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Un cazador furtivo mató tres policías y un paramédico en Austria y luego se suicidó

El hombre, de 55 años, había sido descubierto cazando ciervos y abrió fuego contra los policías. Un centenar de efectivos los tenía rodeado cuando se quitó la vida.

Martes 17 de Septiembre de 2013

Viena.- El cazador furtivo y camionero austríaco Alois Huber, de 55 años, asesinó a tres policías y un paramédico entre la noche del lunes y el martes, y hoy se suicidó en su granja tras matar también a su perro, indicó la policía.

Al ingresar a la granja, los hombres de la unidad policial de élite Cobra descubrieron el cuerpo carbonizado de Huber, quien se mató cuando estaba cercado por las fuerzas de seguridad, apoyadas por blindados del Ejército.

El rastro de sangre que dejó el cazador en su enloquecida huída iniciada el lunes a la noche conmueve a los austríacos, poco acostumbrados a este tipo de episodios.

Huber fue descubierto cazando ciervos por una patrulla policial que desde hacía tiempo intentaba detectar a un depredador furtivo en la zona de Annaberg, una región boscosa y escasamente poblada del sudoeste de la Baja Austria.

El hombre disparó contra los agentes que intentaron detenerlo, hiriendo gravemente a ambos, luego tiró a la patrulla policial y después volvió a esconderse en el bosque, donde se atrincheró.

Cincuenta minutos después, cuando una ambulancia arribó al lugar para socorrer a los policías, Huber volvió a disparar y asesinó al chofer de la ambulancia, un voluntario de la Cruz Roja de 70 años.

Uno de los policías heridos en el primer ataque fue trasladado al hospital, donde falleció poco después.

El asesino prosiguió su fuga y algunos kilómetros después se encontró con otra patrulla y volvió a disparar; mató a un agente, al otro lo tomó de rehén y escapó con el móvil policial hacia su granja Grosspriel, cerca de Melk, a 70 kilómetros de distancia.

Ya cerca de su casa, aún en viaje, asesinó también a su rehén y escondió el cadáver y el automóvil en el granero.

Un centenar de hombres de la división Cobra rodeó la granja pero sin establecer contactos con el asesino, que disparó varias veces desde su habitación contra el cerco policial.

El hombre hizo saber que poseía un verdadero arsenal de armas, mediante la sucesiva variedad de disparos de distintos calibre y distancia de tiro que practicó desde su vivienda. Las fuerzas especiales recién al amanecer pudieron ingresar al granero, donde hallaron el patrullero y al policía muerto.

Hasta entonces la policía había evitado difundir la noticia para proteger la vida del rehén, pero al recuperar el cadáver el sangriento episodio se esparció por los medios de comunicación.

Según la versión policial, Huber vivía solo en su vieja granja y poseía una licencia de caza y una autorización para portar armas y nunca había tenido problemas con la justicia. Durante el asedio llamó al teléfono de un amigo.

“Me ha dicho que era él cazador furtivo de Annaberg”, reveló posteriormente el hombre al diario Kronen Zeitung. También contó que Huber le dijo que había sido herido en el abdomen por la policía. “Pero eso no importa nada ahora, porque no me apresarán”, prometió.

El enloquecido cazador le confesó además a su amigo que había asesinato a su perro Burgi, un pastor alemán que era su única compañía, a modo de despedida. Por la tarde se escuchó un solo disparo de arma de fuego, luego nada más.

A la noche, decenas de hombres de las unidades especiales ingresaron en la finca y comenzaron a explorar cada habitación de los muchos edificios de la granja.

El allanamiento duró cinco horas hasta que encontraron el cadáver carbonizado en una de las habitaciones, producto de una explosión inducida por el suicida.

Los austriacos siguieron durante la noche del martes las noticias sobre el allanamiento a la vivienda de Huber conmocionados por el reguero de asesinatos que cometió en su camino hacia la muerte. (Télam)

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