"Turno mañana NO hay clases", decía el papel afiche color naranja con el que se encontraron los chicos que este jueves llegaron hasta la escuela primaria José Ortolani, una de las más grandes del barrio Empalme Graneros. Unas horas antes, la portera del establecimiento había encontrado una nota manuscrita en un papel con un mensaje que no terminaba de entender, pero con una firma clara: una bala pegada. La decisión de suspender la actividad no se pensó demasiado. No es la primera vez que estas intimidaciones llegaban a las escuelas de la ciudad: en lo poco que va del ciclo lectivo, otros tres establecimientos tuvieron que alterar su rutina después de haber recibido amenazas. Para los maestros, se usa a los colegios como "amplificadores" de mensajes narco.
La escuela Nº 1.319 está ubicada en Génova al 6400, una de las calles principales de un barrio que en el último mes fue el epicentro de un conflicto entre vecinos y vendedores de droga al menudeo que ganó escena nacional tras el asesinato de Máximo Jerez, el niño de 11 años baleado al quedar en medio de un ataque a un búnker. Si bien el mensaje de la nota que encontró la asistente escolar no trascendió, se supo que el escrito mencionaba algo de este contexto.
El edificio de ladrillo visto comparte la misma manzana con una escuela secundaria y una primaria. Cruzando la calle funciona el centro de salud del barrio. Todos los días, calculan los vecinos, unos dos mil niños, niñas y adolescentes llegan hasta el complejo educativo, donde además funciona el comedor escolar. Sin lugar a dudas, la cuadra de Génova al 6400 no es cualquier lugar del barrio.
Hace tiempo que en el interior del establecimiento educativo hay un agente policial que hace horas adicionales. Sin embargo, el uniformado no habría advertido cómo el mensaje intimidatorio atravesó las rejas de la escuela que, después de que los docentes dieron aviso a las autoridades, se llenó de policías y gendarmes.
La fiscalía de Flagrancia dio los primeros pasos en la investigación. Pidió la intervención del gabinete criminalístico y derivó las actuaciones a la unidad de Extorsiones. En el lugar circuló con insistencia la versión de que otra escuela del barrio también había recibido un mensaje similar. Sin embargo, el personal de investigación no había recibido ninguna denuncia de otra escuela de la zona.
Una vez más
En la comunidad de la escuela de Empalme Graneros reinaba el temor y la angustia. El secretario general de Amsafé Rosario, Juan Pablo Cassiello, destacó que la amenaza no estaba dirigida a la institución ni se relacionaba con ningún acontecimiento propio de la vida escolar, sino que utilizaron al establecimiento para visibilizar una intimidación.
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"Usaron a la escuela como amplificadora del mensaje. Este escrito aparece como una señal de la más absoluta impunidad en un barrio que está en la mira de todo el país, un lugar por donde a diario pasan 2 mil alumnos, que está en un sitio muy visible y que debería estar más protegido. No es la escuela, hay una demostración de absoluta impunidad que genera preocupación", destacó.
Más allá del contexto particular que se vive en el barrio de la escuela Ortolani, no es la primera vez que una institución educativa tiene que suspender sus actividades porque recibe una nota intimidatoria. Situaciones que, claramente, muestran el corrimiento en los límites de la violencia.
El lunes 6 de marzo la escuela Nº6.430 Isabel La Católica tuvo que interrumpir las clases. Durante la noche del domingo, desconocidos abrieron fuego conta la escuela de la esquina de Grandoli y Ayolas. En el lugar no sólo quedaron vainas servidas, sino también una nota de contenido intimidatorio.
Tres días después, los padres de los alumnos de la escuela Tomas Espora, de Superí al 2400, fueron a retirar a media mañana a sus hijos del establecimiento. En la vereda del edificio escolar habían descubierto un mensaje escrito, aparentemente con una piedra, con la amenaza "clases o tiros". La escuela está ubicada a escasos 30 metros de la comisaría 30ª, un centro de salud y otro establecimiento educativo.
El 22 de marzo pasado, la alarma sonó en la escuela Nº 61 Juan Galo Lavalle, de Juan Manuel de Rosas al 4000. Directivos y docentes de la primaria suspendieron las clases del turno mañana al encontrarse con una nota intimidatoria en el hall del establecimiento. La nota mencionaba a un interno de la Unidad de Detención de Coronda.
El racconto marca el cambio de época. "Hasta hace poco tiempo, los docentes pensábamos que el delantal era una protección, que las escuelas eran intocables, que estas cosas no pasaban. Pero eso ya no es más así", se lamentó el dirigente gremial.
El jueves por la tarde, la escuela Ortolani volvió a recibir a sus alumnos. Sin embargo, muchas familias optaron por no llevar a sus hijos. Los docenes saben que estos breves episodios no son inocuos, que después de que suceden no es fácil volver a la normalidad. "Son situaciones que exceden a la escuela, pero impactan en la escolaridad de los chicos", apuntó Cassiello y recordó que en medio de una asamblea realizada el año pasado en la zona del Fonavi de Roullión y Segui, tras el asesinato de Valentín Solis y Eric Galliz, una madre de la comunidad escolar anunció que su hija no iría más a la escuela ya que sentía que no estaban dadas las condiciones de seguridad.
"Las consecuencias llegan a este punto. No nos tenemos que acostumbrar a esto", concluyó.
La escuela es el medio
Casi al mismo momento en que la escuela de Empalme se llenaba de uniformados, funcionarios y medios de comunicación, el gobernador Omar Perotti y el intendente Pablo Javkin participaban del acto de inauguración de las instalaciones del colegio Nuestra Señora de la Esperanza, de barrio Rucci. Ambos mandatarios repudiaron lo sucedido a sólo 30 cuadras del establecimiento religioso que cortaba cintas.
"Las escuelas no son las destinatarias de la violencia. Allí se dejan los mensajes para que lleguen a otro sector”, expresó el mandatario provincial y consideró que esos episodios “representan distintas instancias de desafíos. Podrán durar más o menos, pero con las investigaciones, los allanamientos, se van esclareciendo hechos. Se tiene que remarcar que no da lo mismo. No hay impunidad. Tenemos que generar todas las acciones que nos permitan avanzar hacia una mejor prevención del delito”.
Por su parte, Javkin apuntó contra las fuerzas federales apostadas en Empalme Graneros por no haber intervenido a tiempo para impedir o detener a los responsables del episodio de intimidación que tuvo como escenario la escuela Ortalani. "Fue una clara falla de la custodia del bario", sostuvo.
Para el intendente, lo sucedido en la institución educativa "lamentablemente fue algo que no se impidió con la presencia de las fuerzas federales. Pero también hay que ver hasta dónde le damos el espacio a estas bandas para que nos usen de rehenes con extorsiones públicas. Después, ya conocemos los orígenes de las amenazas. O son carcelarias o son de las mismas bandas que traen la droga. Es un aprendizaje que todos tendremos que hacer”, señaló.