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Teatro en las escuelas: arte compartido

Fabiola Pavetto habla con pasión de lo que lleva en la sangre, de lo que aprendió durante largos años de estudio

Domingo 01 de Abril de 2018

"Al teatro lo concibo como una construcción colectiva". Fabiola Pavetto habla con pasión de lo que lleva en la sangre, de lo que aprendió durante largos años de estudio, de su recorrido laboral y también de las experiencias arriba y abajo del escenario. Teje con delicadeza y entusiasmo un relato en el que la palabra creación aparece un montón de veces.

   La profesora de teatro, actriz y cantante, que también trabajó como traductora de inglés ("una manera más de interpretar la realidad", dirá) está comenzando su quinto año como gestora de una propuesta que plasmó en los hechos con total convencimiento y que espera que se replique en todas las escuelas de la ciudad: clases de teatro para chicos que cursan la primaria.

   Es en el colegio San Patricio, de Rosario, donde despliega semana tras semana su mirada y sus acciones. Un espacio de aprendizaje permanente, que ella describe como mágico y en el que se nutre y sorprende en cada jornada por lo que los chicos y chicas (que tienen desde 6 hasta 12 años) logran expresar.

   "Lo que propongo es juego teatral en el aula, algo dinámico y formativo porque para mí el teatro tiene que poder provocar en los chicos otras capacidades que no son las intelectuales. Lo que hago en las clases es motivar lo relacionado con la empatía, el contacto con los otros, y siempre, como dije, desde una construcción que es de todos y no de un protagonista o de los que supuestamente tienen un talento especial", señala.

   Fabiola también dio clases en otras escuelas y afirma que de esas experiencias teatrales los chicos se llevan cosas hermosas que viven y recuerdan con mucho entusiasmo. "Lo que te devuelven es maravilloso, ellos agradecen tener estas posibilidades y te aseguro que nos les da vergüenza hacer teatro porque la propuesta que llevo a las aulas no tiene que ver con el teatro memorizado o convencional donde se aprende un texto y se lo repite de memoria para luego exponerlo y exponerse. No es justamente el teatro de representación el que más me gusta. Quizá porque siento que hay que canalizar las capacidades creativas que tienen los chicos y que son inconmensurables".

   En las clases se trabajan los vínculos, y todo eso que se siente, lo que tanto cuesta decir y mostrar. La idea es que el profesor, muy lejos de pararse en un pedestal, provoque las habilidades de los alumnos, las estimule. "Muchas veces se resuelven conflictos a través del juego dramático porque, incluso sin proponérselo, llegan a consensos. Creo que es una manera de arte creadora, sin ser psicodrama", destaca Fabiola.

   "Lo más importante es el trabajo en grupo. El teatro es socializante", define.

Lo construido

La profesora cuenta que estuvo relacionada con el arte desde que se acuerda. Para ella, Beatriz Vettori, una docente y artista plástica rosarina que tuvo la oportunidad de conocer durante su escolaridad en el colegio Misericordia, le abrió las puertas a un mundo sensible y de experimentación que le resulta inolvidable.

   Después vinieron las clases de danza clásica, de canto y de danza contemporánea. Esta última vivencia fue quizá la que más la acercó al mundo teatral. "Empecé danza con Patricia Mateo. Ahí comencé a cambiar mi cabeza respecto de lo artístico porque ella me mostró el baile contemporáneo desde un lugar diferente al que yo conocía. En sus clases, el arte se transitaba como lo no estructurado, y eso hace un eco en mi vida...Empiezo a ver el arte desde otro lugar. Ya no desde lo clásico del saber por el saber mismo sino desde un lugar de creación diferente. Entendí y viví lo que significa crear tu propio ritmo acorde o no, consonante o no. Y algo fundamental: empecé a mover el cuerpo desde el suelo, porque en la danza contemporánea el cuerpo está en la tierra...Cuando mi cuerpo empieza a tener ese contacto se me abre la cabeza desde el cuerpo y eso es, justamente, lo que pretendo enseñarles a los chicos", reflexiona con emoción.

   Trabajar en teatro con alumnos de escuelas primarias es fascinante, asegura la profesora, convencida de que cada clase "debe ser una obra de arte, un momento único y mágico".

   "Sí, el mayor desafío es que haya magia porque si no se enciende esa luz particular nadie aprende. Para eso no es importante que brille el docente sino la propuesta. Estoy segura de que es la propuesta la que tiene que ser atractiva. Ojalá esta experiencia pueda replicarse en cada escuela", dice Fabiola con la esperanza de que cada chico y chica tenga la oportunidad de experimentar el sabor del teatro.

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