esos países, se conocieron, precisamente por las memorias de uno de sus agentes comerciales, Antonio Cuyás y Sampere, a quien además le tocó representar al entrerriano en algo más que negocios especulativos, como se verá. Este detalle permite colegir que las fuentes son, en torno a este punto, irrefutables.

A este panorama se suma la vieja inquina que el Imperio del Brasil guardaba hacia la Confederación: la humillación del triunfo de Ituzaingó seguía vigente, al igual que sus apetencias por llevar la frontera sur hasta el Plata, a lo que se agregaba que para un país esclavista como el Brasil de mediados del siglo XIX, la huida masiva de esclavos hacia la Argentina, lugar en el que con solo pisar su suelo conseguían la anhelada libertad, había dejado de ser un tema menor.

Alguien podría poner en entredicho que la caída de Rosas al frente de la Confederación Argentina fuese, hacia 1851, una prioridad en la política exterior del Imperio del Brasil, toda vez que más allá de los elementos señalados precedentemente, en realidad la guerra contra Rosas había sido llevada a cabo por las dos principales potencias económico-militares del momento: Inglaterra y Francia. ¿Por qué motivo habría de cambiar nuestro vecino del Norte su aparente neutralidad ante dicha contienda?

Pues bien, el motivo fue puesto sobre el papel por el propio canciller brasileño, Paulino José Soares de Souza, quien al redactar la Memoria del Ministerio por él presidido correspondiente a 1851, apuntó: "Desembarazado el general Rosas de la intervención (la intervención anglo-francesa que culminó con la firma de sendos tratados de paz) afirmado su poder en el Estado Oriental, fácil le sería comprimir el movimiento entonces en estado de embrión, de las provincias argentinas que después le derribaron; reincorporar el Paraguay a la Confederación, y venir sobre nosotros con fuerzas y recursos mayores, y que nunca tuvo, y envolvernos en una lucha en que habíamos de derramar mucha sangre".

Pareciera quedar en claro que para la Cancillería de Brasil el tema de fondo sería, ni más ni menos, la definición del país que habría de tener la preponderancia sobre el resto del continente. No en vano se enviaría subrepticiamente, meses antes del "pronunciamiento" de Urquiza, a un diplomático de enorme valía, Duarte Da Ponte Ribeiro, a un periplo que lo llevaría por Paraguay, Chile, Perú y Bolivia, destinos en los que intentaría garantizar una neutralidad de cada uno de dichos Estados ante una eventual guerra argentino-brasileña que, a semejanza de la de 1827, decidiese el futuro de Sudamérica.

Pero para la diplomacia imperial no había que aparecer como hostilizando abiertamente a la Argentina, y para ello era preciso conseguir al hombre indicado.

Nos dice Fernando Sabsay que "el 24 de enero de 1851 Cuyás (representante comercial de Urquiza en Montevideo) se apersonó al jefe de la legación brasileña en Montevideo para proponerle en nombre de Urquiza una alianza tendiente a expulsar a Oribe del Estado Oriental". El receptor de dicha oferta extendería la propuesta de Urquiza a un levantamiento generalizado contra Oribe en la Banda Oriental y contra Rosas del otro lado del río. Pero la condición preliminar impuesta sería que Urquiza debería "pronunciarse" públicamente contra Rosas, disimulando como quisiera su actitud.

Para el mes de marzo de 1851 las tratativas estaban ya bastante enderezadas a la formación de un ejército "grande" que definiera la situación en el Plata.

Señala Sierra que la invocación a la organización nacional hecha en el pronunciamiento no obedecía al genuino sentir del entrerriano, agregando: "Entre él y Rosas, quien más cerca estaba de ser constitucionalista no era el entrerriano. Aun disponiendo de la suma del poder, Rosas fue menos opresor y mas legalista que Urquiza en el gobierno de Entre Ríos. Ni en Montevideo ni en Río de Janeiro se consideró que se pronunciaría por razones constitucionalistas".

Tras el "pronunciamiento" público contra Rosas, que fue recibido con una mezcla de desazón e incredulidad por las propias tropas entrerrianas y correntinas, Urquiza no defraudó a sus mandantes tras bambalinas y firmó a nombre de Entre Ríos dos tratados internacionales durante el resto de aquel fatídico 1851, cuyos compromisos "nacionalizó" tras hacerse cargo del manejo de las relaciones exteriores de todas las demás provincias en febrero de 1852.

El primero de ellos fue suscripto el 29 de mayo, entre el gobierno de la ciudad de Montevideo, la Provincia de Entre Ríos y el Imperio del Brasil y su objetivo explícito fue despejar a las fuerzas del general Manuel Oribe del territorio oriental. De todas formas, contaba con una cláusula secreta según la cual si a raíz de la lucha contra Oribe, Rosas declarara la guerra a alguno de los firmantes del pacto, esa alianza se transformaría automáticamente en una alianza contra el "tirano" del Plata.

Logrado el primer objetivo, esto es, unificar al Uruguay con el color del Partido Colorado, se firmó el segundo pacto, en noviembre de aquél año, suscripto ahora por Entre Ríos, Corrientes, la República Oriental del Uruguay y el Brasil, con el objetivo de declarar la guerra, no contra la Argentina, sino contra Rosas.

La calle 1º de Mayo de nuestra ciudad intenta recordar aquel pronunciamiento de 1851. Afortunadamente, el imaginario colectivo le reasignó el significado de conmemorar el Día de los Trabajadores. No parece poco que al antivalor de la traición se le contraponga el valor dignificante del trabajo.

Pablo Yurman

Director del Centro de Estudios de Historia Constitucional Argentina "Dr. Sergio Díaz de Brito", Facultad de Derecho, UNR.

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