La Ciudad

Los empleados de Falabella tendrán una audiencia hoy en el Ministerio de Trabajo

La mayoría de los 110 trabajadores son mujeres con hijos a cargo. Viven horas de mucha angustia tras el anuncio del cierre de la tienda.

Viernes 09 de Abril de 2021

Los 110 empleados del planta estable de la tienda Falabella, en su mayoría mujeres jóvenes y de mediana edad con familia e hijos, más otro medio centenar que trabaja indirectamente, atraviesan horas de angustia. En el plantel de trabajadores se alistan desde una sobreviviente de La Favorita a punto de jubilarse hasta madres solteras repletas de incertidumbre. Más allá de que la patronal anunció que los indemnizará a todos, la realidad indica que en menos en dos meses deberán salir a la calle a buscar otra fuente laboral. Esta mañana habrá una audiencia en la sede local del Ministerio de Trabajo, al tiempo que la Cámara de Diputados de la provincia instó al gobernador a conformar una mesa de diálogo con el objetivo de evitar el cierre de la tienda.

Una mujer que orilla los sesenta años, con casi 40 de servicio que inició en la vieja tienda La Favorita, hasta una madre soltera de 25 años que no para de llorar en cada descanso. Jóvenes padres, únicos sostenes de familia, angustiados por la incertidumbre de lo que vendrá. Todos los empleados aguardan un futuro inquietante.

De mediana edad, y mayoría mujeres, ese es el perfil del colectivo de trabajadores de Falabella, que en poco menos de dos meses anunció el cierre definitivo de su sucursal Rosario, ubicada en la tradicional esquina de Sarmiento y peatonal Córdoba.

En un mercado laboral cada vez más comprimido, la pandemia que reconfiguró costumbres, consumos y movilidad, el cierre de la tienda más grande del microcentro de la ciudad representa un cimbronazo para un centenar de personas, con impacto directo en el movimiento económico de Rosario.

Según la delegada gremial del Sindicato de Empleados de Comercio, María Ramírez, el panorama dentro de la tienda es desolador. Caras demacradas, pena y mucha incertidumbre.

“La mayoría somos mujeres, por lo menos un 75 por ciento del total, casi todas con familia, hijos, algunas solas y sin ayuda de otro tipo. Así quedamos después de los retiros voluntarios del año pasado, cuando se fue la mitad del personal con más antigüedad, y quedamos las más jóvenes”, recordó.

A ese zarandeo previo sobrevivió una mujer que trabaja en la tesorería y prefiere el perfil bajo, según pudo saber La Capital. Tiene más de 30 años de servicio y fue parte de La Favorita, la emblemática tienda de la familia García que precedió a Falabella. Conservará para siempre los secretos de cada rincón del edificio fundado en 1897.

Pero hay otra historia más reciente. La de una joven que hace unos seis años ingresó por medio de una consultora que tercerizaba servicios, con personas con contrato temporario pero que podía aspirar a un puesto permanente según su desempeño.

“Eran los buenos tiempos. Ella entró a trabajar como cajera y quedó embarazada. Se le respetó la licencia por maternidad, tuvo a su beba, pero cuando terminó el contrato se le dio de baja”, contó Ramírez sobre un caso de vulneración de derechos.

Enseguida surgió el apoyo de compañeros y delegados. “Le planteamos a la directora de la empresa que se trataba de una madre soltera, que no se podía quedar sin trabajo. Lo evaluaron y al otro día la llamaron como empleada fija. Estaba feliz. Hoy, con 28 años y una hija de seis años, es una de las que sigue llorando, es una de las más golpeadas por la situación”, confió la delegada.

Clientes desaforados

Cuando apenas se supo que Falabella pondría su stock en liquidación, algo lógico en estas circunstancias, la tienda comenzó a recibir una andanada de clientes.

Lejos de entender la situación de los empleados, muchas personas demostraron desprecio por los buenos modales y absoluta ausencia de solidaridad.

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“Nos organizamos porque sabíamos que estos días iban a ser complejos por las ofertas. Y pedimos paciencia a la gente por el estado general de los compañeros. Pero vemos actitudes dolorosas, tiran la ropa, vacían carritos y dejan las prendas en el piso, se quedan después del horario de cierre sin entender que estamos desbordados”, describió Ramírez.

“Vino un cliente, tiró la mercadería al piso y se llevó el carrito. En el bazar hay cosas tiradas, desparramadas, dejadas como si nada. Es un desastre, y eso luego lo tenemos que acomodar nosotras. La tienda cierra a las 20, además por el aforo, pero la gente no se quiere ir. Pedimos por favor un poco de respeto y comprensión. Cajeras, vendedoras y casi todo el personal se tiene que retirar mucho más tarde por esta situación”, remarcó.

La Legislatura pide una mesa de diálogo

La Cámara de Diputados de la provincia aprobó ayer por unanimidad un proyecto de la diputada socialista Lionella Cattalini en el cual se solicita al Poder Ejecutivo que impulse la conformación de una mesa de diálogo entre los sectores involucrados y tome todas las medidas que estén a su alcance para evitar el cierre y la pérdida de las fuentes de trabajo de Falabella.

“Desde febrero venimos pidiéndole al gobernador Omar Perotti y a su ministro de trabajo, Juan Manuel Pusineri, que convoquen a una mesa, es decir, una instancia de diálogo entre todos los sectores involucrados. Falabella es muy representativo para los rosarinos y rosarinas, por lo que significa para la ciudad como emblema comercial, pero también por la posibilidad concreta y certera de que más de cien trabajadores y trabajadoras de nuestra ciudad pierdan el empleo, con lo que esto significa en plena pandemia”, expresó Cattalini.

“Todos estamos todos muy preocupados por las altas cifras de desempleo que está teniendo nuestra provincia y por la necesidad de evitar que estas familias pierdan su trabajo”, señaló la legisladora quien además insistió en la necesidad de que el Poder Ejecutivo provincial “se ponga al frente del tema” para agotar todas las instancias. “Falabella no puede cerrar y sus trabajadores no pueden perder sus fuentes de trabajo, nosotros vamos a acompañarlos en todo lo que necesiten”, concluyó.

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