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Una llave para abrir el cuerpo y habitarlo en armonía

La Antigimnasia un método de trabajo corporal surgido a fines de los 70 que vuelve a sumar seguidores. El objetivo es conocer el propio organismo para sentirlo y vivirlo plenamente. ¿Cuál es la diferencia con otras disciplinas?

Domingo 08 de Julio de 2018

"En este momento, en el lugar preciso en que usted se encuentra hay una casa que lleva su nombre. Usted es su único propietario, pero hace mucho tiempo que ha perdido las llaves. Por eso permanece fuera y no conoce más que la fachada. No vive en ella. Esa casa, albergue de sus recuerdos más enterrados, más rechazados, es su cuerpo". Thérèse Bertherat (1931—2014).

El mundo moderno nos lleva a consumir y desechar con rapidez. En esta vertiginosa cotidianeidad, hasta el cuerpo humano es objeto de un uso abusivo: se le pide más y más. Si usted, lectora, lector, anhela volver a habitarlo, a recuperar su eficacia, espontaneidad, equilibrio y por qué no aliviarse de una multitud de males: insomnio, estreñimiento, problemas digestivos, estrés, tenga en cuenta que quizás ese nombre, Thérèse Bertherat, y el método de trabajo corporal que ella creó, la Antigimnasia, puedan ayudarlo a encontrar un valioso tesoro: el bienestar.

Bertherat nació en Lyon en 1931. Su infancia no fue fácil y cuando su vida parecía ya haberse encaminado sufrió un nuevo revés. A los treinta y seis años y con dos hijos pequeños, enviudó. Su marido, un psiquiatra con prometedor futuro profesional, fue asesinado por uno de sus pacientes en un hospital. Sobre ese terrible suceso, años más tarde explicó: "Situaciones como ésta desencadenan una terrible descarga de adrenalina. Uno tiene que decidir si morir o continuar viviendo". Ella se aferró a la vida.

Pronto conoció a una mujer, Suze L, que hacía un tipo de gimnasia en la que utilizaba pequeñas pelotas. Los movimientos eran suaves, sencillos y novedosos. Entusiasmada, decidió emprender la fisioterapia, como carrera. Pero lo limitado de la enseñanza la decepcionó. "Se estudiaba el cuerpo músculo a músculo, hueso por hueso, pero nunca en su conjunto: siempre por partes, y lo mismo ocurría con los tratamientos", dijo. Fue entonces cuando conoció a Françoise Mézières, una fisioterapeuta que había elaborado un enfoque revolucionario de la anatomía. Una visión de conjunto, que toma al cuerpo como un todo en el que cada elemento depende de los demás.

Thérèse Bertherat se formó en ese método, pero siguió adelante con su propia investigación. Estudió y analizó otras terapias corporales: la bioenergética, la eutonía, el rolfing, la acupuntura y las teorías de la medicina china, que vinieron a completar su conocimiento del psicoanálisis de Freud a Jung, pasando por Wilhelm Reich. Pero principalmente trabajó con sus pacientes y dio a luz a su propio método: la Antigimnasia, originado a finales de los años 70.

En 1976 la fisioterapeuta editó el best seller El cuerpo tiene sus razones, que vendió más de un millón de ejemplares y fue traducido a quince idiomas. Unos cuarenta años después de su creación, la Antigimnasia es conocida y practicada en más de treinta países.

Acá cerca

Respetando los preceptos y el legado de la fundadora, tres instructoras locales imparten este método en el que el cuerpo íntegro es protagonista. Ellas son Carmen Fracassi, Alicia Dalmagro y Lillian Feraud. Más dialogó con Feraud, quien da clases en un estudio en el centro de la ciudad. "La Antigimnasia es una pedagogía corporal", dijo Feraud —66 años, cabello ondulado, mirada relajada— sentada en la mesa de un café rosarino. "Es una pedagogía porque se enseña, no se copia. El cuerpo aprende a partir de la palabra del instructor. Hay un ida y vuelta entre la corteza cerebral, los músculos y las articulaciones. El cuerpo y el cerebro van aprendiendo y cada uno hace lo mejor que puede en el momento presente. Lo perfecto para vos es el hoy", aseveró.

A través de la Antigimnasia se busca que quien la practica conozca su cuerpo y comprenda cómo las diferentes partes se conectan entre sí. Se intenta reconocer y despertar las zonas que están dormidas, que han perdido movilidad o sensación, para aumentar el bienestar. Todo ello a través de una serie de ejercicios simples y pequeños, pero efectivos. Mover la lengua y la mandíbula hacia todos los ángulos posibles para fortalecer y soltar la tráquea; rascarse la palma de la mano para alargar el trapecio, mover el dedo pequeño del pie sin ayudarse, presionando sobre el resto de los dedos o la planta y estirar una pierna hacia el techo, durante algunos minutos. Esos son sólo algunos ejemplos de práctica.

"En Antigimnasia podés mover brazos y piernas de una manera no tan exigida. Al estar liberadas las articulaciones, los músculos toman su longitud natural y se tornan tónicos y elásticos". Otras técnicas tienden a trabajar sobre una zona específica de dolor. "En Antigimnasia a veces es mejor focalizarse en otro lado que no te duele: quizás tenés una gran tensión en la nuca y mandíbula, comenzás a trabajar la pelvis y todo se va soltando durante la sesión", detalló Feraud.

La ejercitación se da una vez por semana, durante dos horas. El ciclo se divide en diez clases. En la primera sesión se trabaja todo el cuerpo, pero con eje en la pelvis; luego la nuca y los pies. Después se hace hincapié en la lengua, los ojos, la mirada y la convergencia. "Es un trabajo integral. Lo que se sugiere generalmente es que la persona que recién empieza trabaje por un año. Si realiza sólo 10 sesiones se va a sentir mejor, pero rápidamente el cuerpo volverá a los viejos hábitos”, aseguró la instructora. Y añadió: “Tengo alumnos que de repente registran el cansancio que venían acumulando. Llegar a percibir ese tipo de cosas necesita de todo un trabajo previo. Bertherat explicaba que hay que lograr que cuerpo y alma se pongan de acuerdo. La información está en nuestro cerebro y también en el cuerpo. Los músculos se acuerdan de cosas que la cabeza no recuerda”.


Exigidos

En nuestra sociedad, el sedentarismo y las malas posturas que adoptamos (en el trabajo, en los quehaceres cotidianos) llevan a que nuestras fibras musculares se vayan acortando; nos vamos encerrando y respiramos de manera más “pequeña”. Así, el cuerpo empieza a doler y se toman actitudes que no son favorables para el organismo. Ante la pregunta de por qué es tan difícil cambiar y mirar hacia nuestro interior, la profesional rosarina fue categórica: “Vivimos en una sociedad apurada en la que hay sobreabundancia de información. No tenemos tiempo de parar ni siquiera para respirar profundamente. De todos modos, estamos en un momento en el cual muchas personas están tomando conciencia de esto y quizás quieren tomarse una pausa: gente que desea mirar las cosas desde otro lugar que no tiene que ver con las metas y el ganar algo, ni siquiera con una pauta estética determinada. La gente empieza a darse cuenta de que el bienestar, y una movilidad con soltura, es lo que hace que un cuerpo sea armonioso. No tiene que tener determinada medida, color o forma, sino que tiene que ser funcional a su propia forma. Eso es lo que hace a la belleza y al bienestar”, reflexionó la instructora.

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