Casi sobre la vereda, por Donado a unas cuadras de Mendoza, la casillita de lata llama la atención por un cartel que “prohíbe” estacionar. Lo mismo otra cochera ad hoc —esta de material— ubicada a unos metros. La ocupación irregular de los espacios públicos o comunes en los barrios Fonavi de la ciudad no es nueva, pero crece a la par de una crisis habitacional y de espacio que se manifiesta de múltiples formas. A su vez, es producto del abandono al que el Estado sometió a estas vecindades, al punto que recién el año pasado la provincia comenzó —tras décadas de postergaciones— el engorroso proceso para que los adjudicatarios puedan escriturar sus viviendas y convertirse en propietarios.
Entre la necesidad y la avivada, boxes de ladrillo, cemento, chapa, madera o todo eso junto siguen levantándose en veredas y espacios verdes de varios Fonavis rosarinos. Pueden ser cocheras —necesidad imperiosa en una ciudad con casi un auto cada dos habitantes que ya no confían en dejarlo en la calle—, comercios (desde verdulerías hasta venta de celulares) y algunas que hasta parecen hacer las veces de vivienda.





























