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Dos noches con el Sies

Cuidados. Los profesionales suelen pasar más tiempo arriba de las ambulancias que en sus casas. A veces el tiempo vuela, otras se hace extenso e interminable.

Domingo 15 de Octubre de 2017

En medio de unos jardines arbolados entre el Cemar y la maternidad Martin funciona la guardia del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies), en la zona centro de Rosario. Sobre la parte sur que da a calle San Luis se encuentra la base operativa e informática donde cumplen tareas un radiooperador, cuatro telefonistas y un médico evaluador. En el sector norte, casi sobre la puerta de ingreso de la maternidad, hay un departamento donde los profesionales pasan la guardia y esperan el llamado de la radio ante una urgencia o emergencia. Los fines de semana hay dos dotaciones con un médico y chofer en cada una de las ambulancias: el móvil cinco y el móvil diez, equipados con alta tecnología para asistir a quien lo necesite.

El departamento tiene una habitación con cuatro camas cucheta de caño. A veces, los trabajadores amagan descansar si la demanda lo permite. Las guardias son excesivas, de 24 y 12 horas. El espacio es acogedor pero un poco derruido. Apenas se ingresa hay un comedor con TV, una mesa de fórmica, sillas viejas de sala de espera obtenidas de algún consultorio. A la izquierda, una heladera y un modesto baño con tanque eléctrico para bañarse.
En estos espacios los profesionales tejen lazos inquebrantables. Pasan más tiempo que en sus casas, aprenden a convivir, comparten las dificultades y palpitan las emociones. El estrés de tener que enfrentarse asiduamente a situaciones límite, impulsa a contar como anécdota lo vivido, como una estrategia que quita los dolores que fluyen en el inconsciente. Normalmente en emergencias no se viven momentos de gratitud y las decisiones rápidas y concretas con un margen de error igual a cero, sin margen para las equivocaciones son tarea de todos los días.
El tiempo aquí suele pasar rápido, como un rayo, y en otras ocasiones, con la lentitud del goteo de los sueros que suelen poner en los cubículos traseros de sus ambulancias.

Primera noche

El doctor Pablo Canastrelli tiene 38 años. Lleva barba de varios días y carga en su mirada el agotamiento de una jornada que no sabe cuándo terminará. Al turno lo comparte con el doctor Gustavo Del Blanco, chaqueño radicado en Rosario, cansino en cada palabra que esboza, y con los enfermeros-choferes Juan Ditter, pelirrojo de expresión relajada y alegre, y Ariel Galarza, moreno y de cuerpo fornido. Todos comparten la mesa de sábado. Hoy pidieron pizzas, la TV pasa un partido mientras la noche se adentra y va tomando forma.
Los fines de semana suelen ser movidos, pero este no, es por demás de tranquilo. No pasa nada, la radio está muda, ni siquiera una interferencia, incluso reina el silencio en otras bases suburbanas más conflictivas donde suelen tener mayores demandas. Allí aparecen como cosa común la violencia interpersonal con armas blancas y de fuego y los accidentes protagonizados por motos de baja cilindrada. En la zona central también los accidentes de tránsito, y a la hora pico, a la salida de los boliches después de las 5 AM, los casos de consumo de alcohol y drogas desmedidos son parte del paisaje habitual.
Los altibajos son habituales. A veces no se come y ni siquiera se duerme, todo depende de factores concernientes y subjetivos. La emergencia es oferta y demanda. Más gente en la calle, mayor posibilidad de una noche cargada de accidentes de tránsito y problemas originados por el consumo de alcohol y drogas. Los días cálidos y los de principio de mes se presenta el mayor número de casos aunque nunca nada esté dicho. Como un acto mágico, en la emergencia todo puede pasar en una misma línea de tiempo: de la tranquilidad del agua en un tanque a la corriente violenta de una catarata extrema.
"Nosotros tenemos ciertos tiempos", dice Galarza. "A veces escuchás que comentan que la ambulancia llegó 30 minutos tarde. Pero si venís a corroborar eso, desde el despacho, cuando a mí me suena la radio no deben pasar más de ocho minutos hasta que llegamos al lugar".
"Salvo a la noche y en zonas rojas", argumenta el doctor Del Blanco sobre los dichos de su compañero. "Si no nos acompaña la policía no podemos entrar".
"Es relativo", dice Canastrelli sobre el paso del tiempo para llegar a donde está el paciente y explica: "No es lo mismo estar mirando la TV acá que tener un hueso roto, en la calle y en situaciones extremas... el tiempo pasa distinto".
Una de las palabras que nunca deben usarse según los que trabajan en emergencia es "tranquilo". Se hizo el día y la guardia fue tomando su forma final. Sin decirlo, cada uno de ellos retorna a sus casas. La que pasó fue una noche serena, reflexiva y de charlas sobre el trabajo que tuvieron días anteriores. Seguramente la rutina los atrape de nuevo con la pasión que amerita.
Segunda noche

Claudio Rubiolo, conocido por sus compañeros como la Tota, repasa sus libros de historia argentina mientras acontece la guardia de viernes por la madrugada. Habla de San Martin y Belgrano como sus ídolos. Su carrera en el mundo de las emergencias, con 25 años de experiencia, empezó en las guardias de urgencia de los hospitales aunque hoy prefiere el trabajo en la calle. Comparte el turno esta vez con Juan Ditter y los médicos Abel Tamantini y Martín Cánaves, un joven predispuesto que reparte su tiempo entre su familia, el Sies, la guardia del Heca y su trabajo en Puerto San Martín en una base de helicópteros ambulancia de rescate.
Los handies sobre la mesa emiten los pedidos del radiooperador a otras bases. Cánaves comienza la charla hablando de los lazos con la pareja y la familia: "La persona que esté con nosotros debe entender de antemano con quién se está metiendo. Es cierto que con el tiempo, para nuestras parejas y familias, esto se torna algo común pero no deja de ser molesto".
"¡Rompe matrimonios!", exclama la Tota, sonriendo.
"Y si, es una profesión en la que estás muy solo", completa Cánaves.
Desde su experiencia como chofer la Tota habla sobre el manejo de una ambulancia: "Mal usada es un misil con una ojiva nuclear, hay que tener los pies sobre la tierra para estar ahí arriba y saber para que estás, cuál es tu función, tener en claro que adelante, atrás y a los costados tuyo va gente, la sirena se pone, siempre y cuando sea estrictamente necesario".
Martín decide dejar la charla y se acuesta un rato, en la habitación. Juan Ditter y Abel Tamantini descansan hace algunas horas. La Tota se queda solo, repasa sus libros e intenta mirar algo en televisión pero el sueño lo vence y una hora más tarde toma la misma decisión que sus compañeros. La paz y el silencio se adueñan de la guardia; la radio llama con poca frecuencia a otras bases, pasan dos horas y un llamado para el móvil cinco a cargo de Martín y Juan debe ser despachado. En un sueño incompleto a un solo ojo despiertan los profesionales, toman sus cosas y salen rumbo al pedido del operador.
Apenas suben a la ambulancia se colocan guantes de látex... "Es mejor estar preparados", dice Juan y aclara que es un código amarillo, por ende, no es necesario activar la sirena. También dice que influyen otros factores como el tránsito. El despacho es en Paraguay al 1200. La ambulancia toma por Balcarce hasta San Juan, dobla hacia el este hasta Paraguay, tarda solo tres minutos y medio en arribar. La policía ya está en el lugar, pide datos a los testigos. Un matrimonio que pasaba vio la situación e hizo la llamada al 911 al ver a una joven desmayada sobre la puerta de reja de un pasillo a mitad de cuadra.
El doctor Cánaves desciende de la ambulancia y hace los primeros auxilios. Es una joven de no más de18 años en estado de ebriedad avanzada. El enfermero Juan Ditter desciende de la cabina, toma la camilla de la parte posterior y la acerca a la paciente. Entre los dos la suben al móvil y le colocan una vía para estabilizarla. La joven no responde a ningún estímulo.
Mientras esto sucede, una chica que pasa en su auto por el lugar, se detiene por curiosidad y descubre que conoce a la chica que están atendiendo. Un poco nerviosa por la situación casual intenta comunicarse con algún familiar de la joven, pero el intento es fallido. Ante esto decide ser ella quien la acompañe.
Cánaves analiza el caso y decide ir a la guardia del hospital Provincial, es el más cercano. Juan enciende la ambulancia, arrancan. El médico viaja en la parte de atrás en el cubículo acompañando a la paciente. Siguiendo en caravana a la ambulancia, la conocida los sigue con su auto, seguramente, no olvidará más esta noche donde el destino, si es que existe, la puso en ese sitio.
Una vez en el hospital se hace el ingreso. Los trabajadores del Sies dejan el parte médico a sus colegas de la guardia y regresan a la base. Ya es de día. La noche se escondió sin que se dieran cuenta. A la ambulancia habrá que dejarla en la base técnica frente al parque Independencia para sus respectivos controles. Corre un viento apacible... Martín se siente satisfecho, nunca es una noche más, siempre para él es la más importante, mañana también lo será, no hay mucho tiempo para pensar cuando el fin es salvar una vida.

Estructuras

Al Sies pertenecen las centrales de emergencias 107 y la de traslados 930, con dirección unificada, pero tareas diferentes. La primera, a cargo de las urgencias y emergencias en la vía pública, y la segunda, responsable de los movimientos y traslados de pacientes de hospital a hospital, de enfermos crónicos de sus hogares a centros de salud para estudios médicos y traslados de alta de nosocomios a domicilios particulares. Los servicios se prestan con infraestructura propia sin afectar los móviles destinados a emergencia.
Todos los que atienden las llamadas tiene formación médica y están atravesando el último año de la carrera de medicina. Esto se logró mediante un convenio con la UNR. Cuando ingresan, los estudiantes reciben capacitación no solo en recepción de llamadas sino también en emergencias.

En el momento que se hace la recepción de la llamada la misma queda cargada en un sistema informático, se codifica y es tomada por un médico evaluador de la central. Luego el radiooperador hace el despacho del móvil, configurando de acuerdo con los llamados los diferentes códigos (verde, amarillo y rojo). Consulta, urgencia y emergencia, si es código rojo se despacha automáticamente.
La doctora Emilce Ferrari es pediatra y emergencista. Hace 16 años que forma parte del sistema de salud municipal. Hoy cumple el rol de evaluadora en la central. "Es un trabajo de mucha adrenalina, no se puede dudar", dice y agrega: "Mi trabajo es coordinar de forma inmediata como quién y dónde despachar, otra de las cosas es evaluar la seguridad de escena, si es necesario pedir bomberos o policía en zonas conflictivas".
"Cuando los accidentes son graves hay que activar a la seccional de policía porque nosotros no nos encargamos de determinar la culpabilidad, lo mismo si hay un óbito, automáticamente debemos habilitar a la mortera, nosotros vamos constatamos, no firmamos certificados de defunción", manifiesta la médica.
"Estamos pendientes de la vida de todos los ciudadanos de la ciudad, pero abocados a la emergencia y a la urgencia", refiere Cristian Bottari sobre la prioridad del Sies. El medico presta servicio desde hace 16 años y hoy ocupa el cargo de subdirector. Según él, la causa más repetida de atención es el paro cardiorrespiratorio y los accidentes de motos. "Más gente en la calle repercute sobre la cantidad de trabajo", dice. Los días lindos y cercanos a las fechas de cobro que es cuando hay mayor demanda.
"No somos perfectos, somos perfectibles, pero tenemos una dirección abierta si alguien quiere hablar con nosotros lo puede hacer". Quien expone estas palabras es Adrián Pafundi. Como muchos hizo carrera dentro del Sies, pasó por todos los sectores, entró como pasante, después fue médico de ambulancia, ocupó el cargo de coordinador durante seis años, fue subdirector y desde hace dos años está a cargo de la dirección.
Según la OMS cada 100 mil personas debería haber una ambulancia. El Sies cuenta con 15 móviles activos. "Nosotros no medimos producción en los móviles, medimos la calidad de la emergencia que es el acto médico y el tiempo de llegada. En el acto médico la capacitación, que es fundamental, y el tiempo de llegada que se mide desde que entra la llamada hasta que se despacha el móvil. El otro tiempo es el que vos avisás desde la central al móvil y el tercer tiempo es el tráfico y cuando tardás en llegar al lugar", comenta con precisión.
Pafundi está orgulloso de su trabajo. Por eso le dedica todo el tiempo posible. Su celular no para de sonar en todo el día, siempre está conectado. "A veces le digo a la gente que tenemos un trabajo que cuando llegamos a casa podemos decir hoy salvé una vida"

Ubicación de los móviles

•Móvil 1: Hospital Alberdi
•Móvil 2 y móvil 17: Hospital Roque Sáenz Peña
•Móvil 3: Hospital Carrasco •Móvil 4: Policlínico San Martin
•Móvil 5 y móvil 10, Cemar
•Móvil 6: Distrito Sudoeste
•Móvil 7: (Pediátrico) Hospital Vilela
•Móvil 8 y móvil 11: Hipódromo Independencia
•Móvil 12: Geriátrico Provincias Unidas y Presidente Perón
•Móvil 9: Distrito Noroeste
•Móvil 14: Geriátrico Ayolas y Necochea
•Móvil 18: moto Hospital Carrasco
•Móvil 16: moto Cemar
•Móvil Aeropuerto
•Móvil 19: Heca
•Móvil neonatal de alta complejidad: no tiene base es para traslados de neonatales de alta complejidad. Según datos oficiales el Sies atiende anualmente a unas 38.000 personas, recibe unos 1.000 llamados diarios de los que se concretan un promedio de 100 salidas efectivas y 2500 traslados mensuales de pacientes en general tanto a dependencias medicas como altas a domicilios.

Otras actividades relevantes

Mariana Galletti es medica cardióloga y emergencióloga. Desde el año 2001 trabaja en el Sies. Hasta 2009 estuvo en las ambulancias. Su tarea fue armar el departamento de capacitación interna donde hasta hoy se desempeña como coordinadora.
En un primer momento se dictaron charlas quincenales donde se convocaba a profesionales de la red municipal y provincial de salud para impartir conocimiento en diversas áreas de la salud a los empleados del Sies. Después se sumaron los cursos de capacitación a la comunidad de Voluntariado en Emergencia Sanitaria (VES) y Reanimación Cardio Pulmonar (RCP).
Galletti destaca el interés de los rosarinos para recibir capacitación ya que, año tras año, aumenta significativamente el número de inscriptos. En los últimos 4 años más de 13.000 vecinos y vecinas fueron capacitados en primeros auxilios y RCP, de los cuales 6.700 participaron de jornadas combinadas con instituciones en 2017.
"La emergencia me apasionó siempre", dice sobre su experiencia en las ambulancias, además cuenta que una guardia de 24 horas en el Sies pasa rápidamente y sin percibirlo. "Es esa adrenalina que tenés de que todo pende de un hilo y tenés que actuar ya y resolverlo ya".
Otra de las anécdotas que dan cuenta del amor por su trabajo ocurrió durante la tragedia de calle Salta. La médica se encontraba en capacitación, sin embargo, su vocación de servicio la llevó a tomar la decisión de subirse nuevamente a la ambulancia para colaborar con sus compañeros.
Esa vez tenía turno laboral hasta las dos de la tarde pero llamó a su esposo para avisarle que no volvería a casa pronto. Su marido, mecánico dental,la conoció siendo ella estudiante de medicina y comprendió siempre que había nacido para esto. Su hijo de seis años sabe hacer RCP y les enseña jugando a sus amiguitos con los muñecos de emergencia que suele llevar a su casa para reparar.
Limpios y listos

La central operativa situada en Suipacha y Pellegrini frente al parque Independencia, es donde se lavan y esterilizan las unidades móviles, se controla su mecánica, se revisan los aparatos de electromedicina y se reponen los medicamentos, esto se hace diariamente. Allí también funcionan, estadística, administración, farmacia y capacitación.

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