Rosario sabemos lo que costó recuperar el orden. Por eso, cuando un fallo judicial va en sentido contrario, no podemos mirar para otro lado.

Un fallo reciente merece una contundente respuesta política. El garantismo erra: los controles no pueden ablandarse jamás
Rosario sabemos lo que costó recuperar el orden. Por eso, cuando un fallo judicial va en sentido contrario, no podemos mirar para otro lado.
Un reciente fallo eliminó la obligatoriedad de utilizar sistemas controlados en las entrevistas entre abogados y presos de alto perfil en cárceles santafesinas. Los mismos presos que durante años operaron desde adentro, generando violencia, extorsión y miedo afuera. A partir de ahora, cada profesional decide si utiliza o no ese sistema pensado justamente para evitar que información sensible circule sin control.
Esta no es una discusión técnica entre juristas. Es una discusión sobre qué ciudad y qué provincia queremos.
Yo creo en el Estado de derecho. Pero la Justicia no puede retroceder en nombre del garantismo cuando lo que está en juego es el orden que tanto costó construir. Cuando el sistema judicial protege más a los condenados que a los vecinos, algo está funcionando mal.
Hay una pregunta que no puede quedar sin respuesta: ¿quién nos protege cuando se afloja el control sobre los presos más peligrosos? Porque hay algo que está claro: Maximiliano Pullaro decidió hacerse cargo. Y hacerse cargo fue poner límites donde antes no los había. Las cárceles de alto perfil no albergan a cualquier detenido. Están ahí los que más daño hicieron a esta ciudad. Y cada porosidad en el sistema es una puerta que se entreabre.
El trabajo que se hizo en Santa Fe para recuperar el control de las cárceles fue enorme y costó mucho. Desmantelar estructuras de poder criminal desde adentro requirió mucha decisión política, inteligencia penitenciaria y protocolos claros. Un fallo que debilita eso merece debate público.
No se trata de venganza. Se trata de coherencia. Porque no se trata de aplicar la ley en su letra más laxa. Importa lo que la gente razonablemente espera del Estado: que la cuide.
La seguridad no es de derecha ni de izquierda. Es la condición básica para que Rosario pueda seguir creciendo. Hay cosas que no pueden volver a pasar. Y que el delito se organice desde una celda es una de ellas.

