mas

"Me emociona cómo Central llega tan hondo al corazón de la gente"

A los 99 años, el vitalicio César Martínez fue reconocido por la AFA como el socio más longevo.

Domingo 30 de Septiembre de 2018

Vivir para contarla, como escribía García Márquez. A los 99 años, César Enrique Martínez, socio de Rosario Central desde su más tierna edad, es el vitalicio más longevo del fútbol argentino, según certificó la AFA, que acaba de reconocerlo con un premio que le entregó en un acto celebrado en su sede en Buenos Aires.

“Yo conocí la cancha anterior, que Central tenía en Castellanos y la avenida Salta, en la década del 20”, sorprende don César, que tiró sobre la mesa tres cartas bravas: tres antiquísimos carnés de socio del club (de 1963, 1965 y 1967), avalados además por diplomas y recortes, en el comedor de su casa del barrio Belgrano.

—¿Cómo era? ¿Como la de Central Córdoba?

Noooo... Ni eso...

En realidad, cualquier hincha que peine canas y desgrane la historia del fútbol rosarino suele rememorar los partidos que vio en la vieja cancha de Central pero siempre en referencia a la actual, antes de su remodelación y de transformarse en el Gigante de Arroyito en los años previos al Mundial 78. Pero hablar con un hincha y socio vitalicio que haya conocido la cancha anterior que estuvo a principios del siglo pasado en inmediaciones del Cruce Alberdi, es recorrer la apasionante historia de uno de los clubes fundadores del fútbol argentino.

martinez4.jpg

Nacido el 13 de abril de 1919 en un viejo conventillo de Rodríguez y San Lorenzo, en el barrio que llamaban La Novena por la comisaría homónima, César es el cuarto de los seis hijos que tuvieron Carlos Martínez y Claudina Cabello, dos españoles de Valencia. “Mi viejo era jornalero y trabajaba donde podía. Cuando era chico nos fuimos a vivir a otro conventillo, una casa chorizo con varias piezas, como se acostumbraba entonces, donde pagábamos 15 pesos por mes, en Iriondo 352, entre Catamarca y Tucumán, y a la vuelta, por San Nicolás, vivía Octavio Díaz —entonces arquero de la primera— así que en el barrio todos los pibes éramos de Central”, recuerda César.

“Después de esa cancha que tenía cerca del Cruce Alberdi, Central le compró a la Municipalidad unos terrenos en Pellegrini y Vera Mujica, donde ahora está el Heca, para hacer la cancha nueva, pero finalmente el club se los canjeó a la Municipalidad por los de Génova y Cordiviola, donde empezó a construir la cancha en 1927”, abunda.

A principios del siglo pasado, la secretaría de Central funcionó durante algunos años en el Almacén y Bar Fuggini, situado en la ochava noreste de Catamarca y San Nicolás, por donde desfilaban dirigentes, jugadores e hinchas, como narra el periodista Jorge Brisaboa en su historia del club. “En aquellos años, los jugadores iban al Café de los Fuggini después de los partidos, donde les servían una picada pero iban tantos hinchas a picotear que cuando llegaban los jugadores no quedaba casi nada, entonces un día Luis Indaco les pidió a los dirigentes que les sirvieran sandwiches con cerveza y se armó un lío bárbaro porque lo acusaron de querer ser un profesional en épocas en las que el fútbol era amateur”, rememora César.

—¿Cuál fue el primer partido de Central que vio en la cancha de la entonces avenida Salta?

—No me acuerdo. Era muy chico. Con los pibes del barrio teníamos ocho años y nos parábamos en la puerta de la cancha hasta que llegaba Octavio Díaz y nos hacía entrar a todos.

Central era otro club, pero literalmente, a tono con un mundo de fútbol amateur, ferrocarriles y barrios semi rurales. Como contaba don Angel Zof, que cuando jugaba en la primera de Central trabajaba a la mañana en el ferrocarril, donde a los jugadores les permitían salir dos horas antes, y después se subía a su bicicleta y a la tarde iba a practicar.

“Central era un clubcito y revolucionamos el fútbol rosarino y llegamos a ser el primer campeón del interior”, compara César.

“Yo lo vi jugar a don Angel, y después, cuando tenía la pick up, varias veces lo llevé hasta la casa, en los últimos años, acá en Fisherton, donde vivía frente a la vía. Don Angel fue el mejor técnico que tuvo Central, eso no se discute”, advierte César.

—¿Quién fue el mejor jugador de Central que vio?

—Kempes. El Matador la llevaba atada, avanzaba y no se la podían sacar. Y el Torito Aguirre era un wing que era una máquina de pasar jugadores.

—¿Y quién fue el mejor presidente del club?

—Don Adolfo Pablo Boerio. Porque revolucionó el club y salimos de un estancamiento de tantos años.

Fue un presidente extraordinario porque puso la plata y tuvo el proyecto de revolucionar todo y de hacer de Central un club grande. Hizo la Ciudad Deportiva, tuvo 100 mil socios y equipos competitivos con los que empezó a ganar campeonatos. Don Federico Flynn también fue un buen presidente, pero era de otra época. El llegaba a su oficina todos los días a las cuatro de la tarde, pedía su café y trabajaba hasta las ocho de la noche, pero estaba mirando el reloj y se iba. Central era otro club y Flynn no tenía la plata que puso Boerio.

martinez2.jpg

Como si la historia se repitiera más de lo pensado, César revela que en la década del 60 el entonces presidente de Boca, Alberto Armando, pedía en la AFA que Central no jugara en sus torneos. “Armando decía que no nos convenía porque nosotros teniamos que viajar cada 15 días a Buenos Aires y ellos tenían que venir una vez por año”, sorprende el entrevistado, quien fue dos veces tesorero de Boerio, entre 1965 y 1970.

—¿Cuál fue el gol de Central que más recuerda?

— La palomita de Poy. Yo estaba atrás del arco, no me lo puedo sacar de la mente. Y también lo vi a Scalise dar la vuelta con la camiseta de Central (en la final de la Liguilla de 1986, entre Newell`s y Boca).

—-¿Usted fue a ver ese partido?

— Claro, porque en esa época íbamos como dirigentes. Era común que la gente fuera a ver los partidos a las dos canchas, en cambio ahora hasta le sacan el fútbol por televisión a la gente.

—-¿Quién es el mayor hincha de Central?

— Hay muchos, pero yo elijo al Tula, de la barra de antes, que no tenía nada que ver con los de ahora, y que le llevó el bombo a Perón a Puerta de Hierro. Cuando se casó Poy en la iglesia (Perpetuo Socorro) de la avenida Alberdi, fuimos con mi hija, que tendría 12 años. Había tanta gente que cortaron la calle y el cura ni pudo casarlos como se debe porque el Tula y la barra estaban con los bombos al lado del altar, así que los bendijo y se fueron por una puerta del costado. En la montonera perdí los documentos, así que me fui hasta el (Hotel) Palace, de Corrientes y Córdoba, donde era la fiesta y donde el Tula estaba tocando el bombo con la barra en un semirremolque. Lo llamé, se bajó, le expliqué qué me había pasado y me dijo que me quedara tranquilo. El lunes me mandó el documento con un muchacho de la barra, que no me aceptó una propina. «No, si el Tula se entera de que le cobré, me mata», me dijo el pibe.

—¿Qué es Central?

—Tendría que pedirle permiso a la emoción. ¡Qué grande será Central que me emociona pensar cómo puede llegar a penetrar tan hondo en el corazón de la gente!

martinez1.jpg


>>> “Le ruego que me lo cuide”

El Chango Roberto Artemio Gramajo, aquel legendario puntero izquierdo santiagueño de Central campeón en 1971, que llegó al club de la mano del presidente Adolfo Pablo Boerio, recordó la semana pasada que César Martínez fue a buscarlo a La Banda, cuando lo llamó para saludarlo por el premio que le entregó la AFA como socio vitalicio más longevo del fútbol argentino. “(El ex jugador de Central) Luis Indaco era viajante y cuando veía algún pibe que jugaba bien nos avisaba. «Don Adolfo, allá en La Banda hay un negrito que los vuelve locos a todos, es un jugadorazo», le dijo a Boerio. Fuimos con don Adolfo a hablar con el padre del Chango y lo trajimos. «Señor, le ruego que lo cuide», me pidió el padre”, como recordó el Chango.


>>> Agonil, su yerno campeón en 1980

martinez6.jpg

El ex delantero de Central y Ferro Carril Oeste Oscar Américo Agonil, de 62 años, campeón con Central del Campeonato Nacional de 1980, es el yerno de César Martínez. Más también charló con él.

¿Cómo pasaste de jugar de delantero en Central a marcador lateral en Ferro?

Cuando jugaba en las inferiores de Argentino de Firmat, a los 15 años, era 4, y así jugué en las inferiores de Central hasta la reserva. Pancho (Erausquin) me pasó a jugar de 8 o de 5 y el profesor (Ricardo) De León me puso de 7 y también jugué de 9 y de 11. Y el Coco (Alfio Basile) me puso de 10. Terminé jugando de 4 en Ferro en lugar de Juárez, que era el 7, cuando se lesionó Mario Gómez. Y con (Carlos Timoteo) Griguol también jugué de 3 en lugar de Garré. Con tal de jugar, lo hacía en cualquier lado.

¿Cómo era Griguol con ustedes?

Como un padre porque se preocupaba por todo y nos decía que compráramos el departamento antes que el auto.

martinez5.jpg


>>> Cuando el Tula se cayó del tren

Los recordados viajes en tren, sobre todo a Buenos Aires, marcaron el origen y desarrollo de la hinchada de Rosario Central, en la que se destacó el Tula, aquel legendario jefe de la vieja barra brava, según recuerda César Martínez, a sus gallardos 99 años.

“Me acuerdo de un día que volvíamos de Buenos Aires en el tren con la hinchada y el Tula venía sentado en el estribo, como acostumbraban a hacer los hinchas entonces, pero cuando salimos por Retiro se golpeó una pierna con unos barrigones del ferrocarril (tapias metálicas situadas al lado de las vías), se cayó y los dirigentes, que estábamos en el coche comedor, hicimos parar el tren para que lo atendieran. Felizmente no le pasó nada grave, pero desde entonces le quedó esa renguera”, revela Martínez.


¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario