Terminan la jornada agotados. Los bioquímicos y enfermeros que están hisopando a los rosarinos para saber si son "positivos de Covid", como se dice popularmente, están teniendo más trabajo que nunca. Algunos llegan a hacer de 30 a 50 test por día. Eso implica arribar a los domicilios, explicar la técnica, responder preguntas de las personas que están preocupadas y ansiosas y cuidar al extremo las medidas de bioseguridad para no infectarse. El ritmo se aceleró como la curva de contagios en un momento de altísima circulación del virus en la ciudad. Después de hacer el recorrido de cada jornada, de guardar cada muestra correctamente, de cumplir con el proceso administrativo que les toca, de dejar los tubos que contienen el material en el laboratorio, se quitarán todo el traje que los protege (y que también cuida a los otros de potenciales contagios) y podrán finalmente descansar por algunas horas, para arrancar de nuevo. La Capital habló con Agustín Tibaldo, Silvia Temperini y Mariela Irusta, tres de los cientos de "hisopadores" que cumplen con una tarea fundamental en esta pandemia.
Agustín Tibaldo (bioquímico): "Nadie quiere que los vecinos se enteren que van a hisoparlo"
Recién llega de la calle después de hacer 30 hisopados. 30 domicilios. En un solo día visitó a 30 personas ansiosas por saber si tienen o no Covid-19. Agustín Tibaldo es uno de "los hisopadores". Tiene 26 años, es bioquímico y se nota que le pone muchas ganas a lo que hace. Uno de los profesionales que transitan sin parar las calles de la ciudad para cumplir con una tarea fundamental en esta pandemia: hacer el test que confirma o no si una persona tiene coronavirus. Habla con gran entusiasmo aunque después admitirá que no hay modo de no llegar agotado al final del día porque "el ritmo de trabajo de estas últimas semanas es tremendo". La experiencia es sin dudas intensa. Y con una curva ascendente y acelerada en cuanto al número de contagios lo será aún más. El bioquímico cuenta que cuando se desató la pandemia los hisopados eran casi todos negativos y se hacían más que nada por prevención. "Si aparecía un positivo era rarísimo. Ahora es exactamente al revés. Te diría que ya con ver a la persona, después de tantos casos que he visto, me doy cuenta si tiene o no Covid-19, porque además, los que se hisopan ahora tienen al menos dos síntomas, no es como al principio", cuenta.
Entre las particularidades de este presente en Rosario, Tibaldo menciona que las personas no quieren que los vecinos se enteren que van a ser hisopados. "Diría que es una de las características fuertes. Nadie quiere que el otro sepa que puede tener Covid-19. Me dicen: vamos adentro para que no me vean". El temor a ser discriminados o incluso escrachados pisa fuerte todavía. Lo curioso, agrega el profesional, es que por ejemplo en una misma tarde le tocó hacer tres domicilios en la misma cuadra. "La cantidad de casos es muy importante, los números que están viendo no mienten", remarca.
Una pregunta que aparece casi de inmediato es si el procedimiento va a doler. "Les explicamos que van a sentir una molestia que no llega a ser dolor. Es importante transmitir calma", señala."Hay un lagrimeo que se escapa al finalizar el test, que es típico, una reacción lógica. Y en general todos terminan tolerándolo bien". El bioquímico no pierde la oportunidad de insistir con la necesidad de aislarse si uno tiene síntomas compatibles con Covid-19 o estuvo cerca de un caso confirmado. "Me ha pasado de ir a un domicilio para un hisopado y que la persona no esté porque se fue al banco", dice aún con sorpresa, mostrando que en algunos casos hay irresponsabilidad o desconocimiento sobre qué hay que hacer si uno tiene señales de la enfermedad o estuvo en contacto en los últimos días con alguien que dio positivo. "Parece mentira que con tanta información no sepan que no pueden andar por ahí si tienen señales de Covid o son contacto estrecho", puntualiza. Así también se encuentra con pacientes que ante la mínima duda ya se autoaislaron, que están en su dormitorio, separados del resto de la familia y allí lo esperan. La necesidad de conocer rápidamente el resultado es otra constante. "Quieren saber si tienen o no Covid lo antes posible. Nosotros estamos dándoles esa respuesta en 24 horas o quizá antes", explica el bioquímico que trabaja para el grupo Gamma. "Además de hisopar, algo que normalmente hacemos los bioquímicos, tenemos que llevar el mensaje de los cuidados y el asesoramiento sobre cómo manejarse mientras esperan. La contención y la información clara también son parte de nuestra tarea en esta pandemia", enfatiza Tibaldo.
Silvia Temperini (enfermera): "Ando envuelta como si fuera un astronauta"
Desde hace 27 años Silvia Temperini es parte del equipo del centro de salud San Vicente de Paul de Puente Gallego, una zona vulnerable de Rosario. Es enfermera y ama lo que hace, tanto que le duele que los vecinos no la reconozcan cuando sale a hacer los hisopados "envuelta como si fuera un astronauta, porque así ando".
Colocar vías para pasar un suero, poner inyecciones, curar una herida leve, vacunar, son algunas de las muchas tareas que cumple desde hace tanto tiempo. Pero hisopar es una novedad para ella, un procedimiento en el que se tuvo que capacitar ante los requirimientos que impuso la pandemia de Covid-19.
"Adoro el vínculo con la gente. Acá todos saben lo que brindamos desde el centro de salud, cada compañero, y en este momento tan especial, sostener ese vínculo con distanciamiento es todo un desafío", reconoce. "A algunos los voy a hisopar y mientras me preparo me dicen: ¡pero vos sos Silvia! y eso los tranquiliza. La pandemia no es solo el virus sino todas las cuestiones subjetivas que no pueden desatenderse", comenta la enfermera, que admite que para ella los cambios que impuso a su trabajo el Covid- 19 fueron "un cimbronazo".
Admite que la tarea en equipo la sostiene mucho y que esa es una de las fortalezas de los centros de salud en este momento. "Lo mismo que tener un liderazgo claro, como nos sucede con la trabajadora social Florencia Travatoni que es quien está a cargo y no se pierde detalles". Asegura que no vive con miedo la experiencia de ser "hisopadora" y que con el equipo de protección puesto y usado correctamente no hay por qué tener temores.
"En los barrios los testeos fueron aumentando a la par de la circulación comunitaria. Ayer (por el jueves) visitamos 206 domicilios, entrevistamos a 795 personas e hisopamos a 46, porque con el plan Detectar se hisopa a quien tiene síntomatología. "Es un trabajo arduo pero tiene sus satisfacciones. La gente nos alienta, nos dice que no aflojemos, nos piden que nos cuidemos", relata con emoción.
Sobre le hisopado en sí admite que la técnica puede resultar estresante para los vecinos y que siempre preguntan si va a doler. "La segunda pregunta inevitable es cuándo está el resultado".
"En esta pandemia, además de aprender cosas nuevas como es hacer hisopados orofaríngeos y nasofaríngeos, estamos trabajando con mucha fuerza en la contención y en la concientización. Hasta que llegue la vacuna esas son nuestras mejores herramientas", dice.
Mariela Irusta (enfermera): "Los varones son más miedosos cuando se tienen que testear"
"En los comienzos de esta pandemia todo fue un poco critico: el no saber, no entender a qué nos enfrentábamos. La incertidumbre en relación a si íbamos a tener todos los elementos de protección. Pero nos aferramos al trabajo en equipo, la experiencia y la capacitación", cuenta la enfermera Mariela Irusta, del Policlínico San Martín, quien antes estuvo durante 13 años en el Hospital Carrasco.
Habla de esperar y esperar el famoso pico que nunca llegaba. Hasta que ahora parece ser una realidad. "Todo este tiempo nos sirvió para armar nuestras rutinas, saber cómo vestirnos en cada sector, con qué cuidados sacarnos las máscaras y los trajes, y cómo manejarnos técnicamente. También desde lo psicológico", agrega.
"La de hisopar es una experiencia única y trascendental", describe quien pasó buena parte de su carrera atendiendo todo lo que sucede en una guardia pero que ahora tiene que transitar los barrios y hasta formar a integrantes de otros equipos de salud en el manejo de las particularidades que acarrea el Covid-19. Al igual que sus compañeros y compañeras que hisopan admite que la pregunta de rigor de las personas que se van a testear es si esos "palitos largos" que se colocan en la garganta y en la nariz van a doler. "Los varones son los que más se resisten, los más miedosos cuando se tienen que hisopar", reconoce, y asegura que "si está bien hecho no deben sentir más que una molestia".
La ansiedad por saber si se contagiaron o no es un denominador común entre los vecinos. "Ahora tienen la posibilidad de chequear el resultado on line, con su DNI y un código que se les entrega, y eso los tranquiliza bastante porque pueden consultar desde sus teléfonos celulares y no estar llamando a cada rato", comenta."Les explicamos que cuando ingresen saldrá en la pantalla si el virus es detectable o no detectable, porque en general esperan que diga positivo o negativo y no es así como se informa".
¿Qué siente cada día cuando realiza su tarea? Mariela Irusta cuenta que "las sensaciones van y vienen cada vez que termino de hacer un hisopado, o al final del día. Es inevitable. Porque no es sencillo lo que nos toca enfrentar pero vamos a salir juntos de esto", enfatiza, y agrega: "Me resulta triste cuando escucho que hay personas que creen que es mentira todo esto, que minimizan la situación o no se cuidan. Cada vez que veo un resultado positivo e imagino cómo transitará ese vecino la enfermedad me quedo pensando en eso".