Opinión

El tiempo que viene requiere de estadistas y pactos

Crisis. No se puede esperar una comunidad sólida política e institucionalmente si está asentada sobre los pies de barro de un economía decadente azotada por la inflación.

Miércoles 06 de Noviembre de 2019

El próximo gobierno deberá afrontar el gran desafío de estabilizar la economía y parar el sangrado social que produce el aumento del desempleo, la pobreza y la marginalidad, fruto de una recesión que caló hondo convirtiéndose en una suerte de "estado normal" de la Argentina. Pero ese desafío no terminará allí, sino que deberá pasar luego a sentar las bases de un proceso de crecimiento económico sostenido, palanca de un desarrollo integrador.

El desafío del desarrollo tiene un carácter esencialmente económico-político. Por una parte, es un problema de acumulación de capital, de aumento de la cantidad y de la calidad de las fuerzas productivas. Por la otra, porque el desarrollo es consecuencia y meta de la existencia de una fuerte conciencia nacional.

Los aspectos económicos y políticos se funden de tal manera que es prácticamente imposible pensarlos separados, mucho menos como compartimentos estancos. No podemos esperar una comunidad sólida política e institucionalmente si está asentada sobre los pies de barro de una economía decadente y atrasada, azotada por la inflación y el estancamiento. Tampoco podemos soñar con ganar las batallas del desarrollo económico, sin concertaciones básicas de una sociedad consciente de ser una comunidad de destino, o una Nación, "un proyecto sugestivo de vida en común", como decía Ortega y Gasset. "¿Qué nos hace más nación?", se preguntaba Frondizi frente a cada dilema de la economía y la política.

Como confeso desarrollista, a menudo recurro a la experiencia histórica del gobierno frondizista (1958-1962), así como a los muchos libros y escritos de sus principales protagonistas, en busca de enseñanzas, conceptos y teorías nutridas por la experiencia práctica.

Una de esas lecciones de la experiencia es la necesidad de insistir en la búsqueda de pactos y acuerdos que expresen un determinado modelo para el proyecto nacional. La propia victoria de Frondizi fue la resultante de un pacto electoral, no formal, pero sí real y efectivo, entre el candidato y el ex presidente Perón, proscripto junto a su partido de la vida política y en consecuencia electoral desde el golpe de 1955. Aquel pacto no fue una concertación político-partidaria, pero sí expresaba "el reconocimiento de la objetividad de las coincidencias esenciales de los movimientos que dirigían", como decía Ramón Prieto, protagonista y testigo de ese acontecimiento.

También es cierto que ese pacto finalmente fracasó, con costos inmensos vistos en perspectiva histórica. Asimismo, debe ser una lección ineludible para lo que viene el hecho de que las coincidencias esenciales objetivas de quienes acuerdan, deben estar siempre por encima de sus diferencias y sus conflictos. Ya lo dice nuestro Papa Francisco: "La unidad es superior al conflicto".

Otra importante lección del pensamiento desarrollista reside en que las transformaciones que el desarrollo integrador supone no son el resultado espontáneo de la dinámica histórica. Por el contrario, si el sistema queda librado a su propia suerte reproduce sus defectos y alimenta sus carencias. Por eso, debemos establecer prioridades y cumplimentarlas con el mayor ritmo posible. Los pactos y los acuerdos tienen que dar cuenta de ellas, dejando de lado por el momento lo secundario y accesorio.

La confusión en este terreno puede ser fatal, porque es habitual confundir causas con consecuencias e instrumentos con objetivos. Las prioridades socioeconómicas de la Argentina son la reducción de la pobreza, la eliminación de la indigencia, el cambio estructural de la base productiva, la transformación de las economías regionales al servicio de la agregación de valor, la generación de empleo digno justamente remunerado, la industrialización y la complementación productiva.

Para ello es condición necesaria, aunque no suficiente, la generación genuina de divisas, para lo cual se impone una adecuada apreciación de la correlación de fuerzas internacionales, del momento histórico que atravesamos, del tipo de inserción comercial que necesitamos y, consecuentemente, del tipo de integración que debemos fomentar y cual soslayar.

Lo anterior no quiere decir que no sean importantes los problemas tributarios, fiscales, cambiarios, laborales, previsionales, logísticos, de transporte, de formación de precios, etcétera. Simplemente, que son instrumentos de política al servicio de objetivos superiores y estratégicos, pero nunca objetivos en sí mismos y por sí mismos.

A propósito de lo dicho y como cierre, es bueno recordar una parte del mensaje del presidente Frondizi de mayo de 1958, referido a la situación de las cuentas fiscales que calificaba como gravísimas: "El gobierno afrontará el problema y dará estricto cumplimiento a las obligaciones contraídas por la administración pública. Las exigencias del desenvolvimiento económico a que debe ajustarse la política financiera indicarán si esta provisión urgente de fondos se hará por vía del endeudamiento, del impuesto o de la emisión monetaria. Pero desde ya el Poder Ejecutivo compromete su decisión de adoptar severas economías para detener ese proceso que amenaza con paralizar el esfuerzo nacional, esfuerzo que todos queremos ver encaminado hacia el progreso económico y la elevación de las condiciones de vida de toda la población."

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