Opinión

Una solución jurídica a las quemas en las islas

Justicia. Declarar persona jurídica al río Paraná permitirá que sea un sujeto de derechos frente a la ley y, de este modo, pueda defenderse el ecosistema del delta de la violencia a la que está siendo sometido.

Jueves 30 de Julio de 2020

La ciencia jurídica, es la ciencia de reconocimientos discontinuos de derechos a seres humanos, no humanos, y también de consecuencias jurídicas a actos y hechos. Se realizan los procesos en forma asimétrica y simultánea a otros fenómenos sociológicos. Entendiendo por persona a todo ser humano o no humano a los que se les reconoce derechos por el sistema legal y social. El derecho capta al hecho y lo configura en normas obligatorias. Porque el derecho sigue al hecho. Todo ello, desde ya, ha reflejado y refleja la trama de poder de una sociedad determinada en un tiempo dado.

La construcción y reconocimiento de personas es constitutivo de la historia. No hay sociedad sin personas. Para Aristóteles hubiera sido impensable, en su época, que el esclavo dejara de serlo para pasar a ser persona, es decir, sujeto de derecho. El siglo XIX fue el siglo de abolición de la esclavitud, y los esclavos pasaron a ser personas. Antes de eso, el esclavo era una cosa y no una persona. Lo mismo sucedería con los nativos originarios de América, que en el siglo XV se los consideraba un objeto. O, en la edad Media, el siervo de la gleba era considerado una cosa. Las mujeres van a tener casi pleno reconocimiento jurídico a fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI. El poder antidemocrático necesita quitarle al sometido toda sustantividad de persona para someterlo.

La ciencia jurídica y la ciencia política tuvieron que recurrir a la creatividad de una ingeniería legal para diseñar a las personas jurídicas. Entre ellas a las personas jurídicas de los partidos políticos y de las asociaciones civiles (asociaciones sin fines de lucro). Estas creaciones de personas, necesarias e imprescindibles, son importantes ficciones legales pues no existen en la materialidad pero sí en el sistema jurídico. Muchas veces estas personas jurídicas tienen mucho más protección legal y social que las personas físicas.

Hasta aquí hemos podido analizar la importancia de investir de persona a alguien. Con el nuevo humanismo del encuentro se extiende el concepto jurídico de persona a los ríos y a la naturaleza en general. Para que así sean titulares de derechos y puedan ejercerlos por medio de un representante. Para ello, debemos abandonar definitivamente el atropocentrismo. El hombre no puede actuar más en clave de depredación, conquista y extractivismo sobre la Tierra. Las personas humanas deben pasar a ser cuidadoras de la "casa común".

El eje del nuevo humanismo del encuentro, es la vida. Es decir el biocentrismo. Se tiene que destronar al hombre, para salvarlo. La humildad, es la novedad para sanar a la Madre Tierra. La pedagogía del cuidado, es la valentía de pensar en otredad, es decir en todos los seres vivientes en la Tierra. Sería por ejemplo, entre otras, darle personalidad al Paraná y a su delta. Necesitamos personalizar para se respeten los derechos de la naturaleza y en este caso del río.

El hombre de la neomodernidad o tercera modernidad, con la soberbia de un dios de plástico, ha fracasado. El neoliberalismo solo deja estela de depredación, irracionalidad y profunda injusticia social y ambiental. Debemos ciudadanizar la naturaleza. El río Paraná, con sus 4.880 kilómetros es el segundo río más largo de Latinoamérica y ocupa el lugar número14 del ranking los ríos más largos del mundo. Tiene un caudal medio de 18 mil m3 por segundo, llegando a 50 mil metros cúbico por segundo durante las crecidas. Es una gran fuente de agua dulce, recordemos que menos del 1 por ciento del agua mundial, es dulce y potabilizable. Debemos declarar persona al Paraná, para que sea sujeto de derechos. Debemos ciudadanizarlo para que ejerza sus facultades a la sana preservación, al equilibrio ambiental inclusivo con los actores autóctonos, a evitar de toda contaminación, a prevenir la lesa ambientalidad, a recuperar su cultura originaria, y a que toda actividad económica, si correspondiera, sea sometida a su armonía ecosistémica.

También para ejercer el derecho de protección de sus humedales requiriendo el cuidado, la preservación y la precaución, a estos grandes reguladores de agua. Lograr que tenga el carácter de persona el Paraná permitirá asimismo su valoración, evitando también la depredación (quema salvajes de pastizales), el extractivismo y demás incursiones devastadoras del hombre.

Hay antecedentes de ello en el mundo: la Constitución de Ecuador del 2008, que estableció los derechos de la naturaleza. En Colombia se estableció que el río Atrato es una persona y de suyo con derechos así lo sentenció la Corte Constitucional, en el fallo Nº 622/16 del 10/11/2016, planteando "reconocer al río Atrato, su cuenca y afluentes como una entidad sujeto de derechos". Asimismo, el 15 de marzo de 2017 en Nueva Zelanda las autoridades declararon persona al río Whanganui, y en abril de 2017 también la Corte Suprema del Estado de Uttarakhand en India reconoció a los ríos Ganges y Yamura con los mismos derechos que los de la humanidad.

El 28-07-2010 la ONU declaró el derecho humano al agua, sin lugar a dudas ésta podría ser la fecha de celebración de la personalización del río Paraná y de todos los ríos de la Tierra como así también de toda la naturaleza en el contexto de los derechos inclusivos del planeta. Cuidar, reconocer, personalizar y ciudadanizar al río Paraná es de buena humanidad.

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