Las estaciones de servicio en Rosario y el resto de la Argentina están atravesando un cambio silencioso, pero que aún no logra modificar de manera radical las arraigadas costumbres de los conductores. Las terminales de combustible de autodespacho irrumpieron en el mercado con la promesa de agilizar el paso por los surtidores, pero conviven con una transición lenta en la que la tradición del servicio personalizado sigue llevando la delantera en las preferencias de los clientes.
Desde que se habilitó legalmente la posibilidad de implementar el sistema de autoservicio en las estaciones de casi todo el territorio nacional, con apenas unas excepciones muy puntuales, las petroleras comenzaron a desplegar esta opción de manera paulatina. YPF fue una de las pioneras en tomar este mecanismo como una política activa orientada a diversificar su oferta y brindar una experiencia de usuario alternativa.
No obstante, a pesar de que se puso en marcha desde hace más de un año, las cifras preliminares revelan que los consumidores se resisten a hacer un cambio hacia esta modalidad. “Se habla de que aproximadamente un 3 % de los despachos a nivel país están canalizados a través del autodespacho. Desde las estaciones siempre lo evaluamos como una alternativa más para el cliente para que pueda tener otro tipo de experiencia a la hora de abastecerse de combustible”, expresó Juan Manuel Rumin, presidente de la Cámara de Estaciones de Servicio, Garajes y Afines de Rosario (Cesgar), en diálogo con La Capital.
“Como la palabra lo dice, somos estaciones de servicio, no solo despachamos combustible, sino que ofrecemos otro tipo de servicios. Esto tuvo sus adeptos, pero es algo que tiene que ir madurando y obviamente va a venir de la mano de la percepción o de la decisión del cliente, y no de una imposición desde el lado de las estaciones de servicio”, enfatizó Rumin.
Una opción más para los clientes
Según analizó el titular de Cesgar, el arribo de las terminales de autodespacho no debe leerse como una imposición tecnológica de las empresas hacia el usuario, sino como una herramienta que amplía el abanico de posibilidades dentro de la estación de servicio.
“Su implementación tiene el objetivo de que el cliente pueda tener la opción de elegir. En algún momento, se consideraba que iba a ser un cambio rotundo y que iba a atentar contra los puestos de trabajo, y absolutamente no es así ni tampoco es la intención. Consideramos que la estación de servicio está definida o toma su relevancia desde el momento en que tiene sus vendedores de playa, que son quienes llevan adelante la relación con el cliente”, agregó Rumin.
Los clientes cuentan con la alternativa del autoservicio.
Marcelo Bustamante / La Capital
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En la misma línea, continuó: “Esto pasa a ser una opción más y también consideramos que va a ser el cliente, en definitiva, el que determine en primera instancia si a lo largo del tiempo esto va a tener mayor preponderancia o no. Será cuestión de ir evaluando a lo largo del tiempo cómo el cliente va adoptando o no las diferentes alternativas que van surgiendo”.
“Lo asociamos mucho a lo que se observa, por ejemplo, en los supermercados, donde existen las dos cosas: el autoservicio y después el servicio atendido”, señaló el directivo. Bajo esta lógica, la elección final queda enteramente del lado del conductor, según sus necesidades del momento. “Si tiene tiempo o está predispuesto, irá por una opción o por la otra”, resaltó.
En tanto, el perfil del usuario que opta por operar el surtidor de forma autónoma está muy bien definido, especialmente para los que cuentan con poco tiempo disponible, por lo que Rumin describió: “Lo evaluamos más como la oportunidad de aquel cliente que necesita hacer un despacho rápido o que quiere tener una interacción acotada sin acceder a otros servicios”.
La estructura pone un freno
Más allá de la predisposición de los rosarinos, existe una barrera de carácter físico y estructural que impide una expansión masiva y veloz de este sistema en el corto plazo, debido a que las estaciones de servicio del país fueron concebidas bajo un paradigma distinto.
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“De por sí, las estaciones de servicio en el país no están diseñadas ni pensadas en su mayoría para tener autoservicio”, advirtió Rumin, que señaló que adaptar un playón para incorporar estas islas de autodespacho requiere de una distribución que se vuelve imposible en algunas estaciones.
Por eso, concluyó: “No sería un beneficio ni para el operador ni para el cliente, porque tendría que quitar opciones o posibilidades al cliente habitual, entonces sería disminuir la oferta y no incrementarla. Creo que va a haber una tendencia lenta a ir adoptándolo, va a ser algo progresivo y no se va a ver una masificación en el corto plazo”.