“Una persona del género femenino tiene derecho a saber algo más que Colón descubrió América, tocar piano, cantar, coser y bordar en seda china”, escribió Emma de la Barra en su primera novela "Stella", el primer bestseller argentino en los inicios del siglo XX. El libro fue el segundo más leído después de la afamada "Amalia" de José Mármol, pero que la mujer debió firmar como César Duayen para publicarse. Eso que esta rosarina, nacida en 1861 en el seno de una familia aristocrática, se atrevió a poner en letra de molde en la ficción, no hizo más que traducirlo en una lucha en su propia vida: no solo escribió y se dedicó a la música y las artes plásticas, sino que además fue empresaria y fundó la primera escuela profesional de mujeres y la Cruz Roja. "Un carácter de permanente luchador por la libertad de la mujer", como la recordaron en un homenaje en La Capital.
"Emmita", como la llamaba su círculo más íntimo, no fue la única en la historia de las letras a las cuales el derecho a escribir le fue otorgado a través de un nombre de varón: Amantine Dupin tuvo que ser George Sand en la Francia del siglo XIX, Mary Ann Evans lo hizo como George Eliot en Inglaterra y en Estados Unidos Charlotte, Emily y Anne Brontë fueron Currer, Ellis y Acton Bell para poder publicar.
HIja de Federico de la Barra, periodista, fundador del diario "La Confederación" y senador por Santa Fe, y Emilda González Funes, nació "antes de la batalla de Pavón" como aclararía en 1947 su obituario, en una aristocrática familia que habitaba una casona que ya no existe, lindera a la actual catedral. Esa posición no sólo le permitió el acceso a las letras y otras artes, sino además la participación siendo adolescente a reuniones literarias y mítines obreros.
Esa condición también tuvo su contracara en un primer matrimonio acordado por su familia con su propio tío, Juan de la Barra, hermano de su padres y dos veces mayor que ella. Sin embargo, es durante ese matrimonio que Emma, antes de emprender una carrera literaria y ya viviendo en Buenos Aires, funda la Sociedad Musical Santa Cecilia, la primera escuela profesional de mujeres y la Cruz Roja, junto a Elisa Funes de Juárez Celman.
Escritura y segundo matrimonio
Ya por entonces realizaba trabajos de traducción, pero fue después de quedar viuda que toma forma su obra literaria. "Stella" fue su primera novela, publicada en 1905, y relata en clave ficcional y a través de la historia de dos hermanas huérfanas, su propia vida. Una historia que no deja de lado una fuerte crítica a la sociedad de su tiempo y al lugar de las mujeres en las estructuras familiares.
Sin embargo, la salida a la luz pública de su trabajo, no lo hace bajo el nombre de Emma de la Barra, sino que elige firmarla como César Duayen. La obra fue un éxito en ventas, tuvo 20 reediciones e incluso se tradujo a varios idiomas.
“Stella es una novela genuinamente argentina, una pintura de caracteres y de costumbres de aquel pueblo adolescente, de aquella sociedad varia y vivacísima. Pero no se trata de una pintura adulteradora. No sé de ningún escritor argentino que haya dicho nunca tan abiertamente a su país tal número de verdades, tan duras de oír como útiles y dignas de meditar, y que su país haya acogido con aplauso tamaña sinceridad, es cosa que le da honor”, escribió el reconocido autor Edmondo de Amicis, autor de Corazón, encargado de prologar la obra.
Ya para ese entonces, Emma había conocido a Julio Llanos, periodista y quien se convertiría en su segundo marido. Llanos no solo fue quien llevó adelante las gestiones para la publicación de la novela, sino además fue quien a través del diario La Nación organizó un concurso para develar el misterio de la verdadera identidad de César Duayen.
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"Corresponde a una bellísima dama, la señora Emma de la Barra", escribió Manuel Láinez. Sin embargo, las novelas que siguieron, "Mecha Iturbe" y "El manantial", volvió a editarlas bajo su pseudónimo masculino, al tiempo que comenzaba a colaborar en revistas y folletines como Caras y Caretas y El Hogar.
Mientras sus obras se adaptaban al cine, en 1915, durante la Primera Guerra Mundial, viaja con Llanos para las coberturas del diario La Nación, y es la propia Emma la que se convierte además en cronista.
Mujer de fortuna, para finales del 1880 invirtió gran parte de su dinero en la construcción de un barrio obrero, en los alrededores de La Plata. El proyecto no llegó a concretarse.
Apenas cinco años antes de su muerte, en 1947, escribió su última novela "La dicha de Malena". “Escribo cuando siento necesidad de hacerlo, con verdadero deleite, como quien se proporciona a sí mismo un regalo”, había declarado en una entrevista realizada por la revista El Hogar. Como rosarina, La Capital la recordó más tarde "en su espíritu de mujer rebelde. En todos sus trabajos pintó el patriarcal machismo, pretensión del hombre donde la mujer era juzgada dentro del ámbito familiar aunque en ese circulo cerrado y estricto se tejían pasiones, intrigas y ambiciones de poder político, como de los bienes y de la cama".
Esta nota forma parte del trabajo multimedia "Ahora que si nos ven", que busca recuperar una a una, las intensas y multifacéticas vidas de las mujeres rosarinas que son parte de la ciudad en el nombre de sus calles.