Pandemia

La odisea de una familia que se contagió coronavirus en una mudanza

Se enfermaron una madre, su bebé y su esposo. Los resultados nunca llegaban y les entregaron mal un certificado laboral que puso en riesgo su trabajo.

Jueves 03 de Septiembre de 2020

En medio del pico de la pandemia se multiplican los relatos de rosarinos que manifiestan su malestar porque no consiguen respuestas rápidas ante síntomas compatibles con Covid-19, y luego padecen excesivos retrasos en conocer los resultados. Una de estas historias es la de Anabel, una joven que contrajo Covid junto a su grupo familiar y tuvo que padecer dilaciones y errores del Estado que la hicieron pasar un mal momento.

Anabel (23), su esposo Oscar (24), su hijo Mateo de 2 años y su cuñada Lucía, de 20, se contagiaron haciendo una mudanza familiar entre el 15 y 16 de agosto. El 20 de agosto se enteraron de que una persona que había estado con ellos había dado positivo, y el mismo día Oscar comenzó con síntomas: no pudo oler café ni alcohol, un test que hacían por prevención todas las mañanas.

Al tomar conocimiento, llamó al 0800-555-6549, con el que le costó comunicarse, y todos se aislaron preventivamente en su vivienda de barrio Echesortu. También comenzaron las dudas: “No nos dijeron qué teníamos que tomar ni cómo cuidarnos. Mateo tiene antecedente de broncoespasmo, y no nos dieron respuesta de cómo tratarlo”, lamentó.

Tras mucho insistir (“tuvimos que exagerar los dolores para que lo hicieran”, acotó la joven) el 24 de agosto hisoparon a Oscar y Lucía. Pero luego, un error burocrático terminó en una situación desafortunada. Tras seis jornadas y muchos reclamos, llegó la confirmación del positivo. Su hermana dio negativo, pero luego sería considerada como infectada por sintomatología, al igual que Mateo y Anabel.

“Ahí mandaron las fechas de aislamiento de forma incorrecta y mi esposo tuvo problemas en el trabajo”, contó Anabel a La Capital. Es que el certificado dictaba cuarentena desde el 16 al 30 de agosto, cuando debía ser del 20 al 3 de septiembre, y en la empresa de ascensores en la que es empleado creyeron que había ido a trabajar 4 días con síntomas sin informar nada.

El domingo, el hombre terminó la exclusión establecida por el certificado laboral que le enviaron y el lunes recibió un llamado de una médica que hace el seguimiento para decirle que no iba a darle el alta por continuar con algunos síntomas. Lo que siguió fue un dolor de cabeza: “Llamamos al 0-800 de la provincia y nos dijeron que no nos podían dar otro certificado”, denunció Anabel. Finalmente, su empleador entendió la situación y no le descontará los días de reposo.

Según la mujer, otra preocupación fue que no le aceptaron una lista de personas con las que habían tenido contacto antes de aislarse, entre ellos su padre de 55 años con antecedentes cardíacos, y una abuela de 78 que tuvo un ACV hace poco tiempo. Con ambos tuvieron trato frecuente entre que se contagiaron y empezaron los síntomas.

Desgastados

Hoy, con Oscar y Lucía casi recuperados, quienes están con síntomas son Anabel y su hijo, que llegó a tener diarrea cuatro veces al día. “Yo no sabía qué hacer con mi bebé, porque no es lo mismo que tratar a un adulto. Me dijeron que me iba a llamar un pediatra y nunca sucedió. Tenemos un desgaste psíquico y físico total”, manifestó.

Enojada, el domingo escribió un furibundo correo a la Intendencia, desde donde se pusieron en contacto de inmediato. De hecho, la Secretaría de Salud puso un equipo para que tomen su caso, y el de sus familiares de riesgo. Ahora aguarda el llamado de un pediatra infectólogo para que siga el cuadro de su niño.

“Estoy contenta y agradecida por la atención. Pero hay gente que la está pasando mal en Rosario y no tiene la posibilidad ni los contactos. Hay mucha gente sin recursos o mucho peor que yo, que no puede hacer esto. El Estado debe velar por la seguridad de la gente, y eso no lo vemos”, dijo con tristeza la denunciante.

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