DIEZ AÑOS SIN PAULA PERASSI

Para la Justicia, quedó demostrado quiénes la desaparecieron, pero no que esté muerta

Una Sala de Apelaciones revocó el fallo absolutorio y condenó al amante y a su esposa. La decisión fue apelada. El caso quedará en la memoria como una causa abierta, y siempre con la misma pregunta: ¿Dónde está?

Sábado 18 de Septiembre de 2021

Paula Perassi, de 34 años, salió de su casa la noche del 18 de septiembre de 2011 para hacer "un recado". La esperaban su esposo y sus dos hijos. Nunca volvió. Tiempo después se supo que su matrimonio estaba prácticamente quebrado, que mantenía una intensa relación amorosa con un empresario de Puerto San Martín, y que cursaba un embarazo de seis semanas, quizás producto de ese vínculo sentimental. No quería abortar. La buscaron por agua y tierra en los lugares más inhóspitos, sobre su paradero se dijo de todo. Pero lo cierto es que a diez años de su partida jamás se halló su cuerpo.

Nueve personas (cuatro civiles y cinco policías) fueron a juicio, bajo la hipótesis acusatoria de que a Paula la hicieron abortar contra su voluntad y que en ese acto perdió la vida, mientras que una complicidad policial hizo posible que el cuerpo desapareciera, o al menos que nunca se supiera de su paraderos. Todos fueron absueltos por falta de pruebas.

Sin embargo, el 28 de noviembre de ese año mismo año (2019), la Sala I de la Cámara de Apelaciones de Rosario revocó parcialmente el fallo de primera instancia. El tribunal compuesto por y Gustavo Salvador (presidente) Carolina Hernández y Javier Beltramone (este último votó en disidencia) condenó en fallo dividido a Gabriel Strumia y a su esposa Roxana Michl. Al primero lo sentenció a 17 años de prisión por considerarlo responsable del delito de privación ilegal de la libertad coactiva, agravada por tratarse la víctima de una mujer embarazada, y a la esposa, a seis años y medio por el mismo delito como partícipe secundaria. Vale la pena indagar sobre ese fallo, como lo hizo oportunamente La Capital.

Los camaristas no hicieron lugar al pedido de prisión preventiva, y les impuso a los condenados la obligación de comparecer semanalmente en la Oficina de Gestión Judicial de San Lorenzo, la prohibición de abandonar el país y la de modificar domicilio sin conocimiento del Ministerio Público de la Acusación (algo que más adelante también sería revocado).

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Los tribunales rosarinos, en la audiencia de revisión de las condenas.

Los tribunales rosarinos, en la audiencia de revisión de las condenas.

Entre otros cuestionamientos, el tribunal consideró que los jueces que absolvieron a los acusados no tuvieron en cuenta (aunque dijeron que lo harían) la perspectiva de género; "dejaron de creer en la víctima incluso cuando esta advirtió que podía pasarle lo peor, tomaron como válidas pruebas presentadas de manera extemporánea y de dudosa calidad y legitimidad, mientras que desecharon otras que sí daban evidencias unívocas de lo sucedido.

El tribunal de segunda instancia consideró que los de primera creyeron en la palabra de la víctima pero sólo hasta un punto, lo que orientó la decisión final en un sentido. Un punto crucial tratándose de de un delito en el que no hay cuerpo de la víctima. Y que, a pesar de que habían dicho que analizarían el caso con perspectiva de género, no se tuvo en cuenta lo que manifestó la víctima las dos últimas jornadas previas a su desaparición.

No se consideró, por ejemplo, la reunión con un médico en Rosario para que Paula se realizara un aborto, práctica de la cual la mujer se arrepintió y decidió continuar con su embarazo (para la defensa, esta consulta no existió). Ni que la víctima le dijo a su amigo Freijomil que "si de ahora en adelante no me ves más es que pasó lo peor".

El momento crítico en la historia fue, para el tribunal, el día anterior a la desaparición de Paula, en que ocurre el viaje a Rosario. A partir de allí, Gabriel Strumia, quien se oponía al embarazo y quería que su amante abortara, cambió abruptamente su actitud y dejó de atenderle a la mujer los llamados, siendo que entre ellos había hasta entonces "entre 200 y 300 comunicaciones diarias".

Sin embargo, hubo una llamada crucial el 18 de septiembre de 2011 desde un locutorio cercano al domicilio de Paula. Los camaristas que votaron la condena consideran que ese llamado fue, efectivamente, de Strumia, que hizo salir a la víctima de su domicilio. Para el tribunal, a partir de allí se sucedieron una serie de pruebas y coartadas que a su juicio fueron determinantes y orquestados a fin de posicionar a Strumia en un lugar y en un momento distinto a donde estuvo, que fue en ese telecentro.

La historia del cerco

Una de esas coartadas era la de demostrar que el hombre no estaba en el locutorio al momento de la llamada, sino que estaba haciendo un cerco para una pileta en su domicilio de Puerto San Martín. Se analizó el video presentado por la defensa de Strumia en 2016, cinco años después de la desaparición de la mujer, siendo que el amante ya llevaba tres años y medio de encierro y que esa prueba podía serle útil desde el principio.

Ese video fue exhibido en juicio por el hijo mayor del matrimonio Strumia, Nicolás. Pero el tribunal entendió que si alguien tiene una prueba que dice que su padre estaba en otro sitio la habría presentado enseguida. Incluso se puso en tela de juicio la calidad de los fotogramas y la eventualidad de que se haya realizado un montaje sujeto a edición.

Los jueces, o al menos quienes votaron la condena, consideraron que fue Strumia quien llamó a Paula a las 20.46 del 18 de septiembre desde un telecentro, y a las 20.48 hizo un llamado a la familia que fue captado por una antena de telefonía celular. Para ellos, la confusión del tribunal de primera instancia radica en un error del informe de Nextel que decía que la antena estaba en Puerto San Martín, cuando se comprobó que era de San Lorenzo.

Además, dieron por cierto el entrecruzamiento de llamados que muestra cómo Strumia se fue moviendo desde las 20.20 a las 20.48 desde puerto San Martín hasta San Lorenzo. Para el tribunal eso no se valoró acertadamente (empezando por el primer error de ubicación) y "está acreditado que fue Strumia quien hizo salir a Paula de la casa".

Este es un punto neurálgico a partir del cual se construyeron un montón de coartadas para posicionar a los principales acusados en lugares donde no estaban. Strumia recibió 21 llamadas de teléfono y ninguna impactó en ninguna antena. Algo estaba haciendo. La defensa dijo que se le había perdido el teléfono y lo llamaban para buscarlo. Después dijeron que se había quedado sin batería.

También se analizó un llamado de auxilio realizado con posterioridad a la desaparición, cuando el teléfono de Strumia ya había sido intervenido, y que los camaristas descartaron por falso, lo que era un simulacro para desviar la atención de la investigación, en una maniobra calificada como burda. Asimismo se tuvo en cuenta el intento que tuvo Nicolás, hijo del matrimonio, de hackear el Facebook de Paula, para lo cual pidió ayuda a un amigo con la excusa de que tenía una amiga que andaba en "cosas feas". Este amigo se llama Walter Garis, declaró en el juicio y el tribunal no realizó valoración sobre su testimonio.

Mientras tanto, los teléfonos de Paula nunca aparecieron; ni el que terminaba en 597 ni el finalizado en 414, una línea que había contratado con Strumia en San Nicolás, y que ambos usaban alternativamente. Justamente, desde ese 414 se envió al teléfono del amante un mensaje cuatro días después de la desaparición, en el que la muchacha le decía que estaba “en San Juan”, que se encontraba bien y que no la “molestara más”. Esos mensajes Strumia se los mostró a la policía para desincrimarse, en una maniobra considerada burda y distractiva.

Todos estos argumentos, y muchos otros, fueron publicados oportunamente por La Capital, cuando se conocieron los fundamentos del fallo. En ellos, el tribunal de apelación recibió y tejió una serie de indicios que, a su juicio, y al contrario de los jueces de primera instancia, sí eran unívocos, direccionados, para interferir en la investigación, intentando demostrar que la víctima aún estaba con vida.

El tribunal concluyó que Strumia obligó a Paula a salir de la casa y la privó de la libertad, pero no pudo avanzar más en la hipótesis del homicidio, y menos a raíz de un aborto, porque consideró que no hay elementos para acreditarlo. Los camaristas sí tuvieron en cuenta, en cambio, ciertos agravantes, como el hecho de que Strummia simularse desconocer lo que pasó, siendo amigo del padre de la víctima, y por su renuencia a señalar lo sucedido, cuando los padres de Paula imploran por saber dónde está su hija, si la mataron, y sobre todo, dónde están sus restos.

A fines del año pasado, las condenas fueron revisadas y ratificadas por el Tribunal conformado por José Luis Mascali, Bibiana Alonso y Gabriela Sansó. El matrimonio debía volver a la cárcel.

Apelación mediante, el lunes 17 de mayo de 2021, la Cámara Penal confirmó la prisión preventiva de Strumia y de su esposa. El camarista Carlos Carbone ordenó que el condenado a 17 años de prisión, y su mujer (seis años de sentencia) sigan tras las rejas a la espera del fallo de la Corte que analiza la sentencia condenatoria, a pedido de la defensa.

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El matrimonio Perassi, tras el fallo que ratificó las condenas.

El matrimonio Perassi, tras el fallo que ratificó las condenas.

Por su parte, la querella que representa a la familia de Paula presentó un recurso extraordinario federal ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que se revise la figura de la "estructura desaparecedora" por la que fueron absueltos los cinco policías y los dos civiles en el juicio de principios de 2019.

En la presentación, los querellantes Adrián Ruiz y José Ferrara recordaron que en el juicio el antropólogo Juan Nóbile, del Equipo Argentino de Antropología Forense, dijo que "una sola persona no puede hacer desaparecer a otra; que es necesaria una estructura". Los abogados creen que los días posteriores a la desaparición hubo una "investigación errática, que el comportamiento de la policía anticipaba cada movimiento, a los fines de que los hoy condenados pudieran lograr impunidad", por lo que hablan de una "connivencia".

Gran deuda

Así, se cumplen diez años de la desaparición de Paula Perassi, el caso que conmovió a San Lorenzo, a la región, y llamó la atención del país.

Desde aquel día en que el juez Filocco le dijo al padre de Paula "quedate tranquilo, tu hija anda con un tipo, ya va a volver", todo lo que pudo ser investigación del caso arrancó mal. Porque desde el principio, la mirada de puso en la víctima.

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Cualquiera puede ser Paula. La media imagen de la víctima se confundió con centenares de rostros.

Cualquiera puede ser Paula. La media imagen de la víctima se confundió con centenares de rostros.

El caso tuvo tantas marchas y contramarchas que hay que remontarse al primer día, pese a que en rigor la noticia se fue ventilando con el tiempo, creciendo y arrasando como un alud. Fueron tantas las idas y vueltas que resultó desconcertante.

Pero hubo un hilo conductor en todo este tiempo. Un padre que se puso en las espaldas la pesada mochila de reclamar por su hija, que buscó huellas, testigos, se encadenó en los tribunales, encabezó marchas, que tuvo que pedir protección cuando atentaron contra su taller y pasó gran parte del proceso provisto de un chaleco antibalas. Alberto Perassi hizo todo lo que pudo, desde la humildad. Se sintió traicionado por sus viejos amigos, por los que sabían de qué venía la cosa, por los que callaban lo que sabían (y quizás también por los que hablaron de más, sin saber), por la Justicia sanlorencina, por los que le ofrecían ayuda.

No se cansó de decirlo: la desaparición de Paula fue, a su juicio, "responsabilidad de los poderes del Estado" (político, judicial, fuerzas de seguridad). El apoyo vino de la gente y de los medios, que iban siguiendo paso a paso las alternativas de un caso cuya investigación se volvió errática, confusa y poco eficiente. Las organizaciones feministas, de defensa de género y de derechos humanos se pusieron de su lado. La familia logró un marco de contención afectivo y militante. Pero lo que había enfrente era más turbio e impenetrable.

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La gente fue el gran apoyo que tuvo la familia para seguir adelante.

La gente fue el gran apoyo que tuvo la familia para seguir adelante.

Si dudas, el caso Perassi es una de las grandes deudas con los padres, con la sociedad en su conjunto, pero sobre todo con los hijos de la víctima. Porque todos se siguen haciendo la misma pregunta: ¿Dónde está Paula?

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10 años sin Paula Perassi

Especial 10 años sin Paula Perassi

1- La mujer que salió a hacer un mandado y no apareció nunca más

2- Un cuerpo que fue buscado, sin éxito, hasta en la profundidad de la tierra

3- Sin pruebas que convencieran a los jueces, todos absueltos

4- Para la Justicia, se demostró quiénes la desaparecieron, pero no que esté muerta

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