El presidente Javier Milei sostiene al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a costa de romper el pacto implícito con la ciudadanía que lo depositó, en 2023, en la Casa Rosada. Y peligrosamente nutre el mismo desencanto político que, en su momento, proyectó a La Libertad Avanza (LLA) hacia la cúspide del poder en la Argentina.
“Estamos convencidos de que, al final, se demostrará que no existe delito alguno”, deslizan a La Capital, a modo de contraste, entre las filas libertarias sobre la situación del jefe de Gabinete, cuya falta de respuestas acerca de su presunto enriquecimiento ilícito descomponen a un gobierno que se arriesga cada vez más a la condena social frente a la impunidad.
Manuel Adorni en el ojo de la tormenta
En la administración libertaria llevan casi dos meses tratando de correr a Adorni del ojo de la tormenta con respaldos públicos, tanto durante el paso del funcionario por Diputados -con motivo de su informe de gestión- como en la reunión de gabinete del viernes pasado, en medio de señales de agotamiento puertas adentro (la apurada de Patricia Bullrich, jefa de los senadores oficialistas).
El presidente, añaden en la vereda de LLA, no quiere entregar una ficha clave de su tablero a la oposición. Y, eventualmente, tampoco pretende ceder terreno interno.
Pero la dilación en las explicaciones de Adorni no deja de alimentar la sospechas sobre la real dimensión de su patrimonio, el origen y cuánto del mismo será revelado oficialmente, como también el grado de compromiso del gobierno con el caso. A priori, las respuestas políticas no son suficientes para apaciguar la inquietud que generan los detalles de los movimientos del exvocero.
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“Prefiero perder las elecciones a echar a alguien que no lo merece”, descerrajó Milei a su equipo el viernes, durante el cónclave en Balcarce 50. Toda una declaración de principios éticos y lealtad en un contexto riesgoso: la gestión libertaria surca una etapa complejísima, con imagen en caída y una economía que todavía no materializa una recuperación sostenida.
La suma de los escándalos de corrupción, que ponen en jaque el diferencial que ostentó el partido violeta desde sus orígenes, configuran hoy un escenario distinto al proyectado tras el triunfo en los comicios de medio término, que le permitió al Ejecutivo acelerar su plan reformista y aspirar a la reelección en 2027.