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Escribir para vivir cuando todo parece estar perdido

Luis María y Leandro apenas se conocen. Tienen recorridos diferentes, pero se encontraron en la urgencia de la pluma y la prepotencia por una vida mejor.

Domingo 30 de Junio de 2019

¿Qué es eso que quema cuando todo parece perdido? ¿Cuál es la brasa que da paso al fuego en un campo de cenizas? De estas preguntas emerge un brote, un halo de luz que permite avanzar.

“He tenido un idea (...) la sensación de no haberme librado de la muerte, sino de haberla atravesado... de haberla recorrido de punta a punta”, dijo el escritor, activista y político madrileño Jorge Semprún en su libro La escritura o la vida, tras haber transitado el horror en su paso por el campo de concentración alemán de Buchenwald. A partir de su narración presenta una paradoja: la escritura, como sinónimo de volver a ver la muerte a la cara a través de los recuerdos, o la vida, así como quien hace borrón y cuenta nueva.

La dicotomía se abre a un mundo más plural y da paso a nuevas maneras de observar, de construir paradigmas. Como le sucedió a Leandro, que tuvo un accidente en el subte a los 22 años y perdió ambos brazos, o a Luis María, que sufrió un ACV con apenas 21. Los dos narraron sus historias casi como una necesidad, como un recurso que siempre estuvo dormido esperando que lo despertaran.

Encuentros

La Segunda Bienal de Arte y Discapacidad que se realizó en el Centro de Expresiones contemporáneas fue la excusa para unirlos, a ellos y a otros tantos. El encuentro se realiza cada dos años para conocer las propuestas artísticas realizadas por personas con discapacidad que concurren a escuelas especiales, centros de día y organizaciones de la sociedad civil, de toda la provincia de Santa Fe. Este espacio está organizado por los ministerios de Salud, Educación, Trabajo y Seguridad Social, con el fin de promover el arte y la inclusión en nuestra sociedad.

En la muestra participaron más de cincuenta instituciones y organizaciones que trabajan con personas con discapacidad, y con gran esfuerzo llevaron a cabo este movimiento cultural en el que expusieron diferentes obras de arte, como por ejemplo producciones literarias, plásticas, fotográficas, audiovisuales, teatrales y bailes de diversos géneros musicales.

Apenas comenzada la jornada, el subsecretario de Inclusión para Personas con Discapacidad, Maximiliano Marc, explicó que la bienal es un espacio de encuentro, donde la integración y el arte son las banderas principales. “Valoramos el esfuerzo, la voluntad y las diferencias de cada uno de los artistas, sin barreras ni prejuicios; todos tenemos los mismos derechos y las mismas oportunidades”, destacó Marc.

Con esas palabras arrancó el acto. Luis María Mondino continuó con la ceremonia de apertura y luego dio paso a la presentación de Leandro Gil.

Volver a los orígenes

“He visto poemas salvar vidas sin que lo supieran ni los poemas ni las vidas”, dice Eduardo Milán en su texto Ostras de coraje. Leandro es muy consciente de ese rescate mutuo.

Nunca pensó que su opera prima, Las vías de la herida, hablaría de él aunque sea en formato ficción.

Tiene 33 años pero parece mucho más joven. Conserva rasgos y una mirada adolescente, pero lo contrarresta con la claridad y responsabilidad con la que marca las palabras. Su voz grave y su pasión al narrar dan la pauta de su vocación.

Su hija Lis, de nueve años, es el motor que le permite seguir, afirma. Tiene un dije con forma de micrófono colgado de su cuello. Brilla y sobresale de su remera. La vista se enfoca en ese detalle que amplifica los sonidos.

¿Cómo es salir a contar tu historia después de todo el proceso que atravesaste? “Es un gusto tener la chance de salir a presentar una obra artística y que a su vez te permita conocer lugares del país. Las vías de la herida nos trajo satisfacciones porque nos permite viajar entre afectos. Es bueno saber que todo lo que vino después siempre fue positivo y tiene otro color”.

¿Por qué la escritura? “Desde que tengo ocho años ya mostraba cualidades y me gustaba la idea. Siempre tuve la sensación de que lo iba a hacer. Eso orientó mi vocación. Luego del accidente (en el que perdió sus brazos) comenzó un proceso personal de resolver algunas cuestiones y la terapia más acertada que elegí fue la escritura. Es el camino que la vida ya tenía armado para mi, porque la sensación ya la tenía y luego la historia se hizo papel, así que fue bien natural. Me siento cómodo escribiendo, es un mundo donde me permito volar. Tengo un estilo muy particular, lo respeto y lo dejo ser”.

Dice que “con el papel uno tiene la chance de no tener ningún tipo de barreras y me disfruto en ese momento. Noté que el escribir es un poco la forma de ser uno mismo, de poder liberar algunas cuestiones y me hice cargo de que una parte de mí que necesita comunicar de esa manera. Las vías de la herida se transformó entonces en la primera parte de una trilogía que está en proceso en este momento ¿Por qué no escribir si sabíamos que ya iba a suceder?”.

“La ficción, que es el modo de narrar que elegí, me permitía tener otro tipo de color en la escritura. Si hacía una autobiografía lisa y llana iba a ser gris, más estructurada y ese primer libro no deja de ser una novela que tiene personajes, que van haciendo un desarrollo. Por momentos te encariñás, luego los repudiás y llegás a entenderlos. Lo que quise hacer al novelarla es dejar en evidencia muchas cuestiones que habían formado los personajes previamente para que los lectores no se queden con la idea inicial de una situación. Quizás empatizás con uno que luego no es tan bueno o viceversa. Empezás más combativo y después entendés que ese personaje tiene un origen y si bien no justificás acciones podés comprender de donde vienen. Novelarlo permite jugar con todo ese mundo de colores y matices”.

—Hay mucho de la radio en tu libro...

—Como soy conductor en ese medio me resultó atractivo el esquema radial para narrarlo. Me siento cómodo en ese ambiente. Supe que la estructura adecuada era esa, entonces tiene bloques y temas musicales que complementan esa lectura. Yo creo que desde la génesis misma de la obra había una imagen mía en la cabeza de hacer una novela y con su banda sonora.

—¿Cómo hiciste para comenzar a escribir sin ningún tipo de programa de reconocimiento de voz?

—Creo que fue en la búsqueda de la independencia y la privacidad. Al principio cuando salí del hospital, estuve 27 días internado, 5 de esos días en coma. Cuando salí, a las 48 horas diseñé un brazalete para poder comer solo y eso fue lo que derivó en usar la computadora. Empecé a ser consciente del cuerpo, primero de que había perdido los brazos. Me pregunté ¿Bueno, qué hacemos con el resto del cuerpo? Ahí me volví más elástico. Cuando descubrí esas capacidades y vi que tenía sensibilidad. Un tío, médico, me ayudó y creamos un dispositivo. Empecé a poner ganchos en mi casa para adaptarla. Hay que permitirse la prueba y el error y fomentar la imaginación. La idea más allá de fallar es pararse y seguir intentando.

—¿Qué les dirías a las personas que sienten limitaciones a la hora de escribir, que quieren pero no pueden?

A mí también me pasó, la introducción me llevó un año con la hoja en blanco. Hablé con un colega y me orientó en el proceso para destrabarlo. Tuve horas de borrar y escribir, soy muy puntilloso. Si fuese por mí, edito eternamente el libro... hasta que dije ¡basta! Hay un poco de dejarse llevar, cualquier cosa artística ayuda...

—¿Cuáles son las vías para transitar las heridas?

—Me parece que lo fundamental es desarmarse para volver a los orígenes y tratar desde ese lugar entender que podemos hacer para mejorar.

Darse cuenta

escribir para decir el grito

para arrancarlo

para convertirlo

para transformarlo

para desmenuzarlo

para eliminarlo

escribir el dolor

para proyectarlo

para actuar sobre él con la palabra   

En este fragmento del poema Escribir de Chantal Maillard se ve reflejada la historia de Luis María Mondino que tras sufrir un ACV con 21 años, relató su urgencia en el libro Atormentada mente desde adentro.

— ¿Cómo nació el deseo de escribir?

—Siempre lo llevé adentro. A dos años de tener el ACV empecé a escribir para mí y mi entorno pero luego dije: lo voy a hacer un libro. Surgieron muchos recuerdos que tenía guardados y me emocioné muchísimo. Me acuerdo cuando lo escribía y me venía llanto, riendo, todo lo que puedas imaginar de sentimientos. Fue todo muy sanador, un deshago de todo lo que tenía adentro.

—¿A la distancia, cómo lo ves?

—Siento que es otra persona. No entendía que era yo, pero después de haber puesto todo eso en palabras me di cuenta de todo lo que tenemos desde el nacimiento, facultades y habilidades que no nos percatamos que están hasta que las perdemos. Esa fue la gran enseñanza que me dejó este libro.

—¿La escritura continúa?

—Sí, pienso escribir otro libro. Me gusta la ciencia ficción. Esto fue más un testimonio de lo que me había pasado. En cambio, escribiendo otras cosas, puedo volar con la imaginación. Todos los días avanzo un poco. La verdad es que tengo pasión por lo que escribo. No me lo pongo como rutina. Sale naturalmente.

—En tu libro hacés referencia a la impotencia de no poder hablar...

—Fue recontraduro. Escuchaba cosas de mí que no eran. Por ejemplo: me ponían el brazo de una forma que yo no quería y no me podía comunicar de ninguna manera. En mi entorno se preguntaban que estaría sintiendo o pensando, si estaba consciente de todo lo que estaba pensando. La cabeza estaba bien pero no había manera de decirlo. Te das cuenta de lo que perdés y de lo que tenías...

—¿Qué encontraste después?

—La verdad que me gustó bastante y dije bueno, esto es lo mío. Primero escribía artículos legales y luego literatura. Desde muy chiquito aprendí a leer, más chico que la media. No es por nada, pero esa era mi aptitud de chico. Siempre me sentí ligado a escribir, la escritura y la palabra, pero nunca lo desarrollaba. Para escribir me puse a investigar, a leer a otros autores. Fue un año que tardé, pero me cultivé muchísimo.

—¿Cómo fue el salto entre escribir para vos y hacerlo masivo?

—En 2007 se me ocurrió contar mi historia, habían pasado 10 años... no se dio inmediatamente. Si te gusta escribir lo tenés que hacer porque es muy reparador, emotivo.

Es ahora

Queda claro que las dicotomías se borran al conocer los mundos de Leandro y Luis María. Sus pasiones abren el juego a un gran abanico de posibilidades.

“¿querés escribir?, me dije

vas a escribir

entonces

sin quejarte

sin victimizarte y cuando puedas

(...) después me pongo el uniforme y la que fui por un rato

me saluda por las ventanas

el muñón, la cabeza ardida y soy otra y soy otra”

Elena Annibali pone en poema la trasmutación que se experimenta. “(...) vas a crear aunque te falte parte de tu mente y de tu cuerpo, vas a crear ciego, mutilado, loco, vas a crear con un gato trepando por tu espalda mientras la ciudad entera tiembla en terremotos, bombardeos, inundaciones y fuego.” Responde Charles Bukowski en su Aire, luz, tiempo y espacio.

Todos estos relatos arman el rompecabezas social. Suman, multiplican, enriquecen experiencias. En este sinfín de voces están, potentes, las de Luis María y Leandro.

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