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Empatía con sello de mujer

Son un factor común en la mayoría de las historias solidarias. La fuerza, la garra, el empuje, la capacidad de lucha y de sobreponerse a grandes adversidades caracterizan a las mujeres que encabezan la mayoría de las ONG

Domingo 11 de Marzo de 2018

Las malas noticias existen. Son dolorosas, trágicas, frías, absurdas, tremendas. Y en medio de tanto dolor aparecen grandes mujeres, en su mayoría anónimas, que cierran los puños, se tragan las lágrimas y miran para adelante. Encabezan organizaciones, luchas, militancias. Se olvidan de los grises y buscan respuestas, soluciones, y lo logran. Son mujeres las que están detrás de la mayoría de las historias que reflejamos en el espacio Página Solidaria que se publica todos los martes en La Capital.

Desde este lugar conocemos sus sufrimientos pero también cómo están dispuestas a todo para ayudar al más desvalido. Son ellas las primeras que consiguen un medicamento faltante, activan comedores en las villas para que no haya más hambre, recuperan los alimentos, inventan talleres y actividades para que los chicos no estén en la calle, dan albergue a los ancianos abandonados o simplemente están, acompañan y alientan a los enfermos.

Muchos hombres acompañan y asisten, es cierto, y también vemos que son los varones los que en numerosas ocasiones admiran esa capacidad de sobreponerse y de luchar que tienen las mujeres. ¿Será el instinto maternal —sean o no madres— el que las ayuda a pelear sin desmayos ante una causa justa?

Detrás de cada iniciativa bullen mujeres de toda condición socioeconómica que recorren las calles con el corazón en vilo, buscando soluciones, donaciones, respuestas.

Van por todo lo que haga falta, sin esperar.

Marcadas por desilusiones y puertas que se cierran con un "no" jamás se doblegan. Creo que esas marcas las fortalecen. Y también lloran y se angustian pero no se detienen con una fuerza imbatible que las levanta como a un gigante y que las hace lograr lo que se propusieron, sin medir cuánto cueste ese esfuerzo.

Son mujeres, invisibles en la mayoría de los casos, que mientras sube o baja el dólar, mientras las Bolsas del mundo se alteran o suceden las corridas bancarias, mientras el mundo sigue girando, luchan, trabajan, sostienen, alientan.

Desde sus hogares o hiperactivas en la calle y las redes sociales, haciendo compatible el trabajo con el cuidado de los hijos dedican tiempo a cuestiones que muchas veces debería solucionar el Estado ausente.

Sin pedir nada a cambio trabajan por el más vulnerable. Y en ese trabajo cobran nuevas energías, nuevos bríos que las hacen verdaderas campeonas de la vida. Una mezcla de dolor y fortaleza de la que somos testigos. Son las que merecen hoy y siempre el gran homenaje en su día. ¡Gracias mujer por tu lucha!

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