Información Gral

Una novedosa encuesta logró el desafío de medir las claves que generan felicidad en los argentinos

El trabajo científico revela que 9 de cada diez argentinos se declaran felices, que el estado de plenitud está ligado a la economía, además de asociar a la familia con la alegría.

Lunes 08 de Junio de 2015

Marita Carballo es socióloga con gran reconocimiento internacional. Integra la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y es miembro de número de la Academia Nacional de Educación. 
 
La especialista es la autora del libro "La felicidad de las naciones" donde explica qué es y por qué puede medirse ese sentimiento o sensación que para muchos es inalcanzable.
 
“Quise hacer un aporte desde el mundo académico al conocimiento de los factores que hacen a la felicidad, para que los gobernantes puedan diseñar políticas que generen condiciones para que las personas puedan ser más felices. Por eso hablo de la felicidad como un valor sociopolítico”, comenta. 
 
En una nota que salió publicada en la revista Nueva junto al diario La Capital, indica las siguientes conclusiones respecto a Argentina:
 
•9 de cada 10 argentinos se declaran felices.
•Los promedios de felicidad y el de satisfacción han crecido en los últimos treinta años.
•Entre los argentinos predominan los sentimientos positivos.
•Solo el 13 por ciento se sintió solo.
•El 33 por ciento se manifestó ansioso, el 27 por ciento aburrido y el 17 por ciento deprimido.
•Quienes están casados o en pareja son más felices.
•Las personas que viven en el interior también lo son.
•La familia es lo primero en términos de felicidad.
•Le siguen, en este orden, salud, ingresos y libertad.
 
En una charla que da para reflexionar, la socióloga responde:
 
–Un detalle que me sorprendió del libro es la incidencia que tiene la economía en la felicidad.
–La relación entre el dinero y la felicidad es compleja. Por un lado vemos que en todas las naciones quienes tienen altos ingresos se declaran más felices que quienes son pobres. Pero los estudios nos muestran que un aumento del ingreso, en quienes ya han alcanzado un nivel de ingreso medio –esto es, que permita vivir decorosamente–, no se traduce necesariamente en mayor felicidad, sino que son otros los factores que más importan y tienen mayor peso. Asimismo, cuando en los países desarrollados el PBI llega a determinado nivel, no se verifica una mejora de la felicidad. En cambio, en países menos desarrollados, el peso de lo económico en la felicidad es mayor y es significativo.
 
–¿Qué importancia tiene el trabajo?
–Está muy ligado a la felicidad. Un buen ingreso es un factor que incide pero no es el único ni el más importante. Los que se sienten más satisfechos con el trabajo suelen ser aquellos que valoran más los aspectos intrínsecos de este: es decir, hacer un trabajo que me guste, en el que siento que puedo alcanzar algo, que esté en línea con mis capacidades, que sienta que puedo hacer bien. Son más felices quienes se sienten orgullosos de lo que hacen.
 
–¿Si las personas prefieren las ciudades chicas, por qué la gran mayoría decide vivir en los grandes centros urbanos, como Buenos Aires?
–Las grandes ciudades concitan un enorme atractivo por la oferta en distintos ámbitos: cultural, laboral, social, etcétera. Pero en la práctica son más difíciles de organizar y para vivir. Hay distintos factores que inciden y afectan la calidad de vida. Por ejemplo, los traslados y viajes. Moverse, ir a trabajar, suele llevar mucho tiempo del día y a veces se viaja en pobres codiciones . Son horas que la gente siente como perdidas.
 
–“La felicidad no dependería tanto de los acontecimientos externos como de nuestra capacidad para interpretarlos”, cita el psicólogo Mihály Csikszentmihalyi. ¿Cree que este es un paso para alcanzar la felicidad?
–El enfoque de los psicólogos positivistas se centra en potenciar y trabajar sobre los aspectos positivos y las fortalezas. En esto se diferencian de los freudianos, cuyo enfoque está dirigido sobre todo a calmar el dolor. Csikszentmihalyi es un psicólogo positivista que nos invita a recordar que todos hemos vivido ocasiones en que hemos sentido que teníamos control sobre nuestras acciones, que éramos dueños de nuestro propio destino. Y que en esas ocasiones sentimos una especie de regocijo, un profundo sentimiento de alegría que se convierte en un hito en el recuerdo de cómo debe ser la vida. Esto es lo que él  denomina “experiencia óptima” o “fluir” y nos invita a encontrar esos estados de emoción positiva, compromiso y sentido. Pienso que su mirada, y sobre todo la de su discípulo (Martin) Seligman, de quien también hablo en el libro, pueden constituir una buena ayuda para que las personas encuentren formas de trabajar sobre sí mismas en pos de una mayor felicidad. Nos invitan a responder de una manera activa y constructiva.
 
–¿Si aquellos que tienen creencias religiosas muestran una mayor tendencia a ser felices que quienes no, qué les queda a estos últimos?
–No es necesario ser religioso para ser feliz. Pero en promedio tienden a manifestarse más felices en todo el mundo quienes le dan importancia a Dios en sus vidas y se definen como religiosos. Lo que ocurre es que la religión da un sentido a la vida. Y el sentido está muy relacionado con la felicidad. Quienes no son religiosos pueden encontrar y tener otros sentidos, como la vida misma. Lo importante es tener una vida con sentido, con propósito.
 
–¿La felicidad tiene origen genético?.
–Hay un componente genético. Hay personas con un umbral de felicidad más alto que otras. La genética influye pero se puede hacer mucho para ser más feliz. Los factores que más influyen son la calidad de las relaciones familiares y afectivas, el estado de salud, la sensación de libertad, de ser artífice de tu propio destino, la espiritualidad, el sentido de la vida y la etapa de la vida en que estemos. También hay factores sociales y políticos: la sociedad en que vivimos, la cultura, la historia y los valores.
 
–¿Qué postura toma respecto de “felicidad o bienestar”?
–La felicidad es una combinación equilibrada de placer y sentido. Por eso hablo de bienestar subjetivo. La felicidad no es un producto sino un proceso y es el único bien que los hombres buscan en sí mismo, no como un medio para alcanzar otra cosa. Los avances en las ciencias sociales han permitido evaluar y cuantificar de manera simple y rigurosa cuán bien se siente una persona respecto de su vida. Eso es lo que venimos midiendo en la Encuesta Mundial de Valores desde 1980. Podemos hablar de dos tipos de felicidad: la que definimos como “afectiva”, que se relaciona más con los altos y bajos de nuestras emociones diarias, y la “evaluativa”, que se refiere a la satisfacción o frustración con la vida en general. Hablo de la felicidad también como un valor sociopolítico porque considero que debe ser la máxima aspiración de los gobiernos, y las políticas públicas tienen que estar encaminadas a ayudar a alcanzar este objetivo. Vemos como signo positivo que gobiernos en distintas partes del mundo están comenzando a notar que se han focalizado demasiado en las variables puramente económicas y que tienen que complementarlas con datos sobre bienestar y felicidad. 
 
–¿Se puede “medir” la felicidad?
–La felicidad es un concepto muy complejo. Sin embargo, las personas saben si son felices o no. Por eso, cuando preguntamos en nuestras encuestas, en todas partes del mundo, el nivel de respuesta es muy alto; casi no tenemos “no sabe o no contesta”. La medimos mediante dos preguntas. La primera: “¿En qué medida diría que es o no feliz?” y la segunda: “¿En qué medida está satisfecho con su vida?”. Relacionando ambas elaboramos un índice de bienestar subjetivo. De esta manera podemos observar tendencias a lo largo del tiempo y hacer comparaciones y rankings mundiales. El nivel de felicidad se incorporó como un indicador más en numerosos estudios sociales. Y varios países lo están incorporando también en sus estadísticas oficiales.
 
–¿Dónde se ubican las frustraciones? ¿No se contrapone a aquello de “superar los propios límites”?
–Es verdad que ese es un dilema. Si nos proponemos más de lo que podemos alcanzar, nos vamos a frustrar, pero si los objetivos son muy bajos tampoco vamos a sentirnos bien, no estaremos motivados. Debemos buscar el equilibrio entre lo que podemos y lo que queremos, tratando de dar el máximo de nosotros mismos. 
 
–El economista Robert Frank coincide con su colega Richard Easterlin en cuanto a que no se quiere ganar más dinero, sino ganar más que el otro. ¿Para sentirse mejor hay que dejar de compararse con los demás?
–Sí. Los estudios muestran que, en general, las personas tienden a compararse con su grupo de referencia. Y esto es inevitable. Hay estudios que muestran que cuando se pregunta a los trabajadores cuánto más necesitarían ganar para ser más felices, los porcentajes tienden a oscilar entre un 20 y un 30% en promedio. Pero si alguien obtiene un 20% y sus compañeros de trabajo con similar puesto obtienen un 30%, lo más probable es que en lugar de satisfacción por el aumento sienta cierta insatisfacción o frustración. 
 
-Qué opina del mito de que “la alegría es sólo brasileña”?
–Ese título intenta llamar la atención sobre el hecho de que Latinoamérica en general es una región que muestra altos índices de felicidad y bienestar subjetivo en todos los rankings existentes. Y que no son solamente los brasileños sino también los colombianos, los mexicanos, los costarricenses y nosotros, los argentinos, quienes nos manifestamos satisfechos con nuestras vidas. 
 
–¿Qué lugar ocupa la autoestima para acercarse o llegar a la felicidad?
–Quererse, respetarse y valorarse a uno mismo es necesario para ser feliz. También, como demuestran los estudios, el brindarse, dar y ayudar a los demás se traduce en mayor felicidad. 
 
–¿Qué papel juega el consumismo? 
–Los estudios muestran que si bien uno puede estar muy contento el día en que se compró algo, al poco tiempo se adapta y no le crea más felicidad. En cambio, lo que perdura más y genera una felicidad más duradera son las experiencias. Uno tiende a recordar y valorar más las experiencias, como esa comida con amigos o un viaje, que los productos en sí.
 
–La Argentina es uno de los países del mundo que más importancia les da a las relaciones familiares y a la amistad. ¿Ese es un patrimonio nuestro?
–En el mundo en general la felicidad está asociada con las relaciones familiares y de amistad. Pero en Latinoamérica aparecen como muy relevantes por la cultura y los valores más tradicionales en relación con la familia. Es en ella donde las personas se sienten más seguras, actúan como sostén y contención frente a cualquier adversidad. Es muy fuerte el lema de que los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera y, si no, se los comen los de afuera. En realidad, lo que termina pasando es que hacemos familias muy unidas y tenemos grandes y entrañables amigos en quienes confiar, lo cual es fantástico y debemos preservar. Pero fallamos en lo que hace a una acción más comunitaria. Participamos poco y desconfiamos de los “otros” y de la mayoría de las instituciones. Debemos construir un mejor capital social, lo que se logrará con mayor participación, defensa de los derechos y cumplimiento de las obligaciones ciudadanas, mayor acción comunitaria y aumento de la confianza en los demás y las instituciones.
 
–Otro mito que parece terminarse con la lectura de este libro es que los solteros son más felices que quienes viven en pareja.
-Es así. Los resultados son muy claros. Quienes están casados o conviviendo en pareja se manifiestan bastante más felices que quienes están solos. Es que en general la soledad no es una buena compañera. Puede serlo y lo es para algunos pocos, pero no lo es para la mayoría.
 
–¿Cuál es la diferencia entre la alegría y la felicidad? 
–La alegría es un estado anímico más momentáneo. Es una reacción a un acontecimiento que sucede en el entorno y su causa suele ser externa, mientras que en muchas ocasiones la felicidad proviene del interior. La alegría es esencialmente breve; es el instante. La felicidad es la duración porque la felicidad siempre va asociada a la duración. 
 
–¿Se puede ser feliz de grande? ¿O hay que tener una plataforma desde la niñez misma?
–Siempre se puede ser feliz. Una buena niñez con amor y cuidado ayuda muchísimo y crea condiciones que favorecen un mejor desarrollo personal y mayor felicidad. 
 
–¿Al leer el libro, qué le gustaría que le ocurra al lector?
–Me encantaría que el lector encuentre algunas ideas para crearse condiciones para ser feliz y, asimismo, que el libro induzca a los gobernantes y líderes a colocar este tema en  un lugar central de sus agendas. 
 
 

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS