Si bien la ordenanza que obliga a registrar a los perros mediante la colocación de un microchip ya cumplió 20 años, son pocos los dueños de estos animales de compañía obedientes del requisito que permite identificar a la mascota, vincularla con su dueño y llevar el control sanitario. Según reconocen desde el Colegio de Veterinarios, la colocación de los chips a los perros se limita a las situaciones de viaje en avión, ya que es un requisito de los aeropuertos. En tanto, en el Instituto Municipal de Salud Animal (Imusa) la colocación de chips se reserva sólo a las razas potencialmente peligrosas que llegan hasta el albergue municipal y se dan en adopción. Los profesionales reclaman controles más severos para favorecer la tenencia responsable.
"El chipeo de animales de compañía es sumamente importante. Es una forma de que los dueños se hagan cargo de sus mascotas en el caso de que muerdan o lastimen a alguien, y también para evitar la pérdida o el robo de animales", advirtió Natalia Soledad Hernández, médica veterinaria y consejera del Colegio de Veterinarios de Rosario.
El tema volvió a ponerse en debate esta semana después de que un perro de raza pitbull, completamente descontrolado, atacara a cinco personas en barrio Azcuénaga el domingo pasado, en pleno mediodía. La loca carrera del animal terminó cuando intervino un policía de civil que le disparó tres veces, después de fracasar en su intento por contenerlo de otra forma.
Este miércoles la fiscalía intentaba aún encontrar al dueño del animal para que lo retire de la veterinaria de Carlos Cossia, donde lo habían operado, salvándole la vida. El pitbull no tenía collar ni ninguna identificación. Los vecinos coinciden en que el perro no vive en el barrio y algunos aseguran que llegó corriendo detrás de una camioneta, posiblemente abandonado.
Si bien en Rosario es obligatorio desde 2002 identificar a los perros, varios veterinarios coinciden en que la ordenanza se cumple poco y nada. La norma (Nº 7445) regula la tenencia, control, registro, protección y permanencia en lugares de uso público de los animales de compañía en la ciudad y señala claramente que todos los perros deben inscribirse en un "Registro Unico de Mascotas" y que "la identificación de los mismos se hará mediante la utilización del sistema electrónico de microchip a colocarse en forma subcutánea, de modo de posibilitarse su posterior lectura externa mediante lectora, cargándose los datos del can como del propietario".
La estrategia de aplicación de microchips se reglamentó ocho años después para los perros considerados de razas potencialmente peligrosas como Pit Bull Terrier, Staffordshire Bull Terrier, American Staffordshire Terrier, Rottweiler, Dogo Argentino, Fila Brasileño, entre otras, o todos aquellos canes de un peso mayor a 12 kilos, cabeza robusta y cráneo ancho, mandíbulas grandes, boca ancha y determinadas medias de perímetro toráxico y extremidades.
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Seis años después de su implementación, de acuerdo a datos oficiales, se habían aplicado un total de 3.058 microchips por parte del Imusa y 85 en veterinarias privadas. Fue la época de mayor demanda de registros. Actualmente, reconocen fuentes del organismo municipal de salud animal, difícilmente se duplique ese número.
El magro registro contrasta con las estimaciones sobre la cantidad de perros que viven en la ciudad. La última, surgida de un censo realizado por la Universidad Nacional de Rosario, determinó que en el 60 por ciento de los 370 mil hogares rosarinos la convivencia es compartida con al menos un perro o un gato propio. Esto arrojaría un universo de unas 230 mil mascotas, considerando un solo animal de compañía por hogar, sin embargo el número no contempla la cantidad de animales que viven en la calle.
Escasa demanda
Actualmente, la colocación de chips en canes no es un procedimiento que tenga mucha demanda. "Los dueños lo piden cuando salen al exterior, porque es un requisito del Senasa para salir del país o cuando se viaja a Uruguay, que desde el 2018 tiene una ley de registro de canes", explicó Hernández.
La veterinaria recordó que cuando se abrió el registro de mascotas, tanto en el Imusa como en los consultorios particulares se incrementó la demanda de identificación de mascotas. Sin embargo, ese primer impulso se discontinuó, consideró, por la falta de controles al cumplimiento de la medida.
Más allá de las razones, "ahora sólo llegan a los consultorios quienes se van a vivir al exterior o de viaje y se llevan su mascota", señaló la profesional.
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La colocación de microchips es un procedimiento sencillo, que incluso puede realizarse en la casa donde vive la mascota. Su costo varía entre 5 y 10 mil pesos, de acuerdo a la tecnología empleada, la marca del microchip, el lugar de atención o el mecanismo de registro.
El chip mide apenas 1 centímetro de largo y dos milímetros de diámetro, como un grano de arroz pequeño, y se aplica como si fuera una vacuna, sólo que con una aguja más gruesa, en forma subcutánea en la zona de las escápulas del animal. Hay de varias marcas, la mayoría comercializadas por laboratorios veterinarios. Las más usadas son Datamars y Rosenbusch.
Para Hernández, los beneficios de la identificación de animales de compañía son muchos, "sobre todo es una forma para que cada propietario se haga cargo de su mascota, pero además resultan imprescindibles en situaciones de robos y pérdida de animales".
Potencialmente peligrosos
Fuentes del Imusa reconocieron que actualmente no están colocando microchips a perros que tengan dueño. "Hemos tenido problemas con las importaciones de esta tecnología, por lo que el stock que tenemos lo reservamos para aquellos considerados perros potencialmente peligrosos (PPP) que damos en adopción", indicaron profesionales consultados por La Capital.
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Según consideraron, el registro de mascotas es una de las políticas de salud animal en las cuales la ciudad es pionera. Sin embargo, pasados los primeros años de implementación de la obligatoriedad, la demanda cayó.
A las complicaciones para comprar los chips se sumó poco después la pandemia de coronavirus, que obligó a redefinir prioridades. "Con la crisis sanitaria nos concentramos más en las campañas de desparasitación, vacunación y esterilización y colocamos todos los recursos ahí", señaló un profesional del instituto municipal y destacó que se trata de políticas que deben abordarse en forma integral mediante el trabajo conjunto de varias áreas del municipio, entre otras, las áreas técnicas para garantizar el funcionamiento del registro y las de control para fiscalizar el cumplimiento de las ordenanzas.