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Una multitud peregrina a Córdoba para la beatificación de Brochero

El Cura Gaucho será oficialmente elevado hoy a los altares.Profundo fervor popular por el religioso que dedicó su vida a los pobres y e impulsó el desarrollo de Traslasierra

Sábado 14 de Septiembre de 2013

Cerca de 150.000 fieles llegarán de diversas partes de la Argentina a la provincia de Córdoba para asistir hoy al acto de beatificación del cura Brochero, un sacerdote que realizó una importante misión evangélica y social.

La Argentina tiene un sólo santo, Héctor Valdivielso Sáez, y con Brochero serán seis los beatos: Laurita Vicuña, María del Transito Cabanillas, Artémides Zatti, Ceferino Namuncurá y María Crescencia Pérez.

A lomo de mula, Brochero evangelizó en Traslasierras de Córdoba, logró que miles de fieles hicieran retiros espirituales y fue un impulsor del avance de la postergada región.

Había llegado al mundo en 1840 en la localidad cordobesa de Villa Rosa, se convirtió en modelo de sacerdote de cura gaucho que ayudó en la conversión de delincuentes y rezó por todos cuando se quedó sin vista y antes de morir leproso.

El acto central se celebrará en Villa Cura Brochero, en la región cordobesa de Traslasierra, y será encabezada por el delegado del Vaticano, el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos.

Las celebraciones comenzarán en la madrugada con el rezo del Rosario y luego una procesión de 3.000 jinetes que llegarán desde varios puntos para homenajear las cabalgatas del cura por las altas cumbres y los llanos de la región.

El cura José Gabriel del Rosario Brochero nació en 1840 en Córdoba y murió en 1914. Será beatificado después de que los padres de un niño aseveraron que la intercesión del religioso permitió que el chico salvara su vida tras un accidente en 2000, y que luego pudiera tener una vida normal.

El cura Brochero realizó una intensa tarea en Traslasierra, donde impulsó la construcción de caminos, escuelas, capillas y una Casa de Ejercicios espirituales en la Villa del Tránsito, hoy llamada Villa Cura Brochero en su honor.

Según el sacerdote jesuita argentino Guillermo Ortiz, responsable de Programas en Lengua Española de Radio Vaticana y quien tiene a su cargo las catequesis brocherianas estos días, Brochero "era un cura pobre de cosas, pero muy rico de cariño por la gente".

"Para saber quién fue el cura Brochero, hay que subirse al cerro Champaquí que es lo más alto tras las Sierras Grandes de Córdoba, a 2.800 metros de altura, y desde allí contemplar la extensión hasta los llanos de La Rioja, porque el corazón del cura Brochero, sacerdote abnegado y evangelizador incansable, recorrió todo ese territorio a lomo de mula", señaló en Radio Vaticana.

"Las sierras son muy lindas. Pero también muy duras para sus habitantes y, como ahora, cuando Brochero recorrió estos parajes donde se mezclan el verde y el desierto, había mucha miseria material y espiritual", señaló Ortiz.

"Prisionero de los vicios, el alcoholismo, las peleas y las pasiones desordenadas, estaba el paisano con su familia en los tiempos de José Gabriel Brochero en Traslasierra. Estaba atado, encadenado, condenado a la miseria y a la desgracia. Como dice el Evangelio, «Jesús se conmovió porque estaban errantes como ovejas sin pastor». Y como Jesús, el Cura Brochero sintió compasión. Con su sacerdocio, Brochero liberó a muchos paisanos y formó una comunidad que trabajaba unida por el bien de todos", destacó.

Se estima que unas 70.000 personas pasaron por la Casa de Ejercicios Espirituales hasta la muerte de Brochero, en 1914.

En tanto, en la diócesis de Cruz del Eje se encuentra Silvia Correale, postuladora de la causa de beatificación de Brochero y adelantó que recibió la comunicación de nuevas gracias recibidas por intercesión del Cura Gaucho que se dispondrá a estudiar la semana próxima para sumar a la causa de canonización para que sea declarado santo.

También se refirió al legado espiritual que vincula a Brochero con Mama Antula, es decir con la venerable María Antonia de Paz y Figueroa de cuya beatificación futura se ocupa personalmente el Papa Francisco.

Con 46 años, Correale es consultora de la Comisión Episcopal para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Argentina, cargo al cual la autorizó el entonces cardenal Jorge Bergoglio.

El padre Julio Merediz sacerdote jesuita, vicepostulador de la causa de canonización del Cura Brochero y uno de los principales difusores de su obra, aseguró a la agencia católica de noticias Aica que la vida del Cura Gaucho "es un ejemplo para todos los laicos".

Estimó también que "fue un adelantado a su época" al sumar al laico "vivamente" en la tarea pastoral de las parroquias: aseguró que la cultura brocheriana implica un fervor ardiente y misionero, el interés por los más desfavorecidos y la búsqueda del encuentro personal con Dios.

Nicolás, la prueba del milagro del cura

El cura José Gabriel del Rosario Brochero nació en 1840 en Córdoba y murió en 1914. Será beatificado después de que los padres de un niño aseveraron que la intercesión del religioso permitió que el chico salvara su vida tras un accidente en 2000, y que luego pudiera hablar y hacer una vida normal.

Osvaldo Flores recordó que el milagro de Brochero comenzó el mismo 28 de setiembre de 2000, cuando toda la familia se dirigía hacia Mina Clavero y en Falda del Cañete, a unos 25 kilómetros de la Capital cordobesa, los chocó, de frente, una camioneta, sin luces.

"Lo primero que atiné a hacer fue a sacar a Nicolás, de 11 meses, de los brazos de su madre, Sandra. Entonces, advertí que la mano se me llenaba de sangre por el golpe que había sufrido en la parte posterior de la cabeza y en ese momento le pedí a Brochero que intercediera por la vida de Nicolás, porque se moría".

La segunda vez que Flores (empleado judicial) pidió a Brochero por su hijo fue cuando, en el Hospital de Niños de Córdoba, el médico neurólogo Vicente Montenegro le dijo que tenían que operar a Nicolás. "Me dijo que las secuelas eran impredecibles, por la cantidad de paros cardíacos y porque había perdido masa ósea y masa encefálica, entonces, le pedí al cura que la nene le quedara la menor cantidad posible de secuelas", contó.

Tras 45 días de internación, Nicolás recibió el alta médica, pero, "era prácticamente un niño de trapo, al que sólo cabía darle amor, según los médicos.

No efectuaba ninguna expresión, sólo respiraba y deglutía. Ni siquiera hacía los gestos propios del llanto, únicamente le caían lágrimas cuando sentía dolor o angustia, recordó la madre de Nicolás, Sandra.

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