La ciudad

Una masiva concentración exigió respuestas urgentes a la inseguridad

En la plaza San Martín se multiplicaron ayer los relatos de trabajadores que fueron víctimas de arrebatos a toda hora. La movida fue impulsada por el sector de la construcción.

Viernes 11 de Septiembre de 2015

El grito de "Justicia" sonó tres veces en la plaza San Martín, cada uno seguido por un aplauso. En el escenario, montado sobre un camión de reparto de materiales, estaban parados un grupo de familiares de víctimas fatales de distintos hechos violentos y los referentes del gremio y entidades de la construcción, que ayer convocaron a la movilización "por la seguridad, la vida y el trabajo" frente a la sede local de Gobernación. El acto terminó con la entrega de un petitorio donde se reclamó "respuestas y soluciones urgentes" relacionadas con la prevención del delito, "un flagelo angustiante e insoportable frente al cual nos sentimos totalmente desprotegidos", advirtieron.

Vestidos con sus pantalones de trabajo, camperas, gorritas y cascos amarillos; capataces, albañiles y ayudantes llenaron más de la mitad de la plaza. Los organizadores estimaron la convocatoria en unas 2 mil personas. Claramente fue una de las movilizaciones más nutridas de las realizadas en las últimas semanas, después del asesinato del arquitecto Sandro Procopio en la esquina de Constitución y Cerrito, a metros de la edificación en la que trabajaba.

Temprano, a partir de las ocho, había comenzado la medida de protesta convocada por el gremio que paralizó gran parte de las obras en construcción de la ciudad, sobre todo las más grandes. Desde la Uocra estimaron que el acatamiento fue "muy importante". Mientras tanto, los trabajadores, parados en la plaza y aprovechando el sol, repasaban la cantidad de situaciones en que habían padecido robos y agresiones. "Todos tenemos alguna para contar", advertían. (ver aparte).

En la concentración no sólo se recordó el brutal ataque sufrido por Procopio. También se expuso varias veces la suerte corrida el lunes pasado por Sebastián Carvallo, el albañil que perdió la vista después de que le dispararan para robarle la bicicleta en Uriburu y Avellaneda. Casi como una prueba de que, como la problemática que denuncia, el reclamo no establecía diferencias de clase.

A la medida adhirieron también otros gremios, la Asociación Empresaria de Rosario y la Federación Agraria.

Sobre el escenario. El tránsito sobre calle Santa Fe quedó interrumpido a media mañana. Dos hormigoneras y otros tantos utilitarios con las banderas de la Uocra se apostaron frente al edificio de Gobernación y los familiares de víctimas del delito subieron al escenario donde se desarrolló el acto central.

Con carteles o remeras que llevaban impresos los nombres de sus afectos perdidos estaban Vanina, hermana de Sandro Procopio; Enrique Bertini, papá de Mariano, el joven de 22 años asesinado en una entradera en agosto del año pasado. También familiares de Edgardo Giménez, el comerciante muerto el 30 de octubre pasado en su negocio de Granadero Baigorria durante un violento atraco; de Daniel Bracasini, el chofer de Rosario Bus baleado en la cabeza para robarle la moto los primeros días de febrero pasado; de Juan Manuel Vega y de Leandro Zinni, entre otros más.

A su lado, los referentes de las tres organizaciones que convocaron a la concentración: Sixto Irrazábal y Carlos Vergara, de la Uocra; Marcelo Passardi, titular de la Asociación de Empresarios de la Vivienda, y José Saruá, presidente del Colegio de Arquitectos.

Con sus bemoles, los comunicados de las entidades y familiares de víctimas exponían sus críticas tanto al poder Ejecutivo como al encargado de administrar Justicia. "No somos expertos en seguridad. No tenemos la respuesta y sabemos que es compleja, pero necesitamos mayor compromiso de parte de nuestros gobernantes", apuntaron desde el sindicato y pidieron a la ciudadanía que "acompañe el reclamo participando".

Los arquitectos calificaron el incremento de hechos violentos como "una epidemia", frente a la cual "no encontramos respuesta desde el poder político y tampoco desde el poder judicial" y señalaron que el crimen de Procopio "hizo estrellar el conflicto en nuestra propia casa. Y eso nos conmueve, nos enoja, nos irrita y convoca a ser protagonistas".

Audiencias. Tras el acto, los representantes de la convocatoria caminaron hasta los portones de calle Moreno para entregar un petitorio, solicitando una audiencia con el gobernador Antonio Bonfatti. En el escrito se volvió a manifestar la preocupación "por los hechos muy graves de inseguridad que se están padeciendo en las obras de construcción" y exigieron "medidas urgentes de prevención del delito".

En medio de un forcejeo, ya que no se permitió a los familiares de las víctimas ingresar a hablar con los funcionarios, el escrito llegó a manos del secretario de Seguridad Comunitaria, Angel Ruani, y del referente territorial del Ministerio de Seguridad, Gustavo Zignago. La reunión fue muy breve, en medio del patio central de la Gobernación.

Esta tarde, representantes del colegio y de asociaciones profesionales volverán al mismo edificio a reunirse con funcionarios de Seguridad y del Ministerio Público Fiscal para ponerse al tanto de la investigación del homicidio de Procopio. Y también demandarán un encuentro con el gobernador electo Miguel Lifschitz.

El miedo y la bronca, en primera persona

“Si vos seguís preguntando, seguro encontrás que a la mayoría de los que están acá los asaltaron a punta de pistola en los últimas tres meses”, advierte Rodolfo Giménez, empleado de una obra de 1º de Mayo y 9 de Julio, que ayer participó junto a sus compañeros de la movilización convocada por el gremio y las asociaciones profesionales. Esperando para que comience el acto, entre rondas de mates y charlas, los relatos de robos violentos contados en primera persona sobraban, la mayoría con botines casi miserables.

Con miedo. Alfredo Gómez trabajó durante todo marzo en la construcción de veredas en la zona del Centro Universitario Rosario (Riobamba y Berutti). Un sábado, a media mañana, estaba junto a un ayudante terminando un trabajo cuando tres “muchachos” armados con una 9 milímetros les sacaron la “poca plata” que tenían encima. Un móvil del Comando que pasaba por el lugar apresó a los cacos. Los trabajadores hicieron la denuncia e identificaron a sus atacantes. “El arma nunca se encontró. La plata sí, pero no la fuimos a buscar. Teníamos miedo de que los ladrones reconocieran la chata y nos apuraran cuando nos vieran otra vez en el barrio”, recordó Gómez.

Papel higiénico y peine. Hace dos sábados, a las 6.35, Roberto Vera estaba esperando el colectivo en Seguí y Avellaneda para ir a trabajar. Dos personas lo abordaron de atrás, con un cuchillo, para sacarle la mochila. El, dice, no lo pensó y les tiró con el termo de agua caliente. Lo tiraron al piso, lo patearon hasta casi romperle la pierna, y se fueron corriendo con el bolso donde apenas había papel higiénico, un cargador de celular y un peine.

Un bolso. Simón Santoro, Milton Castillo y Omar González llevan un mes trabajando en la pavimentación de Uriburu y la Guardia, en zona sur. Hace unas semanas, a un compañero le quisieron llevar la moto que estaba estacionada dentro del mismo obrador. “Salió corriendo como el africano (en relación al jamaiquino Usain Bolt), encontró un móvil del Comando y pudieron recuperarla”, contaron. No tuvieron la misma suerte otros trabajadores. “A mí me robaron la bici. A mí las zapatillas. A mí un bolso de Ben 10 con la ropa de trabajo que me terminaban de dar”, enumeraron.
 

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