Mendoza.- Un instituto local de tratamiento de disfunciones sexuales deberá resarcir con más de 300 mil pesos a la familia de un hombre sanjuanino de 44 años que murió luego de ser víctima de una mala praxis que le provocó priapismo (la erección prolongada del pene), según reveló hoy un fallo judicial.
El hombre llegó a Mendoza en 1999 para atenderse por padecer de eyaculación precoz, pero tras inyectarse una sustancia que le recomendaron en el instituto sufrió priapismo en tres ocasiones, tuvo que ser operado en Buenos Aires y finalmente sufrió “impotencia sexual total y definitiva” que lo deprimió.
Según especifica el fallo, expedido por el 9º Juzgado Civil de Mendoza, el hombre, fabricante y vendedor de licores, decidió tratarse en el instituto “atraído por la fuerte, insistente y frondosa publicidad que aparecía en todos los medios de difusión” que indicaban “éxito y excelencia en soluciones”.
Allí, los profesionales le habrían inyectado 30 miligramos de un medicamento, sin explicarle en qué consistía el tratamiento, cuyo resultado fue una inmediata erección total del pene.
En ese momento, le suministraron aspirinas, le pusieron hielo y lo hicieron hacer ejercicios físicos, hasta que a las cuatro horas su miembro volvió a la normalidad y pudo regresar a su provincia, donde lo esperaban su mujer e hijas.
Sin embargo, al seguir con el tratamiento por su cuenta, la segunda vez el priapismo duró doce horas y en la tercera, pese a que ya había decidido inyectarse menos cantidad de droga, el priapismo fue más fuerte y debió consultar a un urólogo.
El hombre regresó a Mendoza para que lo trataran los mismos profesionales y encontró que habían dejado el sanatorio, por lo que terminó en la Clínica Lugano, de la Ciudad de Buenos Aires, donde le practicaron una intervención quirúrgica que consistió en “un punzamiento, sangrado y limpieza”.
Según el fallo, “la intervención quirúrgica no pudo retrotraer los efectos nocivos definitivos que el priapismo había producido, atento la cantidad de horas trascurridas” y por tal complicación “dejó secuelas incapacitantes irreversibles en el organismo”.
“Si bien se terminó con la erección patológica, resultado de un tratamiento inadecuado, le provocó al joven industrial una impotencia sexual total y definitiva de por vida; sufriendo por esta traumática patología gravísimos daños emocionales, psicológicos, morales y materiales”, siguió la sentencia.
Finalmente, el hombre murió en 2002 por un infarto cardíaco, tal “como lo preanunciaba la psicóloga perito de parte en su informe”, aseguró el juez. (DyN)