El encuentro tuvo un doble sentido: celebrar las medallas obtenidas ante su gente y despedir al deportista surgido del club antes de afrontar uno de los mayores desafíos de su carrera. Autoridades, dirigentes deportivos, representantes de instituciones educativas y empresariales, periodistas, familiares y amigos acompañaron al rosarino en la previa de su partida.
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Dos bronces en su propia ciudad
La actuación de Dargoltz en los Juegos Suramericanos tuvo un significado particular porque los resultados llegaron frente a su gente.
En la competencia individual de hasta 100 kilogramos obtuvo la medalla de bronce tras vencer al colombiano Francisco Balanta. Posteriormente, volvió al podio como integrante del equipo mixto argentino, que derrotó 4-3 a Colombia para quedarse también con el tercer puesto.
Fue la culminación de una temporada que mostró el crecimiento del rosarino dentro del circuito internacional. En junio ganó los Panamerican Open de Buenos Aires y Santiago, fue subcampeón sudamericano senior en la capital chilena y en agosto se consagró en el Panamerican Open de Lima. También obtuvo el séptimo puesto en el Grand Prix de esa ciudad.
Ese recorrido lo instaló entre los mejores judocas del mundo de la categoría -100 kg y abrió la puerta hacia el gran desafío que ahora aparece en su calendario: el Mundial.
Pero cuando Dargoltz explica cómo llegó hasta allí, habla mucho menos de rankings que de las personas que estuvieron a su lado.
“Nosotros estamos acostumbrados, o particularmente yo, a trabajar en silencio. Es ponerse un objetivo en la cabeza y no parar hasta tratar de conseguirlo”, explicó.
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Y dejó una definición que resume buena parte de su recorrido: “Solo podés llegar, pero acompañado llegás mucho más lejos”.
Durante el homenaje volvió sobre la misma idea: “Los grandes logros siempre han sido en equipo, por lo cual estoy agradecido de todos los presentes. Nadie llega solo. Esta medalla de los Juegos Suramericanos es una motivación absoluta de cara al Mundial”.
Una historia que empezó de chico en Gimnasia
El vínculo de Ivo con el deporte comenzó mucho antes de pensar en rankings, selecciones argentinas o campeonatos mundiales.
El judo apareció inicialmente como un juego y también como una continuidad familiar. Su padre fue profesor y competidor de la disciplina, su tía también practicó judo y su madre es profesora de educación física. El deporte, recuerda, siempre formó parte de su vida.
Durante varios años incluso convivieron dos pasiones. Hasta los 14 o 15 años practicó básquet y judo simultáneamente, ambas disciplinas en Gimnasia y Esgrima de Rosario.
Con el tiempo, el tatami terminó imponiéndose. “Encontré un deporte que me daba algo que los otros no, por la cercanía, por la dificultad y por la alegría de poder hacerlo”, recordó.
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Pero hubo algo más profundo que la competencia. El judo comenzó a enseñarle valores que después trasladaría a otras áreas de su vida: “La disciplina, el autocontrol, el esfuerzo, trabajar en silencio, respetar a tu compañero, respetar al rival y respetar también a un superior”.
La competencia llegó muy temprano. Entre los 10 y 11 años disputó su primer Sudamericano infantil. Aquella experiencia abrió una puerta que, torneo tras torneo, fue transformando un juego de la infancia en una carrera de alto rendimiento.
“Se empezó a juntar la experiencia suficiente para hoy tener las herramientas para lograr hechos de esta magnitud”, explicó.
De Rosario a medirse con los mejores
Dargoltz fue avanzando desde las competencias nacionales y sudamericanas hacia el circuito internacional hasta instalarse entre los principales representantes argentinos de los 100 kilogramos. Ahora llega el salto que estaba esperando. “Es mi primera participación. Estoy súper bien, súper contento”, dijo sobre el Mundial.
El rosarino formará parte del equipo argentino que viajará a Azerbaiyán junto al cuerpo técnico nacional. Será la primera vez que Dargoltz dispute un Mundial senior y una oportunidad para medirse con la elite internacional de su categoría. Y detrás del atleta que viajará a Bakú sigue estando aquel chico que comenzó jugando en GER.
Deporte, estudio y trabajo
Hay otra parte de su historia que Dargoltz considera inseparable de sus resultados deportivos. Frente a la idea de que un atleta de alto rendimiento debe necesariamente abandonar otras áreas de su vida, plantea exactamente lo contrario.
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“Hay un concepto bastante erróneo de que no se puede seguir o competir o esforzarse a nivel deportivo y dejar las otras áreas de lado”, señaló.
En su caso decidió combinar la exigencia del judo con el estudio y el trabajo.
“A mí me da una claridad y un equilibrio muy grande poder trabajar junto con mi familia y también estudiar, porque siento que una persona que esté instruida toma buenas decisiones. Imaginate un deportista. Las buenas decisiones tienen que estar adentro del campo de juego, adentro del tatami”, sostuvo.
Cuando se le pregunta cómo consigue compatibilizar todas esas exigencias, su respuesta es sencilla: “Hay veces que ni yo sé. Pero se trata de hacer un equilibrio para lograrlo”.
Y cuando la pregunta apunta a qué hace falta para sostenerlo, tampoco duda: “Mucha voluntad. Por sobre todas las cosas”.
Bakú, una escala hacia Los Ángeles 2028
El Mundial representa el desafío inmediato, pero en el horizonte de Dargoltz ya aparece un objetivo todavía mayor: los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
La competencia en Bakú será otra estación dentro de ese recorrido y una oportunidad para continuar sumando experiencia internacional en un proceso que comenzó muchos años atrás en los tatamis de Gimnasia y Esgrima.
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Por eso el homenaje de este viernes tuvo algo más que el reconocimiento por las medallas conseguidas en Rosario. Fue también una manera de volver al punto de partida antes de emprender el viaje más importante de su carrera.
De aquel chico que alternaba básquet y judo en GER al atleta que acaba de subir dos veces al podio sudamericano delante de su propia gente. Del primer torneo infantil a competir con los mejores del mundo. Y de Rosario a Bakú, con Los Ángeles 2028 apareciendo en el horizonte.
El próximo 30 de septiembre comenzará otra etapa. Esta vez, Ivo llevará al tatami de un Campeonato Mundial la bandera argentina y, detrás de ella, una historia que empezó muchos años atrás en Gimnasia y Esgrima de Rosario: torneo tras torneo, entrenamiento tras entrenamiento y, como él mismo define su recorrido, trabajando en silencio.