Pandemia

La increíble historia del hombre que llegó a Rosario en bicicleta y tuvo Covid-19

Pedaleó 200 kilómetros desde San Andrés de Giles para buscar trabajo, pero terminó en la calle. Dio positivo en el refugio de la ex Rural.

Domingo 26 de Julio de 2020

Juan tiene 53 años, y vivía en San Andrés de Giles, una pequeña localidad de 22 mil habitantes ubicada en el norte de la provincia de Buenos Aires. Un día, a mediados de junio, cansado de no conseguir trabajo en la industria metalúrgica, decidió tomar su bicicleta desvencijada y poner rumbo hacia Rosario, ciudad que no conocía. Hacía dos meses que no tenía empleo, y ya no podía costear la pensión en la que se alojaba.

   Se cree que vino siguiendo una corazonada. El hombre había visto en los medios que la situación epidemiológica en la Cuna de la Bandera era mejor, por lo que creyó que habría trabajo en la industria, o como electricista. Según había escuchado, la cobertura de salud y social públicas eran mucho mejores y no lo dejarían desamparado.

   No hay datos de su presencia en Rosario en años anteriores, al menos en situación de calle, porque no figura en los registros. La reconstrucción se hizo a partir de lo que confió luego a una voluntaria de la iglesia de Lourdes, que lo recibió y alimentó.

   Así, dejó algunas pertenencias en casas de su hermana y partió solo, con dos mochilas como única carga. Demoró una semana en recorrer los 225 kilómetros que lo separaban de la ciudad. Los conocedores apuntan que una persona sin condición atlética, no puede pedalear más de 8 o 9 horas seguidas.

   Cuando llegó, demoró poco en decepcionarse. Aquí tampoco había trabajo, y las calles lo trataron mal: le robaron el celular violentamente. Se deprimió. Dos noches durmió en el espacio público. Llegó a la iglesia de Lourdes, de Santiago y Mendoza, en busca de ayuda. Allí lo llevaron al hospital Carrasco a hisoparse. El resultado le dio negativo.

   Entonces, los voluntarios tomaron contacto con los equipos de Desarrollo Social, que le ofrecieron llevarlo al refugio municipal de la ex Rural. Durante el día salía a buscar changas, pero nunca consiguió. Al mediodía comía junto a otros en la parroquia, donde dan el almuerzo a personas en situación de calle, y a la noche se iba a cenar al refugio municipal, donde pernoctaba.

   Esa fue su vida hasta el domingo 19 de julio, cuando lo volvieron a hisopar. El lunes 20 el resultado dio positivo. Nadie sabe cómo se contagió. Entonces lo mandaron a internar al Hospital Carrasco, en una sala común para contagiados de Covid, donde evoluciona favorablemente. A su vez, rápidamente hubo que aislar a 80 personas que tuvieron contacto con él en el refugio o en el comedor, tanto huéspedes como trabajadores, que por el momento han dado negativo en los testeos.

   “Un hombre muy callado, hosco y muy reservado para relacionarse con las demás, incluso sus compañeros de sector”, cuentan los que lo trataron. Juan tiene un particular encono con el personal de salud: le teme y se muestra contrariado cuando tiene que ser atendido o ir a un efector. La idea es si se recupera, que vuelva a un refugio como pasa con el resto de las personas en la situación de calle. Los voluntarios de Lourdes le tramitaron el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). Quizás eso lo ayude a salir a flote.

   “Si entra en el circuito de estar amparado por el Estado tiene una forma. Muchos que se quedaron varados, antes de pedir el viaje de vuelta prefieren quedarse acá por la contención que brinda Rosario, a diferencia de otras ciudades”, cuenta una voluntaria.

   Hoy, los que están en situación de calle tienen el alimento asegurado, tanto en los refugios como en la calle. Además, se les brinda ropa, dentífrico y jabón. Muchos juntan el “mango” diario barriendo veredas, vendiendo cuentos o pañuelos. Los que tienen algún oficio, como pintores o albañiles, consiguen trabajo changueando.

En aumento

Hay muchas historias como estas de gente que viene de afuera a las grandes ciudades, buscando trabajo o una forma de sobrevivir. En síntesis: “a ver qué pasa”. Así sea vivir pidiendo en la calle, es mejor calidad de vida que las que tienen en sus lugares de origen por el amparo que reciben del Estado e instituciones. De hecho, Juan es la tercera persona que llega en bicicleta y con un bolso ajado que alguna vez tuvo sueños.

   En los meses de pandemia, en Rosario aumentó un 30 por ciento la cantidad de personas que viven en la vía pública. “Hay mucha gente que vive de la economía informal, cartoneros, cuidacoches o vendedores ambulantes, que en la etapa del aislamiento tuvieron una merma de ingresos, y eso se refleja en los números: en los refugios tenemos 160 personas, y en abril vacunamos cerca de 400 personas que viven en la calle”, explica el secretario de Desarrollo Humano, Nicolás Gianelloni.

   También hay un cambio respecto del dispositivo, ya que el año pasado sólo había refugios de invierno nocturnos. Ahora hay albergues de 24 horas que funcionan para hacer cuarentena. Es que los lugares habituales donde había gente en situación de calle, como la Terminal, hoy están cerrados. Se trata de dos centros de aislamiento (ex Rural y Parque Oeste), un refugio de noche del club Rosario Central en cruce Alberdi, y dos de 24 horas en el albergue municipal y en el hogar de adultos mayores.

   Las dificultades en el acceso a la vivienda, los problemas de la época de aislamiento que generó corrimientos y movimientos en los barrios, y las conflictividades intrafamiliares fueron las causas que empujaron a más gente a irse a vivir a la calle como forma de salirse de esos problemas en los barrios.

“La mayoría tienen que ver con historias de violencia de distinto tipo, con cuestiones de trabajo, de salud mental, y también hay muchos casos de consumo y policonsumo que varía con la edad: los más grandes con el alcohol, y los más jóvenes con distintos tipos de drogas”, confió Gianelloni.

   En todos los dispositivos, un equipo acompaña a los que se alojan para trabajar estas problemáticas. Es que son muchos los casos en los que parte de haber llegado a la calle tiene que ver con los consumos. Y el peso es cada vez mayor sobre el total.

Seguimiento cotidiano en el centro de aislamiento

A partir de la confirmación del caso positivo, el predio de la ex Rural que venía funcionando provisoriamente como refugio para personas en situación de calle pasó a funcionar como centro de aislamiento preventivo, el fin para el cual había sido montado en principio.

El miércoles 22 de julio se llevó a cabo el hisopado, tanto de los dos trabajadores municipales que tuvieron contacto estrecho con el positivo, como de las 10 personas alojadas en el predio que eran oligosintomáticos, es decir que habían presentado un solo síntoma no asociado a la fiebre, dando todos negativos. El seguimiento de las 62 personas que allí se encuentran es cotidiano.

El caso positivo se encuentra en el Carrasco con buen estado de salud. De manera preventiva una de las personas que presentó síntomas fue trasladada al hospital Carrasco, simplemente para realizar un seguimiento más personalizado.

Se agregaron actividades recreativas a las personas alojadas, ya que pasan varios días aisladas en el predio, como metegol, ping pong y películas.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario