La ciudad

Enamorados del barrio, recrearán la historia del lugar donde crecieron

Es un grupo de cuatro amigos de la zona de la plaza Alberdi. Decidieron escribir un libro para perpetuar la infancia más "hermosa".

Domingo 30 de Diciembre de 2018

La "Barra de la plaza Alberdi", decidió desalentar el paso del tiempo y perpetuar la infancia que vivió en un lugar "hermoso", que la unió para "siempre", palabra favorita del grupo. Sus integrantes nacieron en la misma manzana, con pocos meses de diferencia, se conocieron gateando y hoy siguen el ritual de encuentros mientras preparan un libro sobre la amistad y la historia del barrio con sus comercios, calles y personajes.

"Che loco te extraño, te quiero mucho, dicho por cualquiera de nosotros adquiere una magnitud insospechada, respaldada por los años que son más de 60". Así resumen su vínculo Carlos Robecchi (Manzana), Claudio Wandzik (Claus), Ricardo Díaz (Richard) y Edgardo Llusá (Nino), en el bar La Estrella, de Mitre y Catamarca, cita obligada, cuyas mozas se suman a tomar fotos, develando la rutina de los cófrades en el lugar.

En el mapa, la amistad nació entre las calles Freyre, Superí, Warnes y bulevar Rondeau, siguió en la Escuela Carrasco, en las esquinas, en el almacén del barrio, la Despensa Alemana del papá de Claus, la casa Confort Moderno del padre de Robecchi, y la carnicería de Ricardo Díaz, donde el Negro Fontanarrosa compraba el asado con el que agasaba a Joan Manuel Serrat cada vez que visitaba Rosario, y que el célebre rosarino llevaba hasta Alberdi en su Citroën verde, para pasar desapercibido.

"Díaz, viene el Catalán, preparame un buen asado", cuenta Richard que le decía Fontanarrosa a su papá, por cuyo negocio "pasaron varias generaciones". Es más, fue invitado a cenar con Serrat, pero no asistía seguramente por "vergüenza", evoca.

Los comercios del barrio van aflorando, cargados de emoción, con chispazos de humor y "piel de gallina". Y pasan revista, sólo a modo ejemplo, incluyendo travesuras.

Por Superí, estaba la farmacia del Indio y la panadería de Cabacini. En Freyre, la "ferretería grande de Manolo Jáuregui", que disputaba a viva voz los clásicos de River y Boca, con su hermano, Víctor Jáuregui, que tenía una estación de servicio enfrente, además de la peluquería de Panchito, donde los chicos de Alberdi salían con el pelo cortado "a tasa" y adonde los cuatro amigos iban dejando pasar los turnos, para leer los Patoruzú, dispuestos para clientes.

A la vuelta de Warnes, recuerdan una juguetería y quiosco donde ponían cohetes para las fiestas. La sola memoria de estas celebraciones los ilumina. Mesas afuera con olor a espiral, vecinos que celebraban juntos después de la medianoche, "no como ahora que doce y cinco no queda nadie y sobre todo, donde ningún viejo del barrio quedaba solo". Era otra época, aclaran.

Tan distinta era la vida cotidiana que hasta jugaban en la comisaría del barrio, en ese momento la Nº 12, como tantos otros de los lugares que el cuarteo exploraba a la hora de sus incursiones lúdicas. Por asociación de ideas, pasan a la seguridad y añoran, "a la tardecita la gente sacaba sillones a la puerta".

En la vereda también jugaban "los grandes para carnaval, en Warnes y Freyre". Para esos días, los amigos disfrazados se declaraban como murga y recorrían los bares de bulevar Rondeau, en busca de "chirolas" necesarias para arreglar la pelota, comprar álbum de figuritas y juguetes, viajar al centro a los cines y tantas otras cosas que necesitan los chicos y los adultos no son tan dispuestos a considerar.

"Fuimos unos adelantados en la autogestión de recursos", celebran. Además de la murga, limpiaban fondos de casas donde juntaban botellas que vendían a repetición a un botellero desprevenido, con las pilas de envases al alcance de sus menudas manos. Risas a carcajadas. Y las travesuras engarzan con zonas más profundas.

Todos conocidos

"Alberdi era hermoso, donde todos se conocían" y con una plaza, llena de flores, juegos y gente, que era su base de operaciones, donde hasta organizaron el equipo de baby fútbol para el torneo organizado por Canal 5, del que participaron con una camiseta roja con una bandera argentina al medio. Siendo todos canallas, ¿por qué esa camiseta? "Era la única que pudimos comprar con la plata que juntamos", festejan.

"La plaza Alberdi no sólo fue nuestro crecer, también del fútbol; éramos el renombrado equipo de Alberdi y la plaza, y teníamos desafíos con otros cuadros del barrio, como con los de Whashington y las vías. Si ganabas, de ahí no salías vivo", dicen en risa franca. Y especulan que alguno de los rivales, lean la anécdota en La Capital. Aunque aclaran: "No existía la mala gente, era todo verbal, jamás peleamos con nadie".

El respeto incluía a cualquier adulto que los reprendiera. "Como aquella vez que nos hamacábamos de manera peligrosa, salió la señora de Cabacini, nos retó fuerte y nosotros nos sentamos con la cabeza baja y quietos", dicen sobre aquellos días de vínculos "más sanos" y cuando casi no había autos circulando por el lugar, como lo demuestra una fotografía del grupo con el fondo de calle Freyre hacia el río.

En la secundaria seguían inseparables y la juventud los encontró frente a caminos diferentes, pero nada que pudiera desdibujar los vínculos de aquellas tardes gloriosas. "Estar con una chica o con un amigo?.", se festejan a sí mismos. Aunque no pasan por alto que la plaza también fue escenario de aquellos primeros encuentros con las chicas.

De la misma época se reconocen pioneros en el barrio en musicalizar cumpleaños, con los recursos técnicos que proveía Confort Moderno y que en aquel momento transformaban las fiestas "cuando los disc jockeys no habían nacido, eso nos daba chapa, como dijo Capusotto, se acercaban las minitas". A esa altura, el encuentro con este diario era a risa continua, entre mutuos festejos.

¿Qué es la amistad entonces? Los Cuatro Fantásticos hacen silencio. Piensan. Sacan un teléfono con la foto del cumpleaños infantil de Richard, se muestran niños. Las mozas se suman. Dicen que están preparando un libro. Y la definición tarda. Al final coinciden en que es un intangible que se siente corazón adentro y se expresa en esa constancia vincular que los años no logran desvanecer. Más aún, envían un mensaje a Jorge Bagnasco que "era el quinto elemento y lo perdimos de vista, si lee el diario que se ponga en comunicación con nosotros". Otra cita de honor, como las que cumplen hace más de sesenta años.

"Che loco te extraño, te quiero mucho, dicho por cualquiera de nosotros adquiere una magnitud insospechada"

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});