La novedad sobre la avalancha de reservas en los salones de fiestas de Rosario viene asociada a la necesidad de decidir sobre los atuendos y accesorios que acompañarán a los convidados. Las nuevas olas y la economía han modificado los hábitos de los celebrados y sus invitados, y entre ellos aparece como una opción consolidada el alquiler de indumentaria. Chicos y chicas de graduación, y hombres y mujeres en época de celebraciones eligen hoy en Rosario no comprar, y luego obligadamente atesorar, una prenda "que vas a usar ocho horas de tu vida".
Para un referente del sector, el alquiler de trajes se decide en una fórmula que combina economía, utilidad y calidad. “La gente no busca alquilar porque se le complica en lo económico, sino porque no quiere saber nada con esas prendas en la casa”, sostiene Alejandro González, propietario, diseñador y a veces vendedor de González Exclusivo, una firma tradicional en Rosario con más de 20 años de experiencia en el alquiler de indumentaria masculina para celebraciones.
En los shoppings, por ejemplo, “las casas que venden, nosotros no vendemos, tienen un producto que puedas darle utilidad más seguido”, aclara y retrata con ironía: “Si no vas con el mismo traje de casamiento para todos lados”. Más allá de la nostalgia, la dudosa utilidad posterior al rito de un vestido de novia sirve para completar el cuadro.
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Las fiestas de fin de año con sus reuniones laborales o familiares y graduaciones desata la necesidad de lucir bien y con estilo propio.
Diario La Capital / Virginia Benedetto
Diseño y calidad
González se encarga de diseñar prendas para casamientos diurnos y nocturnos, graduaciones, reuniones para todos los eventos y a cualquier hora. Remarca que la diferencia entre alquilar y vender no es solo económica, sino de diseño y calidad. “Trabajamos una línea premium de indumentaria. Son prendas que en un 90 por ciento no las vas a encontrar a la venta”, afirma. Y alerta: “Tenés que tener un placard bastante grande para comprarla”.
El cliente de los locales ubicados en Sarmiento 1329/1333, en la esquina con 3 de Febrero, y otro en la ciudad de Santa Fe “es alguien que quiere presentarse bien”, asegura, “viene a buscar una prenda determinada para marcar una diferencia, ser la figura del evento”.
Por cuánto
González hace cuentas. Cualquier prenda de primer nivel para eventos a la venta podría rondar entre los $300 y los $500 mil pesos, y los alquileres arrancan en $25.000 hasta $90.000. El combo incluye saco, pantalón, camisa y corbata, sin los zapatos. Asimismo, para las celebraciones institucionales se usan los smokings que pueden alquilarse entre $40.000 y $90.000.
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En Gonzalez Exclusivo, por ejemplo, se ofrece un servicio de sastrería para adecuar el traje al cuerpo del cliente.
Diario La Capital / Virginia Benedetto
Aunque parezca extraño, la oferta de la casa González no se circunscribe al alquiler de la vestimenta. Suma los servicios de tintorería, sastrería a medida y barbería, lo que significa un ahorro, ya que el traje se entrega tras el uso, un sastre se ocupa de adecuar las prendas a los cuerpos de los clientes y un barbero termina el trabajo.
González confiesa que la semana anterior cerró la campaña 22/23, que ya se hicieron las fotos de promoción con modelos en un estudio y en la Aduana, y que las nuevas vestimentas serán expuestas en los próximos días en las plataformas de la empresa.
Para las chicas
También hay alquiler de vestidos para las chicas y Velvet es un emprendimeinto rosarino de Stephanie Pipek que puede servir de ejemplo. Pipek es uruguaya, formada en Administración y Gerencia, en 2006 se vino a Rosario al casarse con Gastón, su marido rosarino. “En Uruguay está de re-moda el tema del alquiler desde hace bastante tiempo. Para mí, mis amigas, para la gente es re-común alquilar vestimenta”, explica y compara: “Montevideo y Rosario son bastante parecidas y como esto no existía acá me traje la idea”.
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Las clientas de Velvet no tienen rangos determinados de edad y son diferentes en sus estilos cuando de alquiler de atuendos se trata.
Gentileza: Velvet
Así, en 2017 Pipek abrió Velvet Store, un emprendimiento de alquiler de vestidos que hoy tiene a su dueña “desbordada”. La modalidad de trabajo es por turnos. La entrevista se realiza en el showroom, y entre locataria y locadora se ponen de acuerdo en el estilo del atuendo en relación al evento y al protagonismo de la clienta en esa fiesta.
Luego de la reserva, el vestido se retira un día antes del evento y se entrega el primer día hábil luego de la fiesta. “La tintorería está incluida, así como te sacaste el vestido, lo guardás y lo traés”.
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Stephanie Pipek es uruguaya, se formó en Administración y Gerencia, y en 2006 se vino a Rosario al casarse con Gastón, su marido rosarino.
Gentileza: Velvet
Como el objetivo es no gastar o gastar lo menos posible, siempre aparece la disponibilidad de zapatos u otras prendas para elegir el vestido correcto.
Talles y edades
Pipek cuenta que en sus percheros hay entre 700 y 800 vestidos de talles que van de XS a XL y XXL, con moldes diferentes de prendas extranjeras y de un estilo tradicional, atemporales, para que sirvan de año tras año. Hay vestidos cortos, largos, con brillo y monos, con estos últimos como actuales objetos de deseo.
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Velvet cuenta que en sus percheros con unos 700 y 800 vestidos de talles que van de XS a XL y XXL y de distintos estilos.
Gentileza: Velvet
Sobre las tendencias de la temporada, la locadora describe “colores de verano” como el fucsia, el amarillo y el verde. “Ahora todas quieren verde”, reflexiona. Sobre las elecciones de sus clientas, alerta que depende del evento y de la personalidad de cada una, “a lo mejor para los eventos empresariales es mejor algo más tranquilo y para las megafiestas, los brillos”.
Es importante también el valor de uso de las prendas en el contrato de alquiler. “Los monos llaman la atención, al igual que por ejemplo un vestido amarillo, pero no te lo comprás y si querés lo alquilás”.
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Hay en Velvet hay disponibles vestidos cortos, largos, con brillo y monos, con estos últimos como actuales objetos de deseo.
Gentileza: Velvet
Los precios de alquiler de los vestidos rondan entre los $2.000 y los $7.500. Los vestidos largos con bordados, delicados, necesitan otro proceso de tintorería y encarecen el alquiler. Si se comparan con vestidos que se venden a entre $60.000 o $70.000, la cuestión económica es obvia, pero aparecen además la responsabilidad ecológica, ya que ”es una prenda que vas a usar ocho horas de tu vida”, y la costumbre. “Tengo clientas que nunca más compraron un vestido”, destacó.
Las asiduas de Velvet no tienen rangos determinados de edad y son diferentes en sus estilos: “Finalmente son ellas las que deciden qué ponerse”. Y son ellas mismas las que explicitan el éxito del negocio, con casi 30 mil seguidores en la plataforma Instagram.