La ciudad

Por primera vez, la Iglesia Católica capacitó a transexuales

Fue en el Hogar Padre Misericordioso, de esta ciudad. Allí estudiaron peluquería y ahora luchan por conseguir un trabajo.

Domingo 17 de Diciembre de 2017

Unas 15 chicas trans recibieron por primera vez el título de peluqueras en una entidad católica, el hogar Padre Misericordioso, dirigido por el padre Fabián Belay. Durante todo el año asistieron a clases y también participaron del grupo de oración. Más que agradecidas, le contaron a La Capital cómo fue la experiencia que les abrió un camino para empezar a buscar trabajo.

La primera que se acercó al Hogar Padre Misericordioso fue Silvana, una chica trans que estaba trabajando en la prostitución, cuando conoció a un grupo de personas que se acercó para ofrecerle algo de comer y una palabra de aliento.

"Una noche, cuando estaba trabajando en la esquina de Cerrito y Entre Ríos, un grupo de personas se me acercó para ofrecerme un café caliente y ahí nos pusimos a conversar. Ellos me invitaron al Hogar Padre Misericordioso, donde me sentí muy contenida", relató Silvana, emocionada luego del acto de graduación.

"Estuve como 10 años metida en la droga, entre la cocaína y el alcohol, mientras trabajaba en la calle. Tuve leucemia y ahora estoy buscando un trabajo con el que pueda sostenerme y salir adelante", dijo Silvana, que es la que invitó al resto de sus compañeras a hacer el curso.

"Yo empecé viniendo al grupo de oración y después empezaron las demás chicas. Al año siguiente comenzamos el curso de peluquería", detalló.

No pasar de largo

Juan José Ruggiero es uno de los voluntarios del Hogar Padre Misericordioso que sale con un grupo de gente a dar de comer a la gente que duerme en la calle. En esas andanzas conoció muchas chicas trans —más de 50— y las invitó a acercarse al Hogar.

"Nosotros tenemos el lema «no pasar de largo»", explicó el hombre que hace compatible este voluntariado con su trabajo y el cuidado de su familia.

"Agradezco siempre al padre Fabián Belay, que fue el que nos dio todo su apoyo y también el lugar para reunirnos", subrayó. Junto con otros voluntarios organizaron reuniones para conversar con las chicas en el Hogar y en esas charlas surgió la idea de hacer algo que pudiera ser una herramienta laboral. Luego de varias encuestas resolvieron empezar con peluquería. Las clases se dictaron todas las semanas en la sede del Hogar, Zeballos 668.

Karen es otra de las alumnas que terminó el curso. Es alta y está muy maquillada. "Yo estuve entre la vida y la muerte", disparó al empezar el diálogo. "En mi casa me apoyaron cuando quise ser chica trans, pero no cuando empecé a meterme en las drogas y en el alcohol. Estuve muy mal, me rescató mi mamá cuando ya estaba a punto de morir. Fue muy feo", confesó y aseguró que quiere "dejar la calle" y conseguir otro trabajo con el que pueda vivir.

Está orgullosa de haber terminado el curso y sueña con hacer otro para perfeccionarse, y sumar uno de costura.

"En el hogar nos tratan muy bien. Yo al principio dudé, porque era de la Iglesia y siempre había sentido que nos rechazaban, pero aquí no es así; al contrario, nos contienen y nos escuchan mucho", contó feliz con su diploma.

Walter, más conocido como Chula, es un chico que durante un tiempo también trabajó en la calle y quiso ser trans hasta que conoció a su pareja, un joven de 25 años, Marcelo, con quien también hizo el curso de peluquería.

"Al principio dudé, porque el curso era de la Iglesia y siempre había sentido que nos rechazaban"

"A mí me ayudó un montón venir a este lugar. Hablamos mucho entre nosotros y nos respetamos todos. Somos distintos, pero aquí no hay diferencias", aseguró el joven, quien sufrió por una enfermedad que padeció su madre y confesó que esos días sin el grupo del Hogar, no hubiera sabido qué hacer. "Acá te dan fuerzas, te levantan", aseguró.

Tanto él como su pareja, Marcelo, están buscando trabajo. Este último decidió primero terminar la secundaria y, al igual que Silvana, el año que viene arrancan con el secundario. "Es importante, porque sino nadie te da trabajo", señalaron.

El curso terminó y las chicas ya tienen su título. Ahora les queda la ardua lucha por conseguir trabajo, un anhelo común para todas. En tanto, en el Hogar Padre Misericordioso proyectan un taller y una cooperativa de trabajo para implementar el año próximo y así ofrecer una alternativa más a las chicas trans de Rosario.

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