Con voz firme y una emoción que se trasmite a través de la llamada, Matías Bottoni repasa cómo es su vida en Barcelona. A esa ciudad llegó el 23 de febrero y allí lleva adelante su rehabilitación tras el grave accidente en la médula que sufrió cuando competía en el Campeonato Nacional de Natación, hace exactamente un año. “Es complicado, viví muchas cosas que no hubiera querido vivir”, dijo el joven de 18 años a La Capital.
Un año después, Bottoni ya pasó por tres instituciones en Argentina: el Hospital Italiano en Buenos Aires, el Instituto Fleni y la clínica Aprepa (en San Jerónimo Sud). Sin embargo, los recursos en el país se agotaron y el joven tuvo que buscar una alternativa en España. Así llegó al Institut Guttmann, donde hace más de dos meses lleva adelante su recuperación junto a su madre Valeria y llamadas diarias con su padre Luciano y su hermano Juan Ignacio. También sostiene la relación a distancia con su novia Martina.
Tras rendir 18 materias para terminar el secundario, Matías viajó a Barcelona donde lo esperaba una vida nueva, y una ciudad altamente adaptada para personas con movilidad reducida. “No es solamente una rampa en la esquina”, señaló Bottoni y destacó cada cambio que notó en comercios, instituciones, transporte y en las personas que le tocó cruzar, como Jesús, un empleado de seguridad de una tienda.
En Barcelona encontró un aire distinto. Un empujón para continuar con su objetivo de recuperarse de la lesión en la quinta vértebra cervical que le impide caminar. Hasta se animó al deporte y los 25 kilómetros de distancia que hace todas las semanas para practicar rugby adaptado en el club Granollers no son un escollo. Allí encontró contención y amistades. ¿Actividad en el agua? Aún tiene resquemores.
Matias Bottoni Barcelona 8.5
Plaza Jardines de Elche. Matías y su madre Valeria almuerzan día a día en este espacio público
En un mano a mano con La Capital, Matías recordó el accidente, habló de su proceso de recuperación y expuso problemáticas del sector de discapacidad, sobre todo en cuestiones de infraestructura. Lo espera por una terapia innovadora y esperanzado con estirar su estadía en Barcelona.
—Ya pasó un año del accidente...
—Es durísimo porque hace un año estaba allá y ahora estoy acá, o sea, es muy complicado emocionalmente, realmente, es muy difícil. Viví muchas cosas que, la verdad, que no hubiera querido vivir.
La nueva etapa de rehabilitación
—¿Con qué se encontraron en Barcelona?
—No conocía, pero no vine con un fin turístico, vine a tratarme. Me sorprendió que puedo moverme por todos lados y hacia donde quiera. La ciudad se destaca por la adaptabilidad. En Rosario y Argentina se está muy lejos de eso. No se trata solo de una simple rampa en el cordón de la calle. En Barcelona vas a un quiosco o te movés en el transporte público sin problemas. Además, me llamó la atención que vi mucha gente en silla de ruedas, con bastones. Llegué a ver personas con silla de ruedas que la manejan con la boca y van al supermercado. En las tiendas hay carritos adaptados para llevar silla de ruedas. Me sorprende ver tanta gente con discapacidad circulando, pero no es que en Argentina no exista esa gente, sino que muchas veces no tiene la posibilidad de salir. Además, la gente es muy colaborativa.
Una vez fuimos a un negocio y apareció un guardia de seguridad a preguntarme cómo estaba. Le dije que no había robado nada, pero en realidad quería hablar conmigo. El señor, que se llama Jesús, me terminó invitando a participar en un maratón muy importante que se hacía ese fin de semana en Barcelona, porque él la corría. Crucé la meta. No iba a hacer 42 kilómetros en silla, me muero (risas). Después esa persona, sin pedirle nada, me ayudó para estirar la estadía en Barcelona y a veces me visita. Carina es otra persona que está y ella se contactó con mi papá cuando se enteró que venía a Barcelona, le prestó una cama a mi mamá y hermano al principio.
—¿Cómo es el día a día?
—Estamos haciendo un tratamiento ambulatorio. Acá pagamos un alquiler, luego de que el primer mes nos vimos obligados a alquilar en la clínica, que es bastante más caro. Conseguir algo no es fácil. Estamos a 10 minutos en el metro. Pero me tengo que tratar ahora porque en este tipo de lesiones cuanto más tiempo pasa es peor. Se estima, más o menos, que hasta los 2 años de lesión vos podés llegar a tener avances sustanciales. Todavía estamos a tiempo.
El Institut Guttmann en Barcelona
—¿Cómo es tu tratamiento?
—Al igual que en Argentina, el nivel de profesionales es muy alto. En cambio, en el país no tenemos los mismos recursos. El nivel de infraestructura de Barcelona es muy grande. Una de las mayores ventajas del tratamiento es que es individual, en cada una de las cuatro sesiones por día que hago tengo es un profesional dedicado a mí. En Argentina las hacía grupales y había tiempo muerto.
—¿Qué terapias hacés?
—Para la mano hago terapia ocupacional con un aparato especial de electrodos que se colocan para intentar “despertar” lo que no funciona y fortalecer lo que sí funciona mediante corrientes eléctricas específicas. Esa tecnología no la había visto en ningún otro lado. Después hago terapia con exoesqueletos ABLE, que es un aparato en el que vos vas sujeto y, en mi caso, permite hacer el movimiento de la marcha, es decir, simular caminar. Ese ejercicio tiene muchos beneficios a nivel óseo, metabólico, vascular y cardíaco. También ayuda a fortalecer músculos, aunque todavía no tengan suficiente contracción voluntaria.
—¿Hidroterapia estás haciendo?
—Sí, estoy haciendo hidroterapia. De momento, una vez por semana.
—¿Te cuesta desde lo emocional la hidroterapia?
—Sí, esa parte todavía me cuesta.
—¿Otra terapia?
—Ahora estoy esperando empezar una terapia nueva de electroestimulación transcutánea espinal. Es una terapia muy reciente, pero ya aprobada. Hace tiempo que se investigan los chips implantados en la médula para trabajar con impulsos eléctricos, pero en este caso se descubrió que también puede hacerse de manera no invasiva, sin cirugía, usando electrodos especiales colocados sobre la columna. Esos impulsos eléctricos llegan a la médula y generan efectos positivos. Combinados con exoesqueletos y otras corrientes eléctricas, ayudan a rehabilitar la marcha y otras funciones del cuerpo mediante la modulación de las neuronas de la médula. La idea es mejorar la conducción nerviosa. A veces el impulso nervioso llega debilitado; por ejemplo, puede existir la posibilidad de mover una pierna, pero la señal llega muy débil. Lo que hace este estímulo eléctrico es potenciar esa velocidad y tratar de “despertar” funciones que están dormidas.
—¿Sentiste algún avance en tu recuperación?
—Tengo más músculo y más espalda que cuando era nadador, y eso me ayuda muchísimo en el día a día. Voy ganando ciertas habilidades, sobre todo en las manos. Por ejemplo, ya puedo bajar al piso, subir a la silla, aunque también me caí un par de veces y tuve que aprender a levantarme. En las piernas todavía no puedo decir que haya tenido avances importantes y obviamente me gustaría recuperar movimiento. Todo va muy lento.
Entre Barcelona y Rosario
—Se te nota más entero desde ahora que estás en Barcelona. Tu voz es otra...
—Ni me acuerdo cómo era mi voz hace unos meses, pero creo que también tiene que ver con haber vivido las dos realidades: cómo estaba allá y cómo estoy acá. Mejor que esto, no sé qué puede haber. El conflicto lo tenemos desde lo económico, tenemos un dinero para estar acá gracias a la gente que ayudó muchísimo. Estamos recortando en gasto a full para sostener todo en el tratamiento. También estamos a la espera de a ver si podemos lograr alguna ayuda de la obra social para estar más tiempo en Barcelona.
—¿Qué extrañás de Rosario?
—Principalmente mis vínculos. Por supuesto que extraño la vida que tenía hace un año, y no te voy a mentir que preferiría estar como estaba hace un año en mi casa y no acá. Es hermoso Barcelona, pero yo quiero estar en mi casa. Estar acá me permitió tener un poco de vida y en Argentina no hay muchos lugares preparados para una silla de ruedas.
Para afrontar la recuperación de Matías en España, la familia Bottoni mantiene una campaña solidaria permanente. Se puede donar mediante transferencia bancaria a través del Banco Santander a la cuenta de Luciano Bottoni, mediante el CBU: 0720101788000035926254 o al alias: LUCIANOMARTINBOTTONI.