Un sábado fatídico para Central. Le salió todo mal. Desde lo escaso que mostró dentro de la cancha a la implicancia que esta derrota 2-1 ante Gimnasia tiene. Porque no fue una más, fue justo en la previa del clásico. Fue el tropezón que le impidió dar un salto cualitativo en la anual, con el que dejó atrás un invicto de 12 partidos en el Gigante y el que lo mantendrá, cuanto menos, estancado en las posiciones.
Un contexto adverso por donde se lo mire, con reprobaciones hacia unos cuantos futbolistas, pero lo dicho, una caída que pega de lleno en el ánimo, en la previa de una semana cargada de tensiones.
Fue convincente el inicio de Central, al menos desde las ganas y la intención de tomar rápidamente las riendas. Hubiese sido el arranque perfecto si terminaba en gol esa jugada de Di María que comenzó con un caño y terminó con un remate al ángulo.
De Di María a Marco Ruben
La tenencia estaba, pero faltaba fineza en los metros finales. Por eso la ausencia de situaciones, a excepción de esa en la que a Marco Ruben le faltó un número más de botín para conectar a la red el toque de Pizarro.
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Y en ese dominio tenue, Gimnasia lo emparejó, a partir de la cabeza de Nacho Fernández. De igual forma, la única clara de fue en un córner, con un cabezazo fuerte de Enzo Martínez que encontró una gran respuesta de Ledesma.
Otra vez Central con la pelota y el avance constante. Di María en tres cuartos, pase en cortada para Ruben y definición magistral. Era “el” momento de la tarde, pero el llamado del VAR se veía venir. Marco estaba un paso adelantado y esa ventaja que podía sonar lógica no pudo ser.
Cambió poco la tónica del partido. Porque Central siguió yendo, pero sin la claridad que debían aportarle Di María, Campaz y Cantizano. Un centro cruzado de Campaz al que Ruben no alcanzó a conectar desde el piso fue todo lo que ocurrió antes del final de la etapa.
El complemento y el golpe de Gimnasia
Otra vez a los 3’ Central tuvo una clara, pero Cantizano tomó la peor decisión, cuando tenía a Ruben entrando a la carrera. A partir de ahí, el andar anodino del partido hizo que Gimnasia se sintiera bastante cómodo. Di María metió un fierrazo en el que Insfrán respondió bien, pero Central era eso, alguna que otra jugada aislada. Porque Cantizano no arrancaba, Campaz se diluía en cada intento. El único que entendía era Ibarra.
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Y en el medio de la nada, la contra del Lobo, el remate de Nacho, el remate en el palo y el toque en el hombro de Ledesma. Una puñalada ante un equipo que, haciendo poco y nada, lo ganaba. Adentro Copetti. Tuvo una, en ese centro de Soto que fue a buscar al piso y le erró. Ahí apareció el “movete”. Era exponerse a una contra letal. Las tuvo Gimnasia.
Y lo que parecía un final con una pequeña sonrisa fue frustración. Campaz devolvió la ilusión con ese gran zurdazo, a los 85’. Era ir por todo. Error grosero de Mallo, contra del Lobo y el remate de Miramón para apagar toda esa locura que se había iniciado.
El ir como podía terminó en lo que nadie quería: una derrota, con algunos silbidos y un pedido especial: “El domingo, cueste lo que cueste..”.