Pablo Gavazza nació en Córdoba el 13 de abril de 1957. Vivió su infancia y parte de su adolescencia en Las Parejas y luego se radicó en Rosario. Era médico egresado de la UNR y cumplió funciones directivas en el Hospital Español de Rosario y en el Hospital San Felipe de San Nicolás, entre otras instituciones. Estaba radicado en Alpa Corral, en la provincia de Córdoba, y falleció en Río Cuarto luego de un accidente automovilístico.
Siempre inquieto e interesado en la movida cultural de Rosario, en forma paralela a su labor como médico desarrolló desde su juventud una intensa labor literaria. En esa época, asistió regularmente al Taller Literario “Julio Cortázar” dictado por Alma Maritano.
En los 80 y 90 fue partícipe del fenómeno de las revistas alternativas, también llamadas subterráneas, surgidas en los albores y en los primeros años luego del retorno de la democracia. Publicó sus escritos en La Lombriz y también, además de publicar, fue integrante del staff de la recordada y reconocida revista Barlovento.
Publicó su primer libro en 1990, integrando el cátalogo de Ediciones No Muerden, un grupo cooperativo de escritores. “Poemasaurio” se llamó aquel libro de cuentos breves y poemas en donde Gavazza reunió publicaciones realizadas en diversas revistas como Barlovento, La Lombriz, Ocruxaves, Tierras Planas y Puro Cuento y en donde también sumó textos inéditos.
En 1994, su obra fue incluida en “La única ciudad”, antología poética de Rosario realizada por Eduardo D’Anna.
En 1998 llegaría una de sus máximas creaciones literarias, con la cual obtuvo trascendencia nacional. Su novela “Amores eternos, una momia en Rosario”, obtuvo el Primer Premio del Concurso de Novela “Manuel Musto” de la Editorial Municipal de Rosario y de UNR Editora. Del jurado de ese premio participaron notables como Angéica Gorodischer, Sergio Delgado y Alberto Giordano. En esa novela, Gavazza aborda el caso del botánico japonés Katsusaburo Miyamoto, el salvador del pino de San Lorenzo, que conservó en su casa el cadáver de su esposa embalsamada. El autor investigó el asunto recorriendo la Facultad de Medicina en donde estaba alojado ese cadáver embalsamado y así fue construyendo la historia que luego plasmó en su fantástico libro.
En el 2004, un fragmento de “Amores eternos” fue incluido en “Rosario ilustrada. Guía literaria de la ciudad”, una selección de ochenta textos que tienen como escenario a Rosario. En esa publicación de la Editorial Municipal de Rosario, el texto de Gavazza “Pellegrini hacia el río” convive con fragmentos de obras de Borges, Ielpi, Arlt, Fontanarrosa, Oliva, Gandolfo, entre otros reconocidos escritores.
En 2009 inicia su vínculo con la Editorial Ciudad Gótica. Bajo este sello, publica las novelas “El taunus verde”(2009) y “Querida querida querida” (2012) y luego doce cuentos breves en “Apariencias” (2015).
En 2016, publica “Hipopótamos”, también novela, en Alción Editora de Córdoba. La obra, presentada en la librería Mal de Archivo de Rosario el 22 de setiembre de ese año, es un homenaje a su adolescencia y a Nora Dalmasso (ya mencionaba “su amor eterno a la Nori” en “Amores eternos”). En esa evocación de un amor adolescente, Gavazza alertaba que “Los acontecimientos de este relato son totalmente imaginarios. Más aún: toda coincidencia con la realidad no solamente sería fortuita sino propiamente escandalosa”.
La mesa de trabajo del escritor.
Su último libro publicado fue “Otoño”, en 2025, un libro de poesías. El 6 de junio de ese año, lo presentó en la librería Oxímoron. En la presentación, hubo lectura de textos junto a Lidia Morales y un suceso musical: se estrenó la canción “La liebre y el cazador”, letra de Gavazza y música e interpretación de su hijo Guido (reconocido bandoneonista de La Máquina Invisible y de la Orquesta Utópica), con la voz de Eugenia Gavazza, hija del autor.
Al momento de su muerte, Ciudad Gótica tenía listo para publicar su nuevo libro de poemas “Envés”, una obra en la que Gavazza registró sus últimas intenciones literarias y que, por ahora, queda como parte de su obra inédita.
En las dedicatorias y en los prólogos estaban sus ideas, sus preocupaciones y sus pensamientos. “Otoño” está dedicada en clave poética “al camino que me lleva a su desvío inevitable sin demarcaciones ni señales”.
En uno de sus prólogos, Gavazza afirma que “somos observadores de nuestro propio paso y vemos con asombro lo que ocurre. Transitamos el recuerdo de nuestra propia vida como si fuese una vieja película”.
Cultor profundo y constante del ejercicio de la amistad, definía a sus afectos más cercanos como “mecenas del sentimiento y de los cambios”, un imaginario epitafio que, además de su prolífica y exquisita obra literaria, certifica su invalorable humanidad.
Uno de sus últimos escritos compartidos:
Si he de irme
me iré con condiciones
Por ejemplo
De que el amor
Se vaya conmigo
Y que el fuego
Azar amarillo y rojo
Sea mérito de nadie