Opinión

El sueño del desarrollo integral de la Argentina

Un plan de gobierno. Arturo Frondizi era un convencido de que los números de la economía debían cerrarle al pueblo, no al gobierno.

Viernes 12 de Abril de 2019

El 18 de abril se cumplirá un nuevo aniversario del fallecimiento de Arturo Frondizi, presidente de la Argentina entre el 1º de mayo de 1958 y el 29 de marzo de 1962. Antes había sido diputado nacional y también candidato a vicepresidente en 1953 en la fórmula con el radical Ricardo Balbín. Sus ideas para el desarrollo integral del país contrastan abiertamente con muchos de los proyectos políticos que sobrevinieron a su derrocamiento por un golpe militar e incluso a los gobiernos elegidos democráticamente desde su desaparición física hasta el presente. Pocos referentes políticos actuales parecen tener presentes muchos conceptos esenciales del desarrollismo para el crecimiento del país, y son muchos menos se inspiran en ellos. Por eso tal vez resulte oportuno aprovechar el calendario para recordar algunos de esos preceptos y tratar de entender qué haría Frondizi si tuviera que gobernar hoy al país.

Además de las ideas que están implícitas en sus decisiones como presidente y en las políticas de Estado que llevó o se propuso llevar a cabo, Frondizi escribió varios libros en los que plasmó los conceptos teóricos y prácticos de las soluciones que imaginaba para convertir a la Argentina en un país grande. En esas páginas, igual que en muchas de las políticas que defendió e impulsó durante su presidencia, están las bases para un desarrollo que el país hoy está lejos de alcanzar.

Frondizi apostaba a la elaboración de un programa que primero ordenara las prioridades de la Nación y luego pusiera al gobierno a trabajar para alcanzarlas.

En ese sentido, una de sus ideas es que no importaba tanto tomar deuda con organismos internacionales sino qué destino darle a esos créditos. Sabía que así endeudaba al país, pero no le tenía miedo al rojo en las cuentas porque entendía que era la única manera de poner en marcha el aparato productivo nacional.

De hecho, su gobierno tomó un préstamo del Fondo Monetario Internacional de 385 millones de dólares y lo utilizó para poner en marcha la explotación petrolera y también la industria de autos y tractores, que en poco tiempo aumentaron considerablemente su producción. El gran objetivo era darle impulso a la industria nacional y al mismo tiempo aumentar la mano de obra y crear empleo. Sus decisiones incluso permitieron a muchos productores comprar tractores a tasa negativa, porque el objetivo es que pudieran tener esa herramienta para desarrollarse. Todavía hay quienes recuerdan aquellas facilidades, que hoy parecen utópicas.

También destinó la ayuda financiera obtenida en el extranjero al desarrollo de un plan de viviendas (que se hizo con un 80 por ciento de desgravación impositiva). Este plan, además de darle un techo a miles de argentinos, permitió generar trabajo inmediato para obreros no especializados. Incluso emitió moneda con el propósito de expandir un incipiente plan de obras públicas, que entre otros beneficios también generó emplee. "Sin moneda no hay producción", solía decir Frondizi, y ese concepto, como muchos otros de los que fueron el fundamento de sus políticas, bien podría aplicarse a nuestros días.

Otra política que distinguió a su gobierno y que tal vez algún líder político debería retomar hoy es la disminución drástica de la cantidad de impuestos que cobraba el Estado. Entre otras cosas, esas políticas le permitieron construir una cantidad récord de viviendas y le permitió consolidar la explotación de petróleo, aun con la intervención de capitales internacionales: al presidente nacido en Paso de los Libres no le importaba que participaran empresas extranjeras, porque creía que esa actividad era un auténtico disparador del desarrollo de la Argentina.

Si alguien quisiera rescatar su proyecto, debería generar políticas para lograr lo siguiente:

• Planificar. Sin planificación es imposible llegar al puerto porque no se sabe cuál es el puerto.

• Generar empleo de manera inmediata, mediante la toma de créditos y la realización de obras de infraestructura.

• Establecer una política de subsidios que sea coyuntural y no estructural, al menos hasta tanto el país se ponga en marcha.

• Evitar la confrontación entre el campo y la industria. El campo ya no es lo que era hace cien años y con el 20 por ciento que aporta al PBI ya no puede solventar el desarrollo nacional. Para Frondizi, el campo y la industria deberían ser copartícipes de la quimera del desarrollo.

• Dar impulso al desarrollo de la tecnología de punta y atraer la inversión de capitales.

• Invertir en el consumo interno, porque es fundamental para el crecimiento.

• Dar un gran impulso a la educación, aun sabiendo que los resultados se verán recién dentro de un par de décadas.

Frondizi era un convencido de que los números debían cerrarle al pueblo, no al gobierno, y sostenía que la inflación no era la causa de todos los males argentinos sino una de sus consecuencias.

Por último, algo esencial para nuestros tiempos. El sueño del desarrollo es imposible si antes no hay un gran reencuentro del espíritu nacional. Sin dudas Frondizi defendería esta idea y trabajaría para plasmarla.

Terminar con la confrontación permanente y estéril sería sin la menor duda uno de sus principales objetivos si estuviese hoy al frente del gobierno. Tal vez sea lo primero que debería hacer algún líder que quisiera imitarlo.


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