En un discreto taller ubicado sobre avenida Peñalozza, en la ciudad de Santa Fe, no hay líneas de montaje, robots ni relojes que marquen el final de la jornada. Allí, entre tubos de acero, chapas de aluminio, moldes de fibra de vidrio y herramientas que acumulan años de uso, una familia persigue desde hace décadas el mismo sueño: construir automóviles desde cero.
Esa apuesta artesanal acaba de recibir un reconocimiento internacional. Un deportivo fabricado íntegramente en la capital provincial obtuvo el primer premio de su categoría en Autoclásica 2026, la exposición de autos y motocicletas clásicas más importante de Sudamérica, desarrollada en el hipódromo de San Isidro y que este año reunió a más de 1.200 vehículos de distintas épocas y procedencias.
El automóvil premiado es una Ford-Barchetta construida por Helguero Sport, el emprendimiento familiar encabezado por Oscar Helguero junto a sus tres hijos. Cada una de las piezas fundamentales del vehículo fue desarrollada en su taller: el chasis, la estructura, la carrocería y gran parte de los componentes que dan forma a un deportivo que parece salido de las competencias europeas de finales de los años cincuenta.
La distinción no fue un reconocimiento cualquiera. En una muestra donde participan restauradores, coleccionistas y especialistas de todo el continente, el jurado destacó la calidad constructiva, la fidelidad conceptual y el nivel de terminación alcanzado por un automóvil nacido lejos de las grandes fábricas y concebido enteramente con trabajo artesanal.
"Esta es la tercera unidad Ford-Barchetta que construimos", cuenta Helguero todavía emocionado por lo sucedido en San Isidro.
Un taller santafesino que fabrica autos
El vehículo está inspirado en los deportivos de fines de los años 50. Es un biplaza de carrocería abierta con construcción mixta en plástico reforzado con fibra de vidrio y aluminio. Cuenta con chasis tubular reticulado, motor delantero derivado del clásico Ford seis cilindros 221 pulgadas cúbicas, caja ZF de cuatro velocidades y transmisión trasera con eje Dana 30.
La mecánica se complementa con dirección a cremallera de acción directa y frenos delanteros a disco asistidos por servo. Pero el atractivo del automóvil no se limita a lo técnico. La recreación estética de época fue trabajada hasta en los más mínimos detalles.
En la cola aerodinámica se ubicaron el tanque de combustible, la rueda de auxilio y la batería, permitiendo además disponer de un pequeño espacio para equipaje. En el habitáculo aparecen butacas de competición con cinturones de seguridad, tablero de aluminio inspirado en los años dorados del automovilismo y un volante de tres rayos con aro de madera.
El parabrisas bajo y curvo, construido en policarbonato, reproduce el estilo de los autos de competición de mediados del siglo pasado. Las ópticas delanteras están cubiertas por burbujas transparentes moldeadas según las líneas de la carrocería y la tapa de combustible de apertura rápida también fue diseñada respetando los cánones estéticos de aquella época.
"Creemos que logramos un buen producto y esta premiación es una muestra de eso", resume el constructor.
Un sueño que empezó en la escuela
La historia de Helguero con los automóviles comenzó mucho antes de que existiera el taller familiar. "Desde chico construía autitos de madera. Mientras los demás jugaban, yo trataba de imaginar cómo hacer un auto. Primero lo armaba en mi cabeza y después intentaba que funcionara de verdad, que las ruedas giraran, que doblara, que se abrieran las puertas. Creo que todo empezó ahí", recuerda.
Aquella curiosidad infantil terminó transformándose en un oficio y en una forma de vida. Hoy comparte el proyecto con sus hijos, quienes participan activamente en cada construcción.
Un emprendimiento familiar
"Trabajamos en familia. Por supuesto que hay discusiones, pero siempre avanzamos. Uno de mis hijos es ingeniero y entre todos vamos resolviendo cada desafío. También escuchamos mucho al cliente porque la personalización es fundamental. Cada auto es distinto y lleva muchísimo tiempo. Esto no es producción en serie. Acá se hace todo de manera artesanal", señala.
El premio llegó cuando menos lo esperaban. Helguero viajó a Autoclásica invitado por la Escudería Santafesina de Automóviles Antiguos, entidad de la que forma parte. La idea inicial era compartir el fin de semana con amigos, exhibir el vehículo y disfrutar del evento.
Sin embargo, desde el primer día comenzaron a notar que el auto despertaba una atención especial. "Veíamos que la gente se acercaba mucho al stand, pero pensamos que era algo normal. Después apareció el jurado, nos hizo preguntas técnicas y seguimos con nuestras actividades. Más tarde volvieron a visitar el auto, pidieron verlo en marcha y observaron detalles de la mecánica. Ahí empezamos a pensar que podía pasar algo", relata.
Lo que vino después todavía lo conmueve. "La noche del sábado estábamos cenando con los socios del club cuando llegó el mensaje avisando que preparáramos el auto porque iba a ser premiado. Nos largamos todos a llorar. Hasta que no subís a la rampa no sabés si sos primero o segundo. Cuando llegó el momento entendimos que habíamos ganado el primer puesto. Después de eso recuerdo poco. La emoción fue enorme y todavía no termino de caer", admite.
El esfuerzo de representar a Santa Fe
La presencia santafesina en Autoclásica fue coordinada por la Escudería Santafesina de Automóviles Antiguos, que trasladó ocho vehículos seleccionados para participar del encuentro.
Su coordinador, Luciano Caturelli, destaca que detrás de cada presentación existe un enorme trabajo colectivo. "Llegamos a esta muestra con mucho esfuerzo. Hay meses de organización, logística y actividades para reunir recursos. Realizamos cenas, buscamos apoyo de amigos y familiares y viajamos con ocho camionetas y tráileres para poder estar presentes. Recibir este premio es una enorme satisfacción para los constructores y para el club", sostiene.
Para Caturelli, la distinción tiene además un valor simbólico. "Es el segundo año consecutivo que obtenemos reconocimientos con autos fabricados en talleres que casi nadie conoce. En esos lugares se guarda un talento extraordinario y nuestra misión es visibilizarlo. Muchas veces hablamos de industria o innovación mirando hacia otros lugares, pero acá, en Santa Fe, hay personas capaces de construir vehículos de altísimo nivel con sus propias manos."
El otro éxito santafesino: el almanaque de Bucci
El espacio de la Escudería Santafesina también tuvo otra curiosidad que despertó el interés del público. Durante los cuatro días de exposición se distribuyó un almanaque 2027 dedicado a la obra de Oreste y Clemar Bucci, diseñado por Sebastián Maidana e impreso por la Imprenta Oficial de la Provincia.
La publicación mostraba distintos vehículos construidos por la emblemática familia de Zenón Pereyra y promocionaba el museo dedicado a preservar ese legado. "La gente se acercaba directamente a pedirlo. Muchos llegaban diciendo que querían el almanaque de Bucci. Fue un éxito inesperado", cuenta Caturelli.
Mientras tanto, en el taller de avenida Peñalozza ya volvieron al trabajo cotidiano. Las herramientas recuperaron su lugar sobre los bancos, los planos regresaron a las mesas y la rutina siguió adelante. Pero algo cambió para siempre: desde ahora, uno de los mejores autos artesanales de Autoclásica lleva sello santafesino y confirma que, detrás de un portón común de barrio, puede esconderse un talento capaz de impresionar a los jurados más exigentes del continente.
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