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"Somos cautos pero seguimos creyendo en el país"

Mario Tourn dedicó su vida a las empresas del sector de la salud. Presidente del grupo Gamma, que acaba de celebrar el primer aniversario del Hospital Privado de Rosario, se muestra optimista a pesar de la crisis y cuenta sus recetas para capear el temporal.

Domingo 20 de Mayo de 2018

Asume que se está viviendo un año difícil y que como empresario necesita revisar planes, apelar a la creatividad y la mesura. Pero al mismo tiempo, Mario Tourn, presidente de Grupo Gamma, dice que no piensa aflojar, que va para adelante y que después de haber pasado por decenas de crisis enormes en la Argentina está convencido de que la respuesta es seguir creyendo en el país.

Aplomado, reflexivo y sólido en sus convicciones, Tourn deja fluir en la charla cierta emotividad cuando recuerda sus años de juventud en Rosario, ciudad a la que llegó desde un pequeño pueblo del norte santafesino para estudiar medicina. También se lo ve conmovido cuando habla del reciente primer aniversario de uno de sus sueños más grandes: el Hospital Privado de Rosario, una apuesta del grupo que involucró a toda su familia y de la que siente un orgullo inocultable.

En días turbulentos para el país, mientras el dólar no para en su tendencia alcista, el peso pierde valor y hay una tensión constante que se advierte a cada paso, Tourn recibió a Más para referirse a la situación del sector de la salud en este contexto, repasar los hitos de su carrera profesional y plantear una clara posición, tanto en lo laboral como en la vida misma: "Disfruto del presente pero siempre creo que lo mejor está por venir".

—Se cumplió el primer año de un proyecto enorme: el Hospital Privado de Rosario. ¿Qué reflexión hace sobre ese desafío para Grupo Gamma?

—Así es. Un año ya. Comenzamos a funcionar en el edificio de Presidente Roca 2440 el 1º de mayo de 2017. Nos tocó vivir un año de mucho trabajo pero me quedo con las gratificaciones de haber puesto en marcha toda la maquinaria. Tanto a nivel asistencial como a nivel emocional lanzar este emprendimiento fue muy pero muy intenso. La propia presencia del proyecto, lo arquitectónico y el nivel de tecnología generaba para nosotros y para la comunidad una expectativa alta. Ordenar los servicios centrales en el hospital, la guardia, el área de emergencia, el sector de quemados, el de trasplantes, fue mucho trabajo. Lo fuimos ordenando paulatinamente y lo logramos. En el hospital trabajan 400 personas, sin contar los servicios tercerizados y profesionales, y estamos sumando más. Sólo nos queda inaugurar el octavo piso de internación, lo demás está funcionando de lo mejor. La verdad es que la vara que teníamos era alta, la magnitud de la obra, lo que debíamos y queríamos ofrecer. Estoy muy conforme con el resultado.

EM_DASHImagino que tuvieron que readecuar muchas cosas que en Los Arroyos (el anterior sanatorio del grupo) funcionaban de otro modo...

—Totalmente. En el HPR incluimos prestaciones que nos diferencian, que no eran prácticas habituales en Los Arroyos. Por poner un ejemplo: el servicio de medicina hospitalaria. Acá tenemos un grupo de médicos clínicos que están a cargo de la guardia, de la internación transitoria de los pacientes y que también están a cargo dela evolución interna de esos pacientes internados. Son profesionales que no hacen consultorio y son un gran apoyo del médico de cabecera. Eso descomprimió mucho y fue un gran acierto, pero no fue sencillo implementarlo. Otro cambio grande fue que incorporamos el departamento de hotelería, que es una gran innovación. Esto implica que los enfermeros únicamente se encargan de las cuestiones asistenciales del paciente pero no de chequear la limpieza del baño o si cambiaron las toallas en la habitación o de la comida. De todo eso se ocupa la parte de hotelería y por lo tanto queda clarísimo que la enfermera y el enfermero pasan a estar al cuidado estricto del paciente. Soy un defensor del concepto de calidad percibida. El paciente puede ser perfectamente atendido por los médicos, encontrarse con la mejor tecnología a su servicio, pero después advierte algún error mínimo, como puede ser la temperatura de la comida, y su percepción general cambia. En mi criterio, la calidad percibida es fundamental. Es ni más ni menos que aquello que cree el paciente. Tiene un valor enorme. Por eso, a este hospital lo creamos, lo construimos y lo habilitamos con calidad Gamma y ese sello debe estar en cada detalle. El paciente tiene muchos puntos de contacto en la institución, desde que cruza la puerta. Y hay que ser cuidadoso en todo. Sin dudas, es un gran esfuerzo. Hay que pensar que este hospital es cuatro veces más grande que Los Arroyos.
   —¿Hay, en general, un paciente más exigente?
   — Sí. Está mucho más en los detalles que antes ¡y está bien! Nos exigen más, saben más. Con este hospital nosotros quisimos instalar en la región un centro asistencial con otro concepto y que pueda dar respuestas a ese perfil de pacientes.
—¿Vienen muchas personas de otras poblaciones a atenderse al HPR?    
—Eso ha sido histórico. Debe haber un 20 o 30% de gente de la zona. Muchos llegan por referencias de sus médicos del pueblo o de su región que se encuentran tal vez con patologías que no pueden tratar adecuadamente o que necesitan otra tecnología para hacerlo, y los envían acá. Como ocurrió con la paciente a la que se le hizo el primer trasplante de hígado en nuestro hospital y que fue derivada por un médico que conocía a nuestro equipo, y que tuvo toda la confianza en nuestra gente. Porque, de hecho, la posibilidad de contar con un centro de referencia le da más tranquilidad al médico al que le toca derivar.
   —¿Se buscan más las segundas opiniones?
   —Bueno, en el mundo está establecido eso. Acá ahora también. Incluso se alienta al paciente a que busque una segunda opinión. Cuando hay dudas sobre un diagnóstico, cuando se necesita otra mirada para encarar un tratamiento. O porque —como dije antes— no se tiene la complejidad tecnológica para abordar la patología. Considero que una segunda opinión trae beneficios para el paciente y también para el médico. Acá, en la Argentina, durante mucho tiempo hubo cierto prurito en el paciente en comentarle al médico que quería una opinión más o médicos que no lo sugerían nunca, pero eso fue cambiando. Además el médico que deriva a esa segunda consulta no pierde a ese paciente, el paciente vuelve a él como referencia, siempre. Sin dudas vemos cambios en la relación médico-paciente.    
—Mencionó el contexto difícil desde que abrieron el HPR. ¿Cómo transita esta situación el sector, y ustedes en particular?

 —No dejo de mirar a largo plazo y ser optimista. Hemos pasado cosas muy graves en nuestro país, para nuestros trabajos, nuestras profesiones, para nuestras empresas y nuestras familias. Devaluaciones, megadevaluaciones, incertidumbres extremas... Aun así, sigo pensando que tenemos que encontrar entre todos un camino más sostenido y armónico. Tenemos que poder tolerar las múltiples opiniones, la diversidad de ideas sin pensar que hay uno que tiene la llave para todas las respuestas. Los países con mejor calidad de vida, con una mejor conducción política son aquellos donde hay alternancia en los gobiernos. Que no tienen siempre el mismo signo político gobernando. Pero más allá de estas consideraciones está claro que la realidad económica de la Argentina de hoy pega fuerte en nuestro sector por diversos motivos. Uno, es el tema de la inflación, quizá el mayor problema. Nos genera limitaciones en el financiamiento de la salud, afecta a la persona y la familia del trabajador al que no le alcanza el sueldo... esto va a generar paritarias que no son las que pensábamos a principios de año. Y el otro tema clave es la devaluación de nuestro peso. Estas son empresas que por su requerimiento tecnológico y su necesidad de actualización permanente también requieren inversiones grandes. Estamos siempre endeudados en dólares por la exigencia de la renovación tecnológica que es enorme. Acá en el hospital compramos todo nuevo. Y obviamente tenemos incertidumbre como todas las empresas del rubro. Pero, ¿qué pienso que hay que hacer? Llamar ante todo a la concordia de todos los sectores. Acá no hay trabajadores buenos y empresarios malos o al revés. Hay que ponerle fin a esa idea. Este es un gobierno que ha optado por algunos cambios progresivos pero creo que en algún momento hay que poner freno a algunas cosas. Una es esa dicotomía que mencioné y que nos hace daño como país. Otra es el gasto público que es altísimo, hay que frenarlo. Esto lo pagamos absolutamente todos. Un Estado gigante. Eso lo sufren el empleado, el empresario, todos, absolutamente.
   —¿En grupo Gamma están revisando los planes, invierten a otro ritmo?
   — Estamos siendo más cautos. No seguimos a lo salvaje, como si nada. Eso es cierto. Pero el Hospital Privado de Rosario, por ejemplo, fue un sueño enorme al que apostamos durante más de 4 años, en el que hemos pensado y trabajado cada día de esos cuatro años y seguimos haciéndolo ahora que está en marcha. Detrás de esto tenemos el proyecto del sanatorio materno-infantil que lo tendremos más definido en breve. Lo vamos a montar en el ex sanatorio Rawson. Incluso estamos pensando que tal vez debamos demoler todo para hacer una obra nueva, y no queremos bajar en nada las expectativas. Es una gran apuesta, muy grande. Estamos buscando el destino final de Los Arroyos, y generamos una propuesta muy interesante en Funes para desarrollar un centro de atención médica muy importante. Respecto al contexto, una cuestión que valoro es que en 2017 se restableció el crédito internacional. Eso para nosotros es una necesidad vital. El acceso al crédito que por supuesto también genera endeudamiento. Pero yo apuesto a la necesidad de crecer. Asumiendo las dificultades, siempre creo que lo mejor está por venir.
   —¿Siempre fue tan optimista?
   —(se sonríe) Es que me baso en los resultados que hemos tenido con este concepto. Nos hemos ido superando, trabajamos en grupo, vemos la riqueza que como grupo se genera con cada proyecto, la fortaleza que eso trae a la empresa, a todos los que la componen. Apostamos a la atención moderna de los pacientes y también con una idea de devolver a la sociedad lo que nos dio. Los que no somos nacidos en Rosario, los que vinimos a estudiar a esta ciudad, aquellos a los que nos recibió con los brazos abiertos la universidad, tenemos que devolver. Yo soy de un pueblito del norte de Santa Fe que se llama Alejandra, luego viví en Reconquista. Vine a Rosario con una mano atrás y otra adelante... y bueno, necesito ser agradecido con todo lo que se me brindó.
   —¿Algo que le quede pendiente?
   —A mí me desvela saber que una comunidad como la nuestra tiene necesidades médicas, tecnológicas o infraestructura que no se resuelven. Por eso no me puedo quedar de brazos cruzados. Por eso apostamos, reinvertimos. En este grupo vivimos de nuestros honorarios y se reinvierte, ese es el concepto. También deseo, por supuesto, que la salud pública siga evolucionando. Tenemos una división todavía entre lo público y lo privado que no es aceptable. ¡Y eso que hemos apostado a que haya otra interacción entre lo público y lo privado! Pero es algo que no se ha logrado modificar mucho con el tiempo. El modo en el que está planteado el sistema de salud en general genera pérdidas de recursos, todo el tiempo. Eso me gustaría mucho que se modifique...Y siempre he estado dispuesto a colaborar. En el campo de los avances tecnológicos he apostado a esta empresa pero también a los hospitales públicos. El primer tomógrafo en un hospital público en Rosario lo donamos nosotros. También hemos hecho en su momento convenios, acuerdos con la salud pública. Hubo tiempos en los que funcionó, pero creo que faltan movimientos desde la conducción. No podemos aceptar una ineficiente utilización de los recursos. Modestamente creo que hay que trabajar mucho más en esto...
   —¿Qué recuerda de aquellos años de los comienzos de Grupo Gamma?
   —En los 80 comenzamos a ver que había crecido mucho el instituto. Yo colgué el guardapolvo de médico ("ese que está ahí" —señala un perchero de una pared lateral de su oficina—) para dedicarme a esto. No podía hacer las dos cosas, era imposible. Veíamos que necesitábamos nuestro sanatorio. Y así fue como nació Los Arroyos. Estaba el prestigio médico pero sentíamos que nos faltaba un liderazgo como empresa. Entendía que no era posible, como ocurría en muchos viejos sanatorios, pensar que por ser buen médico podías ser buen gestor de una empresa de salud o dirigir el directorio. Entonces me metí de lleno en esto.
   —¿Alguna vez se arrepintió?
   —Extrañé la profesión de médico, sí. Pero no me arrepiento. La relación médico-paciente es algo impagable, muy bueno, pero no me arrepiento... Pienso que el 1º de diciembre celebramos los 40 años de Instituto Gamma, analizo todo el camino recorrido e imagino lo que viene. Estoy conforme con lo que hicimos.

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