Opinión

Una epidemia aceptada y naturalizada socialmente

Los datos de Luchemos por la Vida, de un choque de vehículos cada 24 segundos en las calles y rutas de nuestro país, dan pavura, pero los naturalizamos como a la lluvia, al extremo de que hasta la mayoría de los cronistas hablan y escriben de "accidentes" en vez de llamarlos por su nombre: "siniestros o tragedias viales".

Lunes 10 de Septiembre de 2018

Los datos de Luchemos por la Vida, de un choque de vehículos cada 24 segundos en las calles y rutas de nuestro país, dan pavura, pero los naturalizamos como a la lluvia, al extremo de que hasta la mayoría de los cronistas hablan y escriben de "accidentes" en vez de llamarlos por su nombre: "siniestros o tragedias viales".


Quizá sirva la respuesta del Flaco Traverso, el ex corredor de autos con una vasta trayectoria, cuando le preguntaron cómo manejamos los argentinos: "Muy mal", sorprendió. "Porque no cumplimos las normas de tránsito".

Sin ir tan lejos como a Estados Unidos o Canadá, donde el cumplimiento de las normas de tránsito, es moneda corriente, basta con cruzar a Uruguay o Chile para comprobar, con cierta vergüenza ajena, cómo cualquier conductor que llega a un cartel de "Pare" en una ruta remota y de madrugada, detiene totalmente su vehículo y reinicia la marcha, aunque no haya otro vehículo en kilómetros a la redonda.

Lo mismo ocurre en un cruce de rutas a nivel en el estado de Nevada, en la ruta a Las Vegas, donde cada conductor llegaba al "Pare", hacía el suyo, dejaba pasar al coche de la mano izquierda y luego avanzaba un casillero, en un sistema que funciona como un reloj. Uno no puede imaginarse cómo podría hacer para que funcionara ese mismo sistema en el tránsito nuestro de cada día.

Quizá una de las causas de nuestras tragedias viales resida en el excesivo individualismo, que llega a los extremos de conductores que cruzan impunemente la doble línea amarilla de prohibición de sobrepaso en las rutas y, además, avanzan en maniobras temerarias a menudo sin el tiempo ni la distancia suficientes para completar el traspaso y que de-

satan los siniestros de las estadísticas. Sin llegar a esos extremos, el conductor que deja habitualmente su vehículo en doble fila no solamente entorpece el tránsito sino que genera siniestros, así como aumentan el riesgo y la siniestralidad quienes incumplen la mayoría del resto de las normas viales, desde los excesos de velocidad, el cruce de semáforos en rojo y conducir luego de tomar alcohol hasta las más leves de pisar la senda peatonal, utilizar el celular al conducir, no utilizar cinturón de seguridad en el auto ni casco en la moto o la bicicleta, hasta llevar niños en el asiento delantero del auto o sin protección alguna en moto o bicicleta.

Como bien define el pensador argentino Alejandro Piscitelli: "La epidemia social de los siniestros viales, que se cobra 20 vidas por día en la Argentina, existe porque la gente la naturaliza y la tolera".

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