La ciudad

Gladiadores en los penales de Rosario

Germán Dileo es odontólogo y entrenador de rugby de Old Resian. Hace dos años visita las cárceles para enseñar un deporte y para transmitir valores. Hoy son más de 30 los entrenadores en las unidades penitenciarias número 6, la 11, en Pérez y en el Irar.

Lunes 17 de Septiembre de 2018

Germán Dileo es odontólogo y entrenador de rugby de Old Resian. Hace dos años visita las cárceles para enseñar un deporte y para transmitir valores. Hoy son más de 30 los entrenadores en las unidades penitenciarias número 6, la 11, en Pérez y en el Irar.

"Una noche nos quedamos a cenar en el club con otros papás y salió el tema de la inseguridad. Me quedé pensando que siempre le echamos la culpa al otro, y otro papá, Fernando Benítez, coincidió conmigo. Le dije que algo teníamos que hacer y me contestó que podríamos ir a enseñar rugby a la cárcel. El conocía la experiencia de Los Espartanos". Así cuenta Dileo cómo empezó la aventura de Los Gladiadores, el equipo de rugby que armaron en las cárceles hace dos años.

Al principio le pareció que la idea de Benítez era un disparate. Fueron a la Unidad Penitenciaria número 6. No sabían qué iba a pasar. Se sumaron 80 chicos.

Sólo allí hay entrenamiento los lunes y jueves, los viernes gimnasio y los miércoles un taller con los psicólogos que implementaron más tarde para los internos. Porque al rugby sumaron otros profesionales y tuvieron que armar una fundación que se llama Tercer Tiempo.

Ariel Puignero es otro que se prendió en la iniciativa.

"La idea es que las reglas de juego sirvan para la vida. En el rugby aprendés el orden, la solidaridad, el respeto y el trabajo en equipo, valores clave para la reinserción", agregó.

La tarea de Tercer Tiempo continúa fuera del encierro. "Los ayudamos en la reinserción. Conocemos a varios que ya salieron y los seguimos de cerca, intentamos conseguir algún trabajo y también seguimos jugando al rugby con ellos".

Los entrenadores conocen las necesidades intramuros y descubren que lo más acuciante es la carencia de afecto. "Al terminar la práctica, una costumbre del rugby es un abrazo y cuando lo hicimos por primera vez, todos me miraban porque no podían creer que alguien los abrazara", contó Dileo emocionado.

El rugby da sus frutos. "De los que jugaron en la cárcel, no reincidió ninguno", destacaron. Ahora necesitan más voluntarios para ampliar los horarios de entrenamiento y todo tipo de ayuda tanto para los Tercer Tiempo como para los Gladiadores. "Necesitamos pelotas, botines, camisetas, pantalones y medias. Todo viene bien", dicen los entrenadores que transpiran la camiseta en la cancha de barro de la Unidad Penitenciaria 6 de Rosario.

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