La ciudad

“La felicidad no es una obligación”, asegura el terapeuta Jorge Bucay

El médico psiquiatra y escritor está radicado en México y vendrá mañana a Rosario para brindar una conferencia en el Teatro El Círculo.

Viernes 24 de Julio de 2015

Fue un precursor de la autoayuda. Todos sus libros fueron best sellers. Estuvo al frente de un exitoso programa televisivo y llenaba auditorios con sus conferencias, tanto en la Argentina como en España, donde vivió durante años. Ahora, mucho más alejado de los medios masivos, el terapeuta Jorge Bucay transita sus días en la Universidad Juárez, en el Estado de Durango, en México, donde dirige un programa de talleres gratuitos para personas en riesgo social, especialmente jóvenes con problemas de adicciones.
  Cambiar un poco la vida de los más desprotegidos es su actual desafío, ofrecer una oportunidad, un camino posible. En definitiva, lo que siempre buscó con sus escritos y sus ponencias para el público masivo pero ahora dirigido a los más necesitados. “Estoy desarrollando una tarea muy digna que espero que pueda replicarse en la Argentina”, dice durante una larga conversación que mantuvo con La Capital.
  “Por estos días —agrega— vine a dar algunas charlas, me invitaron y acá estoy, impulsado por el deseo y la voluntad”. Mañana, a las 21, en el Teatro El Círculo brindará una conferencia con el título “El camino de la felicidad posible”, donde reflexionará sobre la solidaridad y el compromiso social como senda hacia el bienestar, y hablará sobre el dolor, el desamor, las pérdidas y la incertidumbre.
  “El no saber qué va a suceder es quizá la mayor angustia y presión con la que vivimos los seres humanos, y hoy mucho más que antes. Cuando yo comencé la facultad de medicina le pregunté a mi papá cómo creía que me iba a ir. Mi padre, que era muy serio, muy sobrio, me dijo: «Si trabajás y sos honesto, vas a poder mantener tu casa, tus hijos e irte de vacaciones». Me lo decía con convicción. Treinta años después mis dos hijos empezaron a estudiar medicina y me hicieron una pregunta parecida, pero yo lo único que pude decirles es que si se esfuerzan van a tener más posibilidades, no puedo darles ninguna garantía. Esa incertidumbre, que no es la misma que se tenía hace 50 años, es la que hace que ahora se viva con más miedos y más ansiedad, con más exigencias, en un mundo mucho más competitivo y feroz”, reflexiona Bucay.
  “Aunque no tengo una receta que se pueda aplicar, creo que la estabilidad emocional y cierta armonía en la vida se logran con mayor autoconocimiento y con la búsqueda de objetivos posibles. Es un aprendizaje. Como resultado, ese aprendizaje nos enseña que no necesito tener todo para ser feliz. Porque además, la felicidad no es una obligación. Puedo satisfacerme con lo que tengo, con lo que logré, pero no en el sentido de la resignación sino de la aceptación”, puntualiza.
  “Creo que hay que modificar esa idea de felicidad como panacea. ¿Hay una felicidad posible? Si, pero hay que empezar diciendo que la felicidad no es una meta en sí misma. Ni tampoco hay un camino único. Aunque si lo pensamos un poco, las cosas que nos duelen a todos son siempre las mismas. Nos pasan las mismas cosas con diferentes escenografías”.
  Como precursor de los profesionales de la salud que impusieron la autoayuda como opción terapéutica en los medios de comunicación, Bucay recuerda sus comienzos y hace un análisis de lo que se ve hoy . “Cuando escribí mis primeros libros e hice mis primeras apariciones radiales y televisivas fue una aventura, una cuestión de coraje. Quería brindar una ayuda genuina para la superación personal, pero hoy veo mucha autoayuda barata, muchas personas que no tienen la formación adecuada o pertenecen a otras profesiones y que informan sin ninguna responsabilidad. No digo que tengan mala intención, pero no tengo ningún respeto por los que hablan sin conocimiento. Y esto no sólo pasa en mi ámbito. ¿Cuántos se erigen en educadores y no lo son, cuántos hablan de seguridad sin experiencia alguna en la temática, cuántos periodistas hay que no son comunicadores?”, menciona.

Tarea social. Si bien destaca la importancia del autoconocimiento e insiste con que “la existencia no admite representantes” sino que es uno y sólo uno quien puede generar cambios profundos y duraderos en la vida, Bucay no plantea un modo egoísta de vivir, sino todo lo contrario. Ayudar a otros, a los que están peor, a los que tienen menos recursos, es un aspecto que destaca como condimento necesario, casi imprescindible, para vivir mejor. “Los que tenemos trabajo y algunas cosas resueltas ¿cómo hacemos para ayudar a esos otros? Cambiando un pedacito de esa sociedad más desprotegida voy a colaborar para construir un mundo más justo y mejor para todos”, señala el escritor.
  Es que una mirada compasiva permite construir, crecer, superarse. “Sostengo un proyecto de educación en desarrollo humano que es muy interesante. Bajo mi tutela tengo estudiantes avanzados de las carreras de psicología, de comunicación y trabajo social. Los entreno, y ellos, como parte de su formación profesional ofrecen talleres gratuitos a personas en situación de riesgo para incentivarlas a que vuelvan a estudiar, a que tengan un trabajo digno. Es un plan que nos ha dado muchas satisfacciones”, dice, y agrega: “Los problemas de la sociedad actual no se arreglan con más persecución, con más policía, con más armas en poder de la gente sino con más educación. En este programa que llevamos adelante en México lo comprobamos a cada paso: se puede actuar y transformar desde la educación”.
  “¿Si esto resuelve los dramas de Latinoamérica en esta coyuntura? No, claro que no. Si empezamos ya, veremos los resultados en los próximos 10, 15 años. La educación no resuelve lo inmediato, pero sí lo duradero. Y creo que tenemos que apostar a ello”, enfatiza Bucay que sueña con poner en práctica un proyecto similar en su tierra natal.
  “Vivimos una situación de urgencia, en una sociedad de consumo donde todo parece tener precio, donde todo se compra y vende al mejor postor. Hasta la educación cuesta dinero y el que no la tiene no la puede comprar. Yo apuesto a la igualdad de oportunidades, trabajo para eso. Tenemos que ser cada vez más los que tomemos plena conciencia de los valores, de lo que se puede lograr con el trabajo en equipo. Hay que sembrar más conciencia social y más desapego de lo material. El camino es la educación. Lo que hago en México es un buen ejemplo. Una suma de voluntades que persiguen un sueño y hay muchos jóvenes que volvieron a la escuela. A esta idea la presenté en la Argentina y en su momento no tuvo cabida. Quizá sea ahora, ojalá”.

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