Capítulo tres

La epidemia que no fue: restricciones y efectos de la peste en el Rosario

Del cordón sanitario, la cuarentena, las desinfecciones y el distanciamiento a la incomunicación y el desabastecimiento.

Miércoles 07 de Julio de 2021

La fiebre amarilla no es cuento. El 23 de febrero de 1871 es el propio Ovidio Lagos quien desde el Rosario se suma a la angustia generalizada en Buenos Aires. Un telegrama rubricado por el señor Víctor Fernández lo deja helado: “Tu mamá y tu hermana Gertrudis, han sido atacadas por la fiebre. Ordena lo que creas que deba hacerse”.

Los peores presagios se han cumplido y se seguirán cumpliendo. Al otro día de la lúgubre noticia, otro telegrama le informa a Ovidio Lagos que su madre “acaba de expirar en este momento” víctima de la fiebre amarilla. Además dice que una junta médica trata a su hermana Gertrudis, también contagiada, “aunque falta esperanza y sobra resignación”.

La muerte de su madre ha sido un duro golpe para Lagos, quien recarga su pluma para apuntar a los responsables de tanta tragedia. Y en el editorial del domingo 26 de febrero llamado “Las epidemias”, el director de La Capital dispara: “La guerra era obra de (el ex presidente Bartolomé) Mitre y (su ministro de Relaciones exteriores Rufino de) Elizalde. Era la gran política que llevaba al país á la guerra más ominosa que registran los anales de la América”.

Despotrica contra la “alianza inicua” de la “República del Plata” y el “Imperio esclavócrata” que condujo a “una guerra de esterminio contra hermanos de religión y raza”, y se lamenta del epílogo: “La República Argentina que había sido hasta entonces un paraíso de salud, se convirtió desde aquel momento en un vasto campo de epidemia (...). Corrientes se ha despoblado. Más de cinco mil almas han sido víctimas de ese azote. (...) Estamos pagando los errores de Don Bartolo y del abrasilerado ministro Dr. Elizalde. Guerra, intervenciones, cólera y fiebre amarilla. He ahí vuestra obra General Mitre”.

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La madre de Ovidio Lagos fue enterrada el martes 28 en Buenos Aires al tiempo que su hermana Gertrudis mejoraba, pero los doctores Francisco Riva y Carlos Gallarini, italianos afincados en Argentina, dicen que “todos los casos (de fiebre amarilla) son gravísimos, y en casi toda la ciudad se ha propagado”. Un detalle está por abrir las puertas del infierno: las altas temperaturas que profundizan la proliferación de la peste.

Cordón, cuarentena y desinfección

Se anoticia el jueves 2 de marzo de que la Guardia de Vigilancia en la costa del Arroyo del Medio, comandado por el alférez José Loreto, ha detenido y puesto en observación a un hombre, Francisco Fruanes, quien debía estar en cuarentena en San Nicolás y ha burlado la vigilancia de las autoridades. De allí en adelante serán muchas las violaciones al cordón sanitario, los detenidos y enviados al lazareto. Se informa el 11 de marzo que se ha dado orden de prisión al Receptor de Rentas Nacionales del Puerto de Piedras (hoy Villa Constitución) “por haber permitido que su familia se desembarque sin hacer la cuarentena”.

También cruzan el cordón individuos en diferentes circunstancias, como la de estar guiando el ganado, por desconocimiento o huyendo de zonas infestadas, así como el bandidaje. El último lunes de marzo, por ejemplo, parte hacia el Arroyo del Medio una tropa de 25 hombres armados al mando del Jefe Político. A pedido de la Municipalidad, llevaban como mandato capturar a un grupo de individuos que “habían roto el cordón sanitario, trayendo un número considerable de animales vacunos”. Interpelados por la autoridad, se han dado a la fuga y se han refugiado en una estancia. El objetivo es rodear la estancia y prenderlos.

Con fecha 8 de marzo y en sesión extraordinaria la Corporación Municipal, en consideración su “deber supremo” de “velar por la salud pública” y viendo que “desgraciadamente está comprobada la existencia y propagación de la fiebre amarilla en Buenos Aires”, declara “cerrado el puerto del Rosario para todos los buques que procedan de Buenos Aires, Corrientes y demás puertos infestados”.

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El 8 de marzo la Corporación Municipal declara el cierre del puerto del Rosario / Archivo Histórico Diario La Capital.

Y aclara: “Sólo se permitirá al vapor que conduzca la correspondencia pública, llegar hasta el Lazareto flotante, no pudiendo pasar más arriba de ese punto”. Allí dejará la correspondencia que será fumigada “bajo la inmediata inspección del médico del Lazareto”. Quienes violen las medidas de sanidad serán enviados al Lazareto por todo el tiempo que dure la clausura del puerto y, cuando abra, serán sometidos al juez competente.

El director de Telégrafos de San Nicolás primero, en favor de unos 30 empleados, y el gobierno de Córdoba después piden excepciones a la cuarentena. Los bonaerenses quieren seguir trabajando de este lado del Arroyo del Medio y los cordobeses liberar a dos “electores de Gobernador”, indispensables para garantizar la elección, que se encuentran en el Rosario. La HCM es inflexible y Del Castillo contesta inmediatamente que “no es posible (...) sin incurrir en una transgresión manifiesta de la Ley de sanidad pública”.

La severidad de la Corporación logra rápidos halagos: “En vano los periódicos de Buenos Aires y algunos telegramas han combatido y reprobado nuestras medidas preventivas. En vano se han esforzado las empresas de vapores y algunos médicos superficiales en condenar la cuarentena (...) ora negando el contagio, ora disfrazando la enfermedad con otros nombres, ora reputándola impropagable (...). Nada de esto ha sido capaz de hacer retroceder á la Honorable Municipalidad del Rosario”.

Para concluir: “La población del Rosario se felicita altamente de sus guardianes municipales, y ve con estrema pena la aflicción creciente de la gran ciudad Capital (...). Recojan sus burlas é insolencias los que han vituperado con descomedimiento y acrimonia las disposiciones de nuestra Municipalidad, en tanto que nosotros le brindamos un cordial aplauso”.

Pero tanto celo debe empezar por casa. La Capital pide “vigilancia higiénica” a la Municipalidad ya que “a cuatro cuadras de la plaza” hay dos depósitos de agua “inmunda, verde, corrompida, que despide olores fétidos bastantes para corromper la atmósfera, y producir el cólera ó la fiebre”, y por el “desaseo general” de los ranchos, conventillos y cuartos del bajo “donde duermen cuatro o seis personas”. El 23 de marzo vecinos denuncian a la Municipalidad “el estado de desaseo” de las letrinas de la casa de la calle de la Bajada número 21 y 23, a las que es “materialmente imposible entrar en ella”.

Se cree en la época que el medio químico a mano para combatir las pestes es el bleck o la brea, o en realidad los vapores que despide. Se la habría utilizado “calentándola” con cal viva o ácido sulfúrico. La Capital y la Opinión Nacional le piden a la Municipalidad que distribuya bleck entre el vecindario “para desinfestar las letrinas”. El reparto se realiza con un carro, cosa que el diario evalúa insuficiente y propone utilizar “más carros” o “señalar un paraje donde el vecindario pueda ir a buscar bleck”.

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La Empresa de Gas instalada en 1865 todavía en construcción (hoy 1º de Mayo y Córdoba) / Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

La Capital cuenta que la Empresa de Gas cobra 30 pesos por el bleck, y rezonga pues, ya que “en estas circunstancias” no lo da gratuitamente, “lo venda tan caro”. También están involucrados en el reparto los inspectores de manzanas, entre ellos el Sr. Cabot, quien además “ha hecho distribuir varias carradas de escombro para tapar algunos pantanos”, así como el Comisario Garcilaso. Y se ha nombrado también encargado para las visitas domiciliarias en las manzanas de las calles Puerto, Libertad y Progreso. El jueves 23 de marzo los vecinos de calle Santa Fe han recibido el bleck y se manifestaron “satisfechos por el buen comportamiento de la Municipalidad”. Se seguirán practicando con “puntualidad y rijidez” y “la mayor proligidad” las visitas domiciliarias para así “estar seguros que la epidemia no hará presa entre nosotros”.

Aglomeraciones: ranchos, escuelas y misas

Entre las acciones sanitarias dispuestas y tras una visita domiciliaria, la Municipalidad anuncia el desalojo de los ocupantes de los ranchos ubicados al norte de la ciudad sobre la barranca y la costa del río Paraná en el confín de las calles del Puerto, Libertad y Progreso. Y se les ofrecerá diez pesos a los dueños para que quieran trasladarlos. Se exceptúan los ranchos de material que mantengan buenas condiciones higiénicas. La resolución se toma haciendo efectiva la “Ley de hijiene pública” y para cumplirla ha dispuesto peones y carros para deshacer los ranchos. El sábado 11 de marzo se inicia el traslado de los ranchos de la calle Puerto y para el miércoles 15 de marzo la Municipalidad informa que ha volteado 42 ranchos y que se ha abonado a sus dueños la cantidad de 420 pesos bolivianos. Finalmente son 71 los ranchos destruidos.

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Vista general del poblado del Rosario en un grabado realizado en 1863 / Thomás J. Hutchinson.

Las aglomeraciones, se estima, son problemáticas mientras se debate la condición sanitaria de las escuelas y el párroco de la iglesia decide que algunas misas y las homilías serán en la puerta del templo.

En un texto denominado “La fiebre amarilla no nos invadirá”, el diario advierte que en las escuelas “se vicia el aire y en todas falta ventilación”, y sugiere que se impida “la permanencia de los niños durante tres horas consecutivas en una misma sala”. Y es taxativo en su solicitud: “Se han prohibido los bailes y nosotros pedimos no que se cierren las escuelas porque gozamos de buena salud, sino que se vigile y se cuide la salud de los niños y de los señores profesores”.

Por su parte, el canónigo Martín Piñero informa que “ha resuelto que en los días de fiesta se digan las misas en la puerta del templo, menos la de doce”. Los sermones también serán en la puerta. “El señor canónigo no solo se interesa en la salud física del cuerpo” sino también “por los auxilios espirituales y religiosos”, y “merece pues, por acciones tan saludables, el respeto y la consideración de la sociedad”. Sobre todo porque también se ha ofrecido para ir al Lazareto “toda vez que se precisen los auxilios espirituales para los que allí sufren”. Y en carta con fecha 10 de marzo al solicitar el permiso escribe: “Me proporcionaría Vd. (...) una gran satisfacción en ocuparme para tan Santo fin (...). Aún cuando se hallare alguno atacado de la peste reinante en torno nuestro, no vacile en aceptar mis servicios”.

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La plaza mayor y al fondo la iglesia parroquial (der.) y la Gefatura política (izq.) en 1876 / MHPJM.

Incomunicados y desabastecidos

Debido a las restricciones, a principios de marzo el correo avisa que los despachos de correspondencia se realizarán sólo los días martes y sábados. Ya había habido una semana sin correspondencia, pero la cuestión se agrava cuando el Gobierno nacional rompe el contrato con la Empresa Matti, y Rosario ya no recibe comunicación de Buenos Aires vía fluvial. Con el cordón sanitario en vigencia, Rosario quedó prácticamente incomunicada.

Varios días después “el empeño del Señor Administrador de Correos ha posibilitado que se reanude la comunicación con Buenos Aires”, aunque el servicio debió seguir siendo precario porque La Capital sigue reclamando por un servicio que el gobierno presta deficientemente. Y se solidariza: “Si esto sucede con el Rosario, sufren todas las provincias del Interior”.

Debido a la incomunicación con Buenos Aires, empiezan a escasear en el Rosario “los artículos de mayor consumo”, como “la yerba, el azúcar, el vino y el tabaco”. Además, todos “han subido de precio”.

La peste va cercando al Rosario

La angustia crece cuando se van sumando puntos de infección confirmados y desmentidos con la misma vehemencia. Para no errarle, se ha establecido la cuarentena para los buques que proceden de Entre Ríos, ya que la fiebre amarilla se ha manifestado en Concordia. Tras la negación, otro lugar corre la misma suerte: Montevideo y “es de presumir que lo mismo suceda con el Uruguay”.

El Cónsul General Argentino en Montevideo, Luis Lamas y Hunt (padre de quien luego fuera intendente de Rosario), le confirma a La Capital en nota con fecha 23 que por allí no hay “ningún asomo de la epidemia. Condiciones sanitarias exelentes”. Confirma la situación un telegrama del ministro de Relaciones Exteriores de la República Oriental de Uruguay recibido por Lamas y Hunt.

La incertidumbre es explícita en una interpelación a la Corporación Municipal que el diario titula ese día 23 “Preguntas”: “¿En qué situación nos hallamos para contrarrestar los efectos de la fiebre amarilla si por desgracia llega a propagarse? ¿Hay lazaretos y hospitales preparados? ¿Hay un parage elejido fuera de la ciudad para que los proletarios puedan permanecer en él, á fin de evitar la aglomeración de personas y huir del contagio? ¿Hay médicos seccionales que estén obligados á concurrir de día y de noche, donde los llamen? ¿Hay boticas que permanezcan abiertas a toda hora y en todos los barrios? ¿Hay un régimen marcado y estudiado por el Consejo de Higiene que sirva de norma á los facultativos para combatir la enfermedad? ¿Hay elementos reunidos para atender á los indijentes en ese caso estremo, en esa situación precaria en que el trabajo falta y por consiguiente el pan? ¿Se ha pensado en evitar el inmediato contajio en las vecinas poblaciones? ¿Se ha tenido en cuenta la formación de un asilo para los huérfanos ó viudas que por consecuencia del flajelo pierdan su único amparo en la tierra?".

La Capital había enumerado las calamidades el 18 de marzo bajo el título “Las plagas de Egipto”: en Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Goya y Pernambuco hay fiebre amarilla, lo mismo que en Asunción además de tifus, y en Montevideo viruela negra, describiendo así el infecto infortunio que cerraba su cerco sobre el Rosario. Y que ya estaba a pocos kilómetros.

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Con fecha 24, el presidente de la HCM Narciso del Castillo cursa aviso al Jefe Político y de Policía D. Jacinto Corvalán de la aparición de “casos de fiebre amarilla en el Pergamino, provincia de Buenos Aires”, y le solicita “redoblar la vigilancia en aquel punto, imprimiéndole á este servicio un carácter serio y de grave responsabilidad para los oficiales que la desempeñan”.

Y aún falta lo peor. Ese mismo día Fernández le escribe desde Buenos Aires a Ovidio Lagos informándole que su hermana Carlota “ha sido atacada fuertemente” por la fiebre amarilla. Al otro día un telegrama dice que “ha fallecido Carlota Lagos”, que el mal crece “estraordinariamente” y que faltan médicos.

La serie completa

Capítulo 1: Cómo zafó el Rosario de la fiebre amarilla en 1871

Capítulo 2: Noticias contradictorias crean un clima angustiante

Capítulo 3: Restricciones y efectos de la peste en el Rosario

Capítulo 4: Crisis económica y alcance de la política sanitaria

Capítulo 5: Quién era el Dr. Francisco Riva, un héroe local

Capítulo 6: Una ciudad solidaria con Corrientes y Buenos Aires

Capítulo 7: Una hazaña rosarina que se destacó cuando vino lo peor

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